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Curiosidades

Millones de monarcas vuelan a un bosque que nunca han visto, y el exleñador que lo cuidaba no volvió a casa

Cada otoño, millones de monarcas llegan a unos pocos bosques de Michoacán y el Estado de México que nunca han visto. En uno de ellos, El Rosario, Homero Gómez, un exleñador, convenció a sus vecinos de dejar los árboles en pie, hasta que una noche de enero de 2020 no volvió a casa.

Millones de monarcas vuelan a un bosque que nunca han visto, y el exleñador que lo cuidaba no volvió a casa

Una monarca que despega de Canadá en otoño no viaja con nadie que conozca el camino: ninguna de las que vuelan con ella ha estado nunca en México. Aun así, llega a las mismas montañas y busca los mismos bosques donde pasaron el invierno sus antepasadas, como quien encuentra sin mapa la casa de unos abuelos que nunca conoció.

Allí, en Michoacán y el Estado de México, esos árboles son su abrigo contra un frío capaz de matarla. Y crecen en tierras donde, por mucho tiempo, cortarlos fue la manera de ganarse la vida. Que la monarca encuentre su casa en pie depende de lo que decida la gente que vive a su sombra.

Mariposas monarca volando sobre las copas de un bosque de oyameles en El Rosario, con el cielo de fondo
Monarcas en vuelo sobre el bosque de oyameles de El Rosario, en Michoacán. Foto: hspauldi / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Cuando la madera daba de comer

Homero Gómez González era uno de ellos. Había sido leñador, como tantos en su tierra, y la idea de dejar de talar le daba miedo: pensaba que sin la madera iba a volver la pobreza.

Lo primero que lograron las comunidades fue que les pagaran por la madera que dejaban sin aprovechar. Era como pagarle a un pescador por los peces que deja en el agua: el árbol seguía en su lugar y, aun así, entraba dinero a la casa.

Después, Homero miró a las mariposas de otra manera. Cada invierno llegaban visitantes a verlas, y ese turismo podía dar de comer sin derribar un solo árbol. Convenció a sus vecinos de dejar de talar y estaba al frente del santuario El Rosario, uno de los pocos bosques donde las monarcas pasan el invierno.

Sendero de tierra entre oyameles altos dentro del bosque del Ejido El Rosario
Un sendero entre los oyameles del Ejido El Rosario, en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. Foto: Juan Carlos Fonseca Mata / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Once colonias en el invierno de 2019

En el otoño de 2019, las monarcas volvieron a llegar. Se fueron juntando en once colonias, racimos tan apretados que cubrían ramas y troncos de los oyameles hasta volverlos anaranjados.

Racimos densos de mariposas monarca colgados de las ramas de los oyameles en El Rosario
Racimos de monarcas colgados de los oyameles en El Rosario. Foto: hspauldi / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Ese invierno, las once colonias juntas ocupaban menos de tres hectáreas. Si las pusieras una al lado de la otra, cabrían en unas cuatro canchas de futbol. Ese era todo su refugio.

Y en tan poco espacio, cada árbol cuenta. El oyamel es su cobija: mientras las ramas las cubren, el frío de la montaña no las alcanza de lleno. Sin esa cobija, el frío puede matarlas, y cada árbol que cae es un agujero más por donde entra.

Esa era la cobija que Homero cuidaba en El Rosario.

Las siete de la noche en El Soldado

El 13 de enero de 2020, en pleno invierno, Homero estaba en El Soldado, una localidad del municipio de Ocampo. Lo vieron por última vez hacia las siete de la noche. Esa noche no llegó a su casa.

Pasó un día, y luego otro. La búsqueda se alargó durante dieciséis días. Mientras tanto, en El Rosario, las mariposas seguían apretadas en los mismos oyameles que él había convencido a sus vecinos de no cortar, esperando que terminara el frío.

Dieciséis días después

El 29 de enero lo encontraron muerto en un pozo, en una zona en disputa por la tala ilegal. Esa tala es un saqueo: quienes la practican se llevan, árbol por árbol, la cobija de la que dependen las monarcas para sobrevivir al invierno.

La Fiscalía de Michoacán informó que se había ahogado y que tenía un golpe en la cabeza, y llegó a hablar de un accidente. Su familia lo rechaza y, como algunos activistas, sospecha que su lucha contra la tala ilegal estorbaba a alguien, aunque nadie lo ha probado.

Poco después apareció sin vida Raúl Hernández Romero, guía del mismo santuario, y las dos muertes encendieron la alarma en toda la reserva. Ese año, en México, asesinaron a 30 personas que defendían la tierra y el ambiente: más de dos cada mes.

Las mariposas no dejaron de volver. En el invierno de 2025 a 2026, el bosque que ocuparon en México creció 64 % frente a la temporada anterior: casi dos tercios más de bosque teñido de anaranjado.

Mariposa monarca con las alas abiertas posada sobre flores blancas
Una mariposa monarca con las alas abiertas sobre flores blancas, en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, en Michoacán. Foto: Luis Avalos / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

La respuesta que espera la familia de Homero no ha llegado. Han pasado seis inviernos y no se conoce ninguna condena por su muerte. En junio de 2026, su hijo, Homero Gómez Jr., fue al Congreso de Michoacán a exigir otra vez que se reabriera la investigación.

La monarca que llegue este invierno a El Rosario tampoco habrá estado nunca ahí. Encontrará la montaña sin mapa, como sus antepasadas, y encontrará la casa en pie. Se colgará, con millones de otras, de los oyameles que un antiguo leñador eligió no cortar, y mientras sigan ahí, tendrá dónde esperar a que pase el frío.

Fotos de monarcas en los oyameles de El Rosario (hspauldi / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0), del bosque del Ejido El Rosario (Juan Carlos Fonseca Mata / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de una mariposa monarca en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca (Luis Avalos / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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