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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Durante diez minutos, una ballena jorobada intentó esconder bajo su aleta a una bióloga que temía morir de un golpe de esa aleta

Durante diez minutos, una ballena jorobada intentó meter bajo su aleta a la bióloga Nan Hauser, que temía morir de un golpe. Lo que vio al subir a su lancha le dio una explicación que otros científicos ponen en duda.

Durante diez minutos, una ballena jorobada intentó esconder bajo su aleta a una bióloga que temía morir de un golpe de esa aleta

La ballena jorobada lleva a cada lado del cuerpo una aleta larga que puede medir 5 metros, casi lo que mide de alto una jirafa. En septiembre de 2017, frente a Rarotonga, en las Islas Cook, una jorobada pasó unos diez minutos tratando de meter debajo de la suya a una bióloga que nadaba a su lado.

Ella creyó que probablemente no saldría viva. Lo que alcanzó a ver cuando la ballena la dejó ir le dio una explicación de esos diez minutos. Otros científicos no están tan seguros de que sea la correcta.

Ballena jorobada en la superficie del mar con su larga aleta pectoral blanca levantada junto a la cabeza
Una ballena jorobada asoma su larga aleta pectoral blanca, con la cabeza en la superficie. Foto: Milan Nykodym / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Una jorobada en línea recta

La bióloga marina Nan Hauser estudiaba ballenas en Rarotonga. Aquel día estaba bajo el agua, frente a la isla, y su equipo grababa con una cámara submarina.

Mujer con la máscara de buceo en la frente y una cámara submarina en la mano, sentada en la borda de una lancha frente a una laguna turquesa y montañas volcánicas verdes
Una bióloga marina, con su cámara submarina en la mano, observa el agua desde una lancha frente a una isla volcánica del Pacífico Sur, el tipo de lugar donde se estudian las jorobadas.

Entonces una jorobada se le acercó en línea recta. No pasó de largo. Llegó hasta ella y empezó a empujarla con la parte delantera de la boca.

Después siguió con el resto del cuerpo. La ballena la acomodaba sobre su cabeza, sobre su vientre, sobre su lomo. Y sobre todo, contaría Hauser, intentaba meterla bajo su enorme aleta pectoral.

Diez minutos con miedo

Hauser sabía muy bien dónde estaba. «Si me hubiera golpeado con la aleta o con la cola, estaría muerta», diría después. Tuvo miedo todo el tiempo. Pensó que probablemente iba a morir.

Cola de una ballena jorobada levantada fuera del agua, con agua chorreando por sus bordes
La cola de una ballena jorobada se levanta chorreando agua antes de sumergirse. Foto: KimonBerlin / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Y aun así se contuvo. Se quedó mirando, procuró no hacer movimientos bruscos junto a ese cuerpo de decenas de toneladas y trató de mantener la calma para que la ballena no notara su miedo.

Más de una vez intentó alejarse. La ballena insistía: otro empujón con la boca, otro intento de llevarla bajo la aleta. Y así, uno tras otro, se le fueron los minutos.

Una cola de lado a lado

Al final, la ballena la dejó ir. Hauser llegó a su lancha y empezó a subir.

Fue en ese momento cuando lo vio: cerca, en el agua, una cola que se movía de un lado a otro. Era un tiburón tigre de por lo menos 4,5 metros, el largo de un auto.

Tiburón tigre nadando bajo el agua sobre un arrecife
Un tiburón tigre nada sobre un arrecife. Foto: Kris Mikael Krister / Wikimedia Commons, CC BY 3.0.

En todo ese tiempo, Hauser no lo había visto. La ballena, quizás, sí. Para ella, los empujones y el tiburón no fueron una casualidad: la jorobada lo había visto antes y la estaba protegiendo.

Focas, ballenas grises y un pez luna

La idea de una jorobada que defiende a otro animal no nació en Rarotonga. En 2016, el ecólogo marino Robert Pitman y otros 13 investigadores reunieron 115 encuentros entre jorobadas y orcas, registrados a lo largo de 62 años.

En esos registros se repite la misma escena: las orcas atacan a otro animal, y las jorobadas llegan y se meten en medio. Casi nueve de cada diez veces, la presa no era una jorobada sino una foca, un león marino, una marsopa. Entre los animales que las jorobadas defendieron hubo crías de ballena gris y hasta peces luna.

Y se metían en medio de cazadores que también van por ellas: en el resto de los casos, las orcas atacaban jorobadas. Por qué se arriesgan así por animales de otra especie, el estudio no lo cerró. Su título termina en signo de interrogación, justo después de la palabra altruismo.

Lomo de una ballena jorobada adulta en la superficie, con marcas de dientes cicatrizadas en la aleta dorsal
Una ballena jorobada adulta con cicatrices de mordidas de orca en la aleta dorsal. Foto: Nilfanion / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Cuando el video de Hauser se conoció, a comienzos de 2018, otros científicos lo miraron con esa misma cautela. Martin Biuw, investigador en Noruega, y Jim Darling, que estudia jorobadas en Maui, no encontraron en las imágenes señales claras de que la ballena la estuviera protegiendo. En el video, además, el tiburón no aparece. James Sulikowski, también investigador, lo dijo sin rodeos: «No hay forma de conocer la motivación de la ballena».

Hauser llegó a su propia conclusión, y la dijo con una palabra de cautela: la ballena, probablemente, la estaba cuidando. Sabe lo difícil que es creerlo. Si alguien le contara la historia, admitió, no la creería.

Nadie sabrá qué vio aquella jorobada ni qué buscaba. La cámara guardó lo que hizo: durante diez minutos tuvo a su lado a una mujer que temía morir de un golpe de su aleta, y lo que intentó, empujón tras empujón, fue meterla bajo esa misma aleta.

Fotos de una aleta pectoral de jorobada (Milan Nykodym / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0), de la cola de una jorobada (KimonBerlin / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0), de un tiburón tigre (Kris Mikael Krister / Wikimedia Commons, CC BY 3.0) y de una jorobada con mordidas de orca (Nilfanion / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

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