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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Para salvar al lobo rojo, biólogos le apartaban el territorio con coyotes estériles

Cada lobo rojo vivo desciende de catorce animales atrapados hace casi medio siglo en Texas y Luisiana. La especie volvió a un pantano de Carolina del Norte, y hoy su futuro depende de quién ocupa el lugar de los que caen.

Para salvar al lobo rojo, biólogos le apartaban el territorio con coyotes estériles

El lobo rojo tiene un árbol genealógico con muy pocas raíces. Si sigues hacia atrás la familia de cualquiera de los que viven hoy, libres en un pantano de Carolina del Norte o en un centro de cría, siempre llegas a los mismos catorce animales, atrapados hace casi medio siglo en Texas y Luisiana.

Esos catorce alcanzaron, una vez, para que la especie volviera al pantano. Hoy, los adultos que viven en libertad no llegan a dos docenas. Lo que decide si la especie sigue existiendo en libertad no es solo cuántos sobreviven a las balas y a las carreteras, sino quién ocupa el lugar de los que caen.

Pantano de aguas quietas rodeado de juncos y un bosque de pinos en el refugio Alligator River, Carolina del Norte
Aguas quietas, juncos y pinos en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Alligator River, en Carolina del Norte. Foto: ncwetlands.org / Wikimedia Commons, dominio público.

Siete años de trampas en Texas y Luisiana

Entre 1973 y 1980, biólogos del gobierno de Estados Unidos pusieron trampas en el sureste de Texas y el suroeste de Luisiana. Buscaban lobos rojos para formar con ellos una población en cautiverio.

Cayeron más de 400 cánidos. Pero parecerse a un lobo rojo no bastaba: cada animal tenía que pasar pruebas, primero de su cuerpo y después de sus crías.

Al final, solo 14 se convirtieron en fundadores, lobos rojos que pasaron todas las pruebas y se reprodujeron en cautiverio. Si los más de 400 se hubieran formado en fila, de cada treinta solo uno habría dado el paso al frente.

En 1980, con los fundadores ya en cautiverio, el lobo rojo fue declarado extinto en libertad. Fuera de los corrales, oficialmente, no quedaba ninguno.

Ocho lobos salen del corral

Siete años después, en 1987, se abrieron unos corrales en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Alligator River, en Carolina del Norte. Ocho lobos rojos criados en cautiverio salieron a un paisaje de pantanos de agua quieta, juncos y bosques de pinos.

Corral de malla metálica vacío, con la puerta de madera abierta y huellas de cánido en la arena que salen hacia los pinos
La puerta abierta de un corral y huellas que se alejan hacia los pinos: el paso de los lobos criados en cautiverio a la vida en libertad.

Por primera vez desde aquella declaración, había lobos rojos viviendo libres. Y el plan funcionó: la población creció hasta llegar a unos 130 en 2001.

Mientras tanto, otro cánido se acercaba. Antes de mediados de los años noventa, en el noreste de Carolina del Norte casi no había coyotes. Después fueron cada vez más, hasta colonizar la península.

Una chaqueta para apartar el lugar

Un lobo rojo y un coyote pueden tener cachorros juntos, y esos cachorros, a su vez, pueden tener los suyos. Cada camada mezclada era como echarle un chorrito de agua a una taza de café: de una vez a la otra casi no se nota, pero a fuerza de chorritos, lo que queda en la taza ya no es café.

En 1999, los responsables del programa ya veían en esa mezcla la mayor amenaza para el lobo rojo. Al año siguiente, el equipo empezó a defenderlo con los propios coyotes.

Atrapaba coyotes, y también híbridos de lobo y coyote, dentro de la zona de recuperación. Los esterilizaba, les ponía un radiocollar que avisaba si el animal moría y los devolvía a su territorio.

Esos animales funcionaban como la chaqueta que alguien deja sobre un asiento para apartarlo: ocupaban el lugar sin dejar cachorros, hasta que llegaran lobos rojos a reclamarlo.

Un disparo en plena temporada de cría

Una pareja de lobos rojos tenía su territorio. En plena época de reproducción, durante la temporada de caza, uno de los dos moría de un disparo.

El que sobrevivía quedaba viudo y buscaba pareja entre los que andaban por ahí sin territorio propio. Con tan pocos lobos rojos alrededor, era más probable que terminara con un coyote, o sin nadie, que con otro de su especie.

Entonces la camada siguiente ya nacía mezclada.

Y los disparos no eran una rareza. Junto con las trampas y los atropellos, causaban casi seis de cada diez muertes de lobos rojos.

Carretera recta que atraviesa el bosque del refugio Alligator River, con un letrero marrón a un costado
Una carretera recta atraviesa el bosque del refugio Alligator River. Foto: Ken Lund / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Cachorros adoptados en el pantano

La población que en 2001 rondaba los 130 lobos terminó encogiéndose. A finales de 2023 quedaban entre 21 y 23 en libertad: uno por cada seis de aquel 2001.

Con tan pocos, cada muerte pesa dos veces. El pantano pierde un lobo, y su pareja queda sola en un territorio al que puede llegar un coyote. Lo primero en la lista de amenazas ya no es la mezcla, como en 1999, sino los disparos y los atropellos que abren huecos.

Reducir esas muertes se volvió una parte central de la recuperación. En agosto de 2026, la población en libertad se estimaba en 22 a 23 adultos y jóvenes. Y con ellos había entre 14 y 15 cachorros.

Detrás de esa manada hay otra mucho más grande: 295 lobos rojos en cautiverio, todos descendientes de los mismos catorce fundadores. De ahí siguen saliendo lobos que se liberan en el este de Carolina del Norte.

Y algunos cachorros nacidos en cautiverio terminan en camadas silvestres: el programa los coloca junto a los cachorros de una familia salvaje, y esos padres los crían como si fueran suyos.

Cachorro de lobo rojo echado en el suelo junto a una malla de alambre
Un cachorro de lobo rojo descansa en el suelo, junto a una malla de alambre. Foto: Red Wolf Recovery Program / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Hace casi medio siglo, el futuro de la especie cabía en catorce animales. Este año, en el este de Carolina del Norte, corren entre los juncos tantos cachorros como aquellos fundadores. Que su descendencia siga siendo de lobo rojo depende de que lleguen a adultos sin caer a tiros ni atropellados, y de que, si alguno se queda solo, quien ocupe su lugar sea otro lobo rojo.

Fotos del pantano del refugio Alligator River (ncwetlands.org / Wikimedia Commons, dominio público), de la carretera que cruza el refugio (Ken Lund / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0) y de un cachorro de lobo rojo (Red Wolf Recovery Program / Wikimedia Commons, CC BY 2.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

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