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Historias emotivas

Un zumbido nocturno desveló durante años a las casas flotantes de Sausalito, y no venía de ninguna máquina

En los años ochenta, un zumbido grave atravesaba de noche los cascos de las casas flotantes de Sausalito, California, y algunos vecinos abandonaron sus cuartos. La explicación estaba en el lodo de la bahía, y quizá guarde una pista sobre el origen de nuestra propia voz.

Un zumbido nocturno desveló durante años a las casas flotantes de Sausalito, y no venía de ninguna máquina

Es de noche en una casa flotante de Sausalito, California, a mediados de los años ochenta. El dormitorio está al fondo, dentro del casco de concreto armado, a la altura de la línea del agua o por debajo. Con el atardecer empieza el zumbido: grave, parejo, sin pausas. Atraviesa el concreto, llena el cuarto y no se detiene hasta el amanecer. Así, noche tras noche, todo el verano.

Hubo vecinos que se rindieron y abandonaron los camarotes del fondo, donde el ruido sonaba más fuerte. Lo contó The Christian Science Monitor el 12 de agosto de 1985, cuando el zumbido ya llevaba más de una década volviendo cada verano. Oírlo era fácil. Lo difícil era saber de dónde salía.

Submarinos, bombarderos y extraterrestres

Cada quien lo comparaba con lo que podía: una afeitadora eléctrica gigante, un bombardero B-29. Las sospechas fueron subiendo de tono: un submarino ruso, la planta de aguas residuales, un proyecto militar secreto y hasta extraterrestres. Así lo recogen el Monitor y la columna de L. Clinton para la Sausalito Historical Society (2019), que recuerda que el ruido duraba del atardecer al amanecer.

No era imaginación colectiva. Frank Hubach, dueño de una empresa de ingeniería acústica de Berkeley, lo midió y registró hasta 40 decibeles. Su conclusión, recogida en el artículo del Monitor, resume el desconcierto de todos: «Siempre creímos que venía de una fuente mecánica; no suena como si estuviera vivo».

Persona de mediana edad sentada y despierta en una cama estrecha, dentro de un dormitorio pequeño en el casco de concreto de una casa flotante, iluminada por un flash directo.
Los cuartos bajo la línea del agua eran los peores: ahí el zumbido atravesaba el casco con más fuerza.

Una nota grave desde el lodo

Estaba vivo. El mismo artículo cuenta una salida en bote en la que se capturaron diez peces. En el lodo de la bahía vivían los machos del pez guardiamarina (Porichthys notatus), que cantaban para atraer hembras a sus nidos. Es un pariente de los peces sapo: los dos pertenecen a la familia Batrachoididae, como explica el biólogo J. A. Sisneros en Hearing Research (2009).

No tiene cuerdas vocales. En los peces, los músculos del canto están unidos a la vejiga natatoria, y en los tetrápodos, a la laringe, detallan A. H. Bass, E. H. Gilland y R. Baker en Science (2008). Un circuito que funciona como marcapasos contrae esos músculos unas cien veces por segundo en promedio, según el Cornell Chronicle (1998). La nota fundamental ronda los 90 a 100 hercios (Sisneros 2009).

Sale una sola nota grave. En su estudio sobre el canto de apareamiento de la especie, R. M. Ibara y colegas (1983) registraron zumbidos de unos segundos a más de 60 minutos sin interrupción, con una media de unos 11 minutos, y solo de noche. Con varios machos a la vez, el coro puede seguir hasta el amanecer. El cortejo y el desove ocurren a fines de primavera y en verano (Sisneros 2009): justo los meses en que Sausalito no dormía.

Ese coro todavía se puede oír: la Oficina de Santuarios Marinos Nacionales de la NOAA publicó en 2021 una grabación de machos de guardiamarina junto a la isla Santa Rosa, en el santuario marino de Channel Islands, que se puede escuchar en su sitio.

Machos que callan, hembras que escuchan

No todos los machos cantan. Algunos, más pequeños y parecidos a las hembras, esperan callados junto al nido de un cantor y se cuelan para fecundar huevos ajenos, según el Bass Lab de la Universidad Cornell y la NOAA (2021). El cuerpo delata la estrategia: de acuerdo con el Cornell Chronicle (1998), sus testículos llegan al 15 % de su peso, y los del cantor, al 1 %. En la página del Bass Lab hay una foto de un nido con los tres: un cantor, un furtivo y una hembra.

Cara inferior de una roca en la zona intermareal, cubierta de cientos de huevos redondos de color amarillo anaranjado, vista desde abajo en marea baja.
Una puesta de cientos de huevos pegados bajo una roca, vista en marea baja. El nido es el escenario: ahí canta el macho, llega la hembra y se cuela el furtivo.

Las hembras responden. En los experimentos de Ibara y colegas, una hembra cargada de huevos nadaba hacia un parlante que emitía un tono puro de 95 hercios, parecido al zumbido, y hasta lo empujaba y lo mordisqueaba.

Su oído, además, cambia con las estaciones. J. A. Sisneros y colegas mostraron en Science (2004) que un pico de testosterona y estradiol en abril lo afina para captar los armónicos más agudos del zumbido, de unos 200 y 300 hercios, que viajan más lejos en aguas poco profundas. En invierno vuelve a captar bien solo la nota grave, de unos 100 hercios (Sisneros 2009).

El mismo rincón del cerebro

Lo más hondo de esta historia está en el cerebro. De acuerdo con el artículo de Bass, Gilland y Baker (2008), el circuito que marca el ritmo del zumbido nace, en la larva, en el rombómero 8, al final del tronco encefálico, y en el comienzo de la médula espinal.

Luego vino la comparación. En aves, anfibios y mamíferos, incluidos nosotros, las neuronas que coordinan la voz con la respiración ocupan una posición comparable. Los autores proponen un origen común en peces antiguos, y el Cornell Chronicle (2008) lo resumió así: esa base se habría establecido hace cientos de millones de años, mucho antes de que los primeros animales se aventuraran en tierra firme.

Es una hipótesis, nacida de comparar cerebros. Pero si se sostiene, el zumbido que desveló a Sausalito y las voces con que sus vecinos intentaban describirlo tendrían un mismo punto de partida.

Un desfile de kazús

Años después, el barrio cambió las quejas por una fiesta: el Humming Toadfish Festival, que podría traducirse como «festival del pez sapo zumbador». Según la columna de Clinton, asistieron cientos de personas. Algunas, disfrazadas de peces, imitaban el zumbido tarareando dentro de kazús, y hasta hubo un desfile de kazús. El cartel del primer festival lo dibujó el caricaturista Phil Frank a finales de los años ochenta. Lo conserva el archivo de la Sausalito Historical Society y se puede ver en su sitio.

Un barrio entero buscó una máquina bajo sus casas y encontró a un pez cantando en el lodo. En ese canto quizá haya una pista del origen de nuestra propia voz. Con los kazús en la boca, los vecinos le contestaban desde la misma zona del cerebro.

¿Alguna vez un ruido nocturno te quitó el sueño sin que supieras de dónde venía? ¿Qué resultó ser al final?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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