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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Se quedó sin galletas para los cuervos de su balcón en Calcuta, y ellos respondieron a su manera

Una escritora llegó sola a Calcuta y compartió sus galletas con los cuervos de su balcón. El día que no tuvo nada para darles, ellos tomaron la iniciativa.

Se quedó sin galletas para los cuervos de su balcón en Calcuta, y ellos respondieron a su manera

Un grupo de cuervos ocupaba la baranda del balcón la primera mañana que Tejaswinee Roychowdhury pasó en Calcuta, en la India. Estaban ahí cuando ella se asomó desde su habitación de hotel, como si el lugar fuera suyo.

Roychowdhury, escritora y estudiante de Derecho, había viajado por asuntos de su universidad. Llegó sola y tenía por delante dos semanas en esa ciudad.

Frente a esas visitas, decidió compartir su desayuno.

«Empecé a darles galletas», le contó a The Dodo.

A la mañana siguiente, los cuervos estaban otra vez en la baranda, a primera hora, buscando a quien les había dado de comer. Pero a ella casi no le quedaban galletas.

Una mañana sin galletas

«Tenía poca comida, así que ese día no les di galletas», recordó Roychowdhury.

Los cuervos no se lo tomaron a mal. Al otro día, ella encontró el balcón salpicado de trocitos de pan que no había puesto ahí. Solo podían haber llegado de un lado.

«No les doy de comer a los cuervos desde ayer por la mañana, porque me quedan pocas galletas. Así que hoy dejaron pan en el balcón, pensando que me había quedado sin comida», escribió en X.

Los cuervos tienen fama de dejarles «regalos» a las personas que han sido amables con ellos. Estos, al parecer, vieron que su vecina ya no tenía nada que ofrecerles y le devolvieron el gesto con lo mismo que habían recibido: comida.

«Me encantó muchísimo», dijo ella. Ahora le tocaba responder.

Lo que vio desde la ventana

Para que los cuervos supieran que no estaba pasando hambre, Roychowdhury consiguió más comida. Y de paso cambió el menú: las galletas no eran lo más sano para ellos, así que les dio almendras.

Cada mañana se las comían todas. Y cada mañana, el pan volvía a aparecer en el balcón.

Esta vez, ella los sorprendió en plena entrega. «De hecho, los vi tirar el pan al balcón», contó. «Lo vi desde la ventana que da al balcón».

Ella nunca se lo comía, claro. Y entonces pasaba algo más: horas después, algunos cuervos regresaban y se lo comían ellos, como si primero hubieran esperado a que ella dejara pasar su oportunidad.

Hasta el último día

Así fue cada día de las dos semanas: almendras de un lado, pan del otro y la baranda como lugar de encuentro.

Hasta que llegó la mañana de dejar el hotel y volver a casa. Los cuervos andaban cerca, y uno de ellos se había posado en la baranda de la escalera.

«Fue muy tierno», le contó Roychowdhury a The Dodo. «Sentí que entendían que me iba».

Esos vecinos con alas hicieron que el viaje fuera inolvidable para ella. «Para mí, es algo que voy a atesorar siempre», dijo.

Había llegado sola a Calcuta, y una baranda llena de cuervos la recibió la primera mañana. Dos semanas después, en otra baranda, uno de ellos seguía ahí cuando se fue. Entre una y otra, el pan nunca dejó de llegar a su balcón.

Imagen principal: @TejaswineeRC.

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