Max, el erizo que quedó preso en una trampa para ratones: ¿qué le hizo a su pata?
Max, un erizo joven, llegó a Wildlife Aid con una pata delantera atrapada en una trampa para ratones y mucho dolor. Antes de saber qué le había hecho la trampa, tuvo que pasar una prueba y una noche de espera.

Max era todavía un erizo joven cuando quedó atrapado en una trampa que no estaba hecha para él. Una trampa para ratones se le había cerrado sobre una pata delantera, y así lo encontraron.
Alrededor de la pata atrapada se le había formado una hinchazón grande, y el dolor era intenso. Con esa pata estaba en juego mucho más que una herida: estaba en juego su regreso a la vida silvestre.
Lo llevaron de urgencia a Wildlife Aid, un centro de rescate de fauna silvestre.
Un erizo en pose de gimnasta
Al llegar, el equipo lo revisó de punta a punta. Y en medio de ese examen, Max quedó en una postura que cualquiera habría confundido con un ejercicio de gimnasia.
¿Un erizo gimnasta? No exactamente, aclaró el propio equipo en su publicación. Era la prueba de la carretilla, que sirve para evaluar la función neurológica de un animal, su coordinación y su propiocepción: la noción que tiene de dónde están su cuerpo y cada una de sus patas.
Max la superó de sobra. Su sistema nervioso respondía bien.
Wildlife Aid contó en Facebook cómo fue ese primer examen:
Pero esa prueba no respondía la pregunta más urgente. La pata seguía hinchada, y nadie podía saber todavía si debajo de esa hinchazón había un hueso roto.
Una noche en observación
Antes de buscar esa respuesta, Max necesitaba recuperar energía. El equipo le dio comida y lo dejó descansar.
Pasó la noche en observación. Al día siguiente lo esperaba un segundo examen, el que iba a mostrar cuánto daño le había hecho la trampa.
Y es que una trampa de golpe no elige a quién atrapa. Wildlife Aid lo advierte en la misma publicación: puede lastimar a cualquier animal que entre en contacto con ella, erizos incluidos. Para alejar a los ratones sin ese riesgo, el centro propone emisores de sonido, repelentes a base de olores o, simplemente, sellar los huecos por donde podrían colarse los animales.
El segundo examen
Llegó la hora de la nueva revisión. El equipo veterinario volvió a examinar la pata, atento a cualquier daño que la hinchazón pudiera esconder.
El resultado le quitó un peso de encima: por suerte, la trampa no le había roto la pata. Y la hinchazón ya había empezado a bajar.
A Max le quedaba por delante lo más sencillo, un poco de descanso en el centro. «Estamos seguros de que, después de reponerse aquí, pronto estará listo para volver a enfrentarse a la vida salvaje», escribió el equipo de Wildlife Aid en Facebook.
La pata que quedó presa en una trampa para ratones va recuperando su tamaño. Sobre ella, y sobre las otras tres, Max volverá caminando a la vida silvestre.
Imagen principal: Wildlife Aid.
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