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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Todos los perros vienen del lobo, pero el «perro» que salía a cazar con los selk’nam no

Los viajeros lo vieron vivir y cazar con los selk'nam, y todos lo llamaron perro. En 2013, los pelos de un ejemplar disecado en un museo de Río Grande revelaron qué era en realidad.

Todos los perros vienen del lobo, pero el «perro» que salía a cazar con los selk’nam no

Un animal disecado, en la colección del Museo Regional Fagnano de Río Grande, en Tierra del Fuego, lleva en cada uno de sus pelos una respuesta. Los de su clase, que vivían con las familias de la isla y salían con ellas a cazar, ya no existen. A él le quedó un nombre, «perro fueguino», que llevó durante décadas.

Lo que anotaron los viajeros

Desde mediados del siglo XVIII, exploradores, artistas y científicos europeos llegaron al extremo sur del continente y se cruzaron con estos animales. Los vieron viviendo entre los yámana y los selk’nam, que los llevaban como ayudantes en la caza.

Las expediciones de James Cook los dibujaron. Y en 1839, el relato de los viajes del Adventure y el Beagle, los de FitzRoy y Darwin, publicó el grabado de uno de ellos.

Grabado de 1839 de un «perro fueguino», publicado en el relato de los viajes del Adventure y el Beagle
Un «perro fueguino» en el grabado publicado en 1839 en el relato de los viajes del Adventure y el Beagle. Ilustración: Wellcome Collection / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

Pero lo que describían no terminaba de ser un perro. Hablaban de un hocico afilado, de un pelaje parejo, gris pardo, y de una cola espesa. Ya en el siglo XIX lo retrataban con aspecto y conducta de zorro.

Aun así, todos lo llamaron perro. Vivía con la gente y cazaba con la gente, y entre los selk’nam parece haber tenido un lugar importante en la vida del pueblo.

Culpeo de pelaje gris pardo que camina olfateando la nieve en Ushuaia
Un culpeo, el zorro nativo de Tierra del Fuego, camina olfateando la nieve en Ushuaia. Foto: Butterfly voyages / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Veinte años

Desde la década de 1880, la ganadería se adueñó de la isla Grande de Tierra del Fuego. En veinte años, la población selk’nam fue exterminada casi por completo.

Con las familias se fueron sus animales. Los perros que llegaban con los europeos fueron ocupando su lugar, y a principios del siglo XX ya no quedaba ninguno de aquellos compañeros de hocico afilado.

Uno de ellos llegó a la colección etnográfica del museo de Río Grande. Entró con el nombre que le habían dado los viajeros, y con ese nombre se quedó. Qué era en realidad seguía siendo incierto: los dibujos y los relatos no alcanzaban para decirlo, y ya no había uno vivo al que mirar.

La prueba de los pelos

En 2013, Romina Petrigh y Martín Fugassa, investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Mar del Plata, tomaron pelos del animal disecado y extrajeron su ADN.

Mano con guante que sostiene un tubo sellado junto a un gel de ADN con bandas iluminadas y una pantalla con picos de colores, en un laboratorio de genética
Tubos, un gel con bandas de ADN y la lectura de una secuencia en pantalla: el trabajo de laboratorio que permite comparar el ADN de un ejemplar con el de otras especies.

Leyeron un fragmento de ese ADN, una tira de letras químicas, y lo compararon letra por letra con el de otros cánidos. Es como poner una página copiada a mano al lado de dos originales y contar en cuál hay menos diferencias.

Con el perro doméstico, coincidían 89 de cada 100 letras. Con el culpeo, un zorro nativo de Tierra del Fuego, casi 98.

El árbol de parentesco que armaron con esos datos dio el mismo veredicto: el animal de Río Grande colgaba de la rama del culpeo, y no de la de los perros. El «perro fueguino» del museo era un zorro.

Petrigh y Fugassa vieron ahí la huella de una domesticación atípica, la de unos cazadores-recolectores que habían hecho de un zorro su compañero.

Sin ningún lobo detrás

Y es que todos los perros del mundo vienen del lobo gris, la primera especie que dio origen a animales domésticos. Todos comparten un mismo antepasado, distinto de los lobos de hoy. Detrás de cada perro que duerme hoy en una casa hay miles de años de crianza junto a las personas.

El compañero de los selk’nam no venía de ese camino. Era de la misma especie que seguía libre en los bosques de alrededor, y vivía con las familias sin dejar de ser zorro.

Sendero junto a lengas de hojas rojizas en otoño, en el Parque Nacional Tierra del Fuego
Lengas de otoño junto a un sendero del Parque Nacional Tierra del Fuego. Foto: Jorge Láscar / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

En 2025, el investigador W. L. Franklin reunió lo que quedaba de esa alianza: los relatos de los viajeros, los dibujos de las expediciones y más de 160 palabras y frases que la lengua yámana tenía para este «perro». Concluyó que no era un perro domesticado, sino un compañero semidomesticado: un culpeo de conducta medio salvaje que la gente tenía como mascota y como ayudante de caza.

Otros dos investigadores, Jaksic y Castro, creen que el perro de los pueblos canoeros sí era un perro doméstico, llegado con los primeros pobladores. Pero coinciden en que el compañero de los pueblos que andaban a pie era un culpeo amansado.

La misma colonización que se llevó a los selk’nam alcanzó también al culpeo que seguía libre. Con las ovejas, que llegaron a la isla en 1885, empezó la persecución de los supuestos depredadores del rebaño, y su población cayó.

En 1951 llegó a la isla, introducido, otro zorro que compite con él. Hoy el culpeo de Tierra del Fuego es raro, y lo que queda de él se concentra en el sur de la isla Grande.

Fotografía antigua de cazadores selk'nam con arco, agachados entre arbustos frente a un valle con guanacos
Cazadores selk’nam con arco, agachados entre arbustos frente a un valle con guanacos. Foto: Alberto Maria de Agostini / Wikimedia Commons, dominio público.

En Río Grande, el culpeo del museo sigue quieto, con la verdad guardada en sus pelos. Afuera, en los bosques del sur de la isla, los de su especie todavía cazan por su cuenta: el mismo animal que un día salió de cacería al lado de una familia selk’nam.

Grabado del «perro fueguino» (Wellcome Collection, CC BY 4.0) y fotos de un culpeo (Butterfly voyages, CC BY-SA 3.0), de un bosque de Tierra del Fuego (Jorge Láscar, CC BY 2.0) y de cazadores selk’nam (Alberto Maria de Agostini, dominio público). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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