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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Murió el último macho de rinoceronte blanco del norte y quedaron dos hembras que no pueden gestar

Sudán, el último macho de rinoceronte blanco del norte, pasó sus últimos años bajo guardia armada en Kenia. Cuando murió, su especie quedó en dos hembras que ya no pueden tener crías por sí solas.

Murió el último macho de rinoceronte blanco del norte y quedaron dos hembras que no pueden gestar

Cada día que Sudán se ponía de pie sobre la hierba de Ol Pejeta, en Kenia, su especie todavía tenía un macho. Era un rinoceronte blanco del norte, viejo y sereno, y lo cuidaban como se cuida lo que no tiene repuesto. Porque el día en que ese cuerpo ya no se levantara, a los suyos les iba a quedar una sola pregunta: si todavía existía alguna forma de que naciera otro como él.

Un macho de rinoceronte blanco del norte pasta entre la hierba seca de Ol Pejeta, en Kenia
Un macho de rinoceronte blanco del norte pasta entre la hierba seca de Ol Pejeta, en Kenia. Foto: Lengai101 / Wikimedia Commons, CC BY 3.0.

De un zoológico checo a la sabana

Su historia en Ol Pejeta empezó con un viaje, en 2009. Sudán llegó desde el zoológico de Dvůr Králové, en la República Checa, con otros tres rinocerontes blancos del norte: un macho, Suni, y dos hembras de su propia familia, su hija Najin y su nieta Fatu.

El viaje tenía un propósito. Quienes los cuidaban esperaban que el suelo africano los animara a hacer lo que más falta hacía: reproducirse.

Pasaron los meses, y después los años. En Ol Pejeta no nació ninguna cría.

Diciembre de 2014: el último macho

En octubre de 2014, Suni murió, y en todo el planeta quedaron solo dos machos de rinoceronte blanco del norte. Uno era Sudán. El otro, Angalifu, vivía a miles de kilómetros, en el San Diego Safari Park, en California, Estados Unidos.

Angalifu, macho de rinoceronte blanco del norte, pastando en un prado
Angalifu, macho de rinoceronte blanco del norte, pasta en un prado. Tras la muerte de Suni, él y Sudán eran los dos únicos machos de su especie. Foto: Sheep81 / Wikimedia Commons, dominio público.

Ese diciembre, Angalifu murió a los 44 años, y desde ese día, si alguien quería ver un macho de su especie, solo había un lugar en la Tierra adonde ir: una reserva en Kenia, donde un animal viejo pastaba bajo vigilancia.

Para entonces, la vida de Sudán ya era una guardia sin pausa. Hombres armados lo vigilaban de día y de noche para que ningún cazador furtivo llegara hasta él, y eran ellos mismos quienes lo alimentaban.

Con el tiempo, esos guardas aprendieron a conocer su carácter tranquilo. Uno de ellos era Joseph Wachira.

Las últimas 24 horas

Pero ninguna guardia detiene los años. Sudán empezó a sufrir infecciones, y una de sus patas quedó herida. Poco a poco, su cuerpo fue cediendo.

En marzo de 2018 llegaron sus últimas 24 horas. Su estado empeoró de forma grave, y el animal que cada día se levantaba sobre la hierba de Ol Pejeta ya no pudo ponerse de pie. El dolor no le daba tregua.

El 19 de marzo, los veterinarios decidieron dejarlo descansar, y Sudán recibió la eutanasia a los 45 años para que no siguiera sufriendo. En esos últimos momentos, Joseph Wachira se quedó a su lado, con la mano apoyada sobre su piel.

Dos hembras en la pradera

Ese día, en el mundo quedaron vivos dos rinocerontes blancos del norte, Najin y Fatu, y las dos eran hembras.

Desde entonces, la especie entera cabe en una sola mirada. Najin y Fatu pueden pastar juntas en Ol Pejeta, y fuera de esa escena no queda ningún otro. Las siguen vigilando de día y de noche, como a él.

Najin y Fatu, dos hembras de rinoceronte blanco del norte, pastan juntas con el monte Kenia de fondo
Najin y Fatu, madre e hija, pastan juntas en Ol Pejeta con el monte Kenia al fondo. Son los dos últimos rinocerontes blancos del norte. Foto: Schau99 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Y el peligro ya no estaba solo afuera, en los cazadores furtivos: estaba en sus propios cuerpos. Ni Najin ni Fatu pueden concebir de forma natural, y ninguna de las dos puede llevar una gestación. La especie seguía viva, pero ya no podía tener crías por sí sola.

Lo que todavía servía estaba en el cuerpo de Fatu: sus óvulos.

Treinta y nueve embriones en el frío

Con esos óvulos, los científicos hicieron lo que Najin y Fatu ya no podían hacer solas. Formaron embriones de rinoceronte blanco del norte, sin mezcla con ninguna otra población, y los congelaron a la espera de un cuerpo capaz de gestarlos.

Manos con guantes sacan un soporte con pajillas de un tanque de nitrógeno líquido del que sale vapor frío, en un laboratorio de reproducción
Unas manos con guantes sacan pajillas de un tanque de nitrógeno líquido. En recipientes como este, un embrión congelado puede esperar hasta que haya un cuerpo capaz de gestarlo.

Ese cuerpo tenía que venir de afuera: el de una hembra de rinoceronte blanco del sur, la otra rama de los rinocerontes blancos. Funciona como cuando una gallina empolla huevos de pata: la gallina pone el calor, pero lo que rompe el cascarón es un patito. La hembra del sur llevaría la gestación, y la cría sería, en sus genes, hija de Fatu.

Primer plano de un rinoceronte blanco del sur que camina con la cabeza baja
Un rinoceronte blanco del sur camina con la cabeza baja. Las posibles madres sustitutas de los embriones del norte son hembras de esta otra rama. Foto: William Murphy / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Empezaron las transferencias, y los científicos colocaron embriones del norte en hembras del sur. Hasta abril de 2026 hicieron seis, y ninguna terminó en una gestación duradera.

El plan siguió. Para abril de 2026 había dos hembras del sur nuevas como posibles madres sustitutas, las dos con crías propias, y ya se habían hecho 39 embriones, todos con óvulos de Fatu.

Y Fatu es la nieta de Sudán. En cada uno de esos 39 embriones hay también un poco de él.

Sudán no alcanzó a ver nacer otra cría de su especie. Durante sus últimos años, cada vez que se ponía de pie en Ol Pejeta, los suyos tenían un macho; hoy Najin y Fatu pastan en esa misma pradera, bajo la misma guardia, mientras los embriones esperan en el frío. Si uno solo llega a término, habrá de nuevo una cría de rinoceronte blanco del norte tratando de ponerse de pie.

Fotos de un macho de rinoceronte blanco del norte en Ol Pejeta (Lengai101 / Wikimedia Commons, CC BY 3.0), de Angalifu (Sheep81 / Wikimedia Commons, dominio público), de Najin y Fatu (Schau99 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de un rinoceronte blanco del sur (William Murphy / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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