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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

China golpeó ollas hasta que los gorriones caían agotados; 67 años después, un estudio calculó el precio

En la primavera de 1958, millones de personas en China golpearon ollas para que los gorriones no pudieran posarse. Un ornitólogo examinó lo que comían, y un estudio de 2025 calculó cuánto costó su ausencia.

China golpeó ollas hasta que los gorriones caían agotados; 67 años después, un estudio calculó el precio

Un gorrión molinero cabe en una mano y, como cualquier pájaro, necesita posarse para descansar: una rama, un alero, el borde de su nido. En la primavera de 1958, en China, cada vez que intentaba bajar lo recibía un estruendo de metal, y tenía que volver a subir, una y otra vez, hasta que las alas ya no lo sostenían y caía. Lo perseguían por comerse el grano. Lo que hacía en los campos en primavera, pocos quisieron oírlo. Y la cuenta de lo que iba a costar su ausencia tardó más de seis décadas en llegar.

Cartel de propaganda china de 1956 con niños que participan en la persecución de gorriones
Cartel de propaganda «Todos a golpear gorriones», de septiembre de 1956: niños que se suman a la persecución del pájaro, antes de la gran ofensiva de 1958. Foto: Bi Cheng / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Tres meses de ollas

La campaña de las Cuatro Plagas había arrancado a finales de 1957, y el gorrión figuraba en la lista, acusado de robar grano. Pero fue entre marzo y mayo de 1958 cuando la ofensiva contra él llegó a su punto más alto.

En ciudades y aldeas, muchos gobiernos locales armaron equipos de operaciones especiales y movilizaron a millones de empleados del Estado y voluntarios. Usaban ollas, sartenes y tambores golpeados sin pausa, para que los pájaros no pudieran descansar en sus nidos y terminaran muertos de agotamiento.

Olla de aluminio abollada con un palo de madera cruzado encima, sobre un bordo de tierra en un campo de cultivo, en blanco y negro
Una olla de aluminio abollada, con el palo para golpearla encima, abandonada en el borde de un campo. Con utensilios de cocina como este se le negó al gorrión el descanso.

El ruido no fue lo único. Los mismos equipos destruían nidos, huevos y pichones, así que ni siquiera la generación siguiente quedaba a salvo.

No hubo un conteo exacto. Una estimación calcula que la campaña mató a unos dos mil millones de gorriones entre 1958 y 1959. Puestos en fila, del pico a la cola, darían unas siete vueltas a la Tierra.

Diecinueve de cada veinte bocados

Mientras tanto, en la Academia China de Ciencias, el ornitólogo Zheng Zuoxin se hacía otra pregunta: no cuántos gorriones caían, sino qué comían de verdad. Para responderla, su equipo examinó 848.

Hombre de mediana edad con túnica de algodón y gorra de los años cincuenta, visto de tres cuartos por detrás en el patio de una aldea, en blanco y negro
Un investigador de campo en el patio de una aldea, en la primavera de 1958. Mientras sonaban las ollas, otra pregunta pedía respuesta: qué comía de verdad el gorrión.

Lo que encontraron complicaba la acusación. En primavera, casi todo lo que los adultos llevaban al nido eran insectos: de cada veinte bocados que recibían las crías, diecinueve.

Zheng no lo declaró inocente. A la hora de la cosecha, el gorrión sí come grano. Por eso pidió una respuesta más fina que una guerra: tratarlo de manera distinta según la estación y la región. Y es que el pájaro que picoteaba las espigas maduras era el mismo que, meses antes, había sacado insectos de esos cultivos para criar a sus pichones.

Pero el gorrión siguió en la lista.

1959: los campos sin cazadores

Al año siguiente, el hueco empezó a verse. En 1959 llegaron informes de un aumento marcado de plagas en el campo: langostas que avanzaban sobre los cultivos, orugas que se abrían paso por dentro de los tallos del arroz y otros insectos que atacaban las plantas.

Cada primavera, miles de millones de gorriones habían recorrido esos campos cazando insectos para llenar el pico de sus crías. Esta vez faltaban. Los cultivos quedaron como una ventana a la que le quitan el mosquitero en pleno verano.

Gorrión molinero posado solo sobre una estaca de madera gastada en un campo de grano abierto, en blanco y negro
Un gorrión molinero posado en una estaca, en medio de un sembrado. En primavera, pájaros como este cazaban insectos en los cultivos para alimentar a sus crías.

Ese mismo año, China empezó a hundirse en una de las peores hambrunas de la historia, que duró hasta 1961 y en la que murieron entre unos 16 y 45 millones de personas.

En marzo de 1960, Mao Zedong decidió sacar al gorrión de la lista de plagas, y en abril se hizo oficial: en su lugar pusieron a las chinches. Pero el hambre ya estaba en marcha, y siguió un año más.

Sesenta y siete años después

En agosto de 2025, cinco investigadores presentaron su intento de medir cuánto había pesado la falta del pájaro. Los encabezaban Eyal Frank y Shaoda Wang, de la Universidad de Chicago, junto con colegas de universidades de Shanghái y Hong Kong.

Su punto de partida fue un mapa. El gorrión no vive igual de bien en todas partes: hay condados que le sientan mejor que otros. Si la campaña había abierto un hueco en los campos, ese hueco tenía que ser más hondo donde antes vivían más gorriones.

Entonces compararon las cosechas de arroz y trigo de unos y otros condados, antes y después de la campaña. Y el patrón apareció: cuanto mejor le sentaba un lugar al gorrión, más cayó su cosecha cuando el pájaro desapareció.

Llevado a todo el país, el resultado fue este: la ausencia del gorrión se llevó casi nueve de cada cien sacos de arroz y trigo que China habría cosechado en un año normal.

Y ese grano faltó en el peor momento. Según los cálculos de Frank, Wang y sus colegas, la desaparición del gorrión explica casi dos millones de las muertes de aquella hambruna. Y los autores señalan lo que agravó esa pérdida: el Estado siguió exigiendo grano a esos mismos condados, aunque sus campos daban menos.

El estudio todavía espera la revisión de otros científicos. Mientras tanto, la cuenta quedó hecha: lo que Zheng Zuoxin había visto en la comida de 848 gorriones tiene, por fin, un tamaño en sacos de arroz y de trigo.

Al gorrión molinero lo persiguieron por las espigas que picoteaba en la cosecha. Pocos miraron su ir y venir de cada primavera, del campo al nido, con un insecto tras otro en el pico. Ese vaivén de un pájaro que cabe en una mano cuidaba una parte del arroz y del trigo de todo un país. Y lo único que pedía a cambio era un lugar donde posarse.

Foto del cartel «Todos a golpear gorriones»: Bi Cheng / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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