Edgar llegó calvo, herido y sin fuerzas, pero algo seguía intacto
Edgar llegó débil, con la cabeza calva, heridas viejas y problemas para respirar. Pero esta pequeña urraca todavía tenía algo que ninguno de esos males le había quitado.

Edgar era una urraca pequeña, y el estado en que llegó a Wildlife Aid dejó impactado al equipo desde el primer momento. Estaba débil. Y en la cabeza, donde debía tener plumas, solo había piel al descubierto.
Esa calva era lo primero que se veía. Lo demás apareció cuando el equipo lo revisó de cerca.
Una lista que no terminaba
Los problemas fueron saliendo uno tras otro. Edgar tenía varias heridas, y ninguna era reciente. Sus plumas estaban dañadas.
Tenía los ojos hinchados. Cojeaba. Y le costaba respirar.
Era demasiado para un cuerpo de ese tamaño. Cualquiera habría esperado encontrar un ave apagada, sin fuerzas ni para reaccionar.
El equipo contó la llegada de Edgar en Facebook.
Pero Edgar seguía alerta. Penny, la enfermera veterinaria, lo comprobó de cerca: sin dudarlo, la urraca intentó morderla.
Le faltaban fuerzas. El carácter, no: ese seguía entero.
Donde el pico no alcanza
Quedaba una pregunta en el aire: por qué justo la cabeza se había quedado sin plumas.
El equipo tiene una posible explicación, y es diminuta. Los ácaros pueden hacer que un ave pierda plumas, y la cabeza es una de las zonas donde más se nota.
Y es que las aves limpian su plumaje con el pico. Con él se ocupan de casi todo el cuerpo, menos de dos lugares a los que no llegan: su propia cabeza y su cuello.
Entonces, si hay ácaros, esas zonas quedan a su merced. Ahí es donde un ave tiene más probabilidades de perder las plumas.
En el caso de Edgar, eso podía explicar la calva. Pero no explicaba los ojos hinchados, la cojera ni el esfuerzo para respirar, y su cuerpo necesitaba ayuda.
Un rincón para descansar
El tratamiento arrancó con líquidos y medicamentos, para darle a su cuerpo con qué empezar a recuperarse.
Después lo llevaron a un lugar tranquilo. Ahí, lejos del ruido, Edgar pudo hacer lo que más necesitaba: descansar. Con todo lo que traía encima, el silencio también era parte del tratamiento.
Por ahora sigue bajo el cuidado del equipo, y lo que viene depende del tiempo y de los cuidados. Quienes lo atienden tienen la esperanza de que, con suficiente tratamiento, Edgar pueda volver algún día a la naturaleza «sintiéndose mucho mejor», como escribieron en su publicación.
Llegó con la cabeza desnuda, heridas viejas y la respiración trabajosa. Pero el pico que buscó a Penny sigue igual de firme. Ahora le toca al resto de Edgar ponerse a su altura.
Imagen principal: Wildlife Aid.
Conversación
Únete a la conversación
Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.