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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

En plena Segunda Guerra Mundial, el sonar buscaba submarinos y el mar sonaba a sartén

En la Segunda Guerra Mundial, el sonar de la Marina de Estados Unidos se llenaba de un crepitar que nadie sabía explicar. Encontrar al culpable fue solo el comienzo: entender cómo lo hacía tomó más de medio siglo.

En plena Segunda Guerra Mundial, el sonar buscaba submarinos y el mar sonaba a sartén

Un operador de sonar de la Marina de Estados Unidos se acomoda los auriculares. Es la Segunda Guerra Mundial y su trabajo es escuchar el mar en busca de lo que los ojos no alcanzan: un submarino enemigo bajo la superficie.

Pero el mar no está callado. Frente a muchas costas, lo que le llena los oídos es un crepitar sin pausa, como grasa friéndose en una sartén. No viene de ningún barco. Nadie sabe de dónde sale.

Un mar que sonaba a sartén

Ese sonido se ha descrito de muchas maneras: grasa en la sartén, ramitas secas ardiendo, carbón rodando por un conducto de metal. Así lo recoge un reportaje de la revista Oceanus, de la Institución Oceanográfica Woods Hole, que cuenta cómo aquel ruido se interponía entre los operadores y los submarinos que buscaban.

El enigma no lo resolvieron los operadores. Según el mismo reportaje, la Marina recurrió a la División de Investigación de Guerra de la Universidad de California, y fueron sus investigadores quienes dieron con el origen. Cuánto tardaron es algo que los relatos de esta historia no precisan.

El rastro llevaba a aguas tibias

Allí trabajaba el oceanógrafo Martin Johnson, de la Institución Scripps de Oceanografía. De acuerdo con el libro Scripps Institution of Oceanography: Probing the Oceans, 1936 to 1976, fue él quien, en las aguas más cálidas del Pacífico, identificó el estruendo como obra de grandes colonias de camarones pistola.

Son animales de pocos centímetros, armados con una pinza descomunal que puede medir hasta la mitad de su cuerpo, como describen Lillis y colegas (2016) en la revista PLoS ONE. Una de las especies más grandes, Alpheus heterochaelis, mide entre 10 y 55 milímetros, con unos 30 de promedio, según la ficha del Animal Diversity Web de la Universidad de Michigan.

Ejemplar de camarón pistola de la especie Alpheus heterochaelis fotografiado de cerca
Un camarón pistola de la especie Alpheus heterochaelis, ejemplar de 28 milímetros de la bahía de Chesapeake, en Virginia. Foto: Robert Aguilar, Smithsonian Environmental Research Center / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

¿Cuántos eran? No hay una cifra: los relatos hablan de grandes colonias, sin contar animales ni chasquidos. Sí se sabe dónde viven: sobre todo a menos de unas decenas de metros de profundidad, más o menos entre los 40 grados de latitud norte y sur, según el mismo trabajo de Lillis y colegas. Allí, cada camarón cierra de golpe su pinza, y miles de chasquidos superpuestos se funden en un muro de ruido.

Mano de un buzo apoyada sobre un arrecife de conchas de ostra y arena fangosa, en agua verdosa y turbia de poca profundidad
Una mano en reposo sobre un fondo de conchas y fango, en agua tibia y poco profunda, da la escala de los autores del estruendo: animales de pocos centímetros.

El ruido, puesto en números

El hallazgo quedó por escrito en un trabajo que Johnson firmó con F. A. Everest y R. W. Young, «Acoustical Characteristics of Noise Produced by Snapping Shrimp», publicado en 1948 en el Journal of the Acoustical Society of America. Es el documento original sobre las características acústicas de aquel ruido.

Receptor de hidrófono con diales redondos e interruptores, con unos auriculares de cuero y baquelita encima, en la cabina de madera de una pequeña embarcación, en blanco y negro
Auriculares sobre un receptor de hidrófono en la cabina de una embarcación de los años cuarenta, cuando escuchar el fondo marino era parte de la guerra.

Ya durante la guerra, el culpable tenía ilustración propia: en 1944, la División de Investigación de Guerra hizo una titulada «Snappy shrimp and his Sea-food Six», que hoy se conserva en los archivos de Scripps y se puede ver en línea.

Qué hizo la Marina después con ese ruido no aparece en los relatos de esta historia. Lo que sí se instaló fue una explicación que por décadas se dio por hecha, como recuerda un comunicado de la AAAS publicado en ScienceDaily (2000): el chasquido era el choque de las dos partes de la pinza al cerrarse de golpe.

Cuando sonaba, la pinza ya estaba cerrada

Esa idea resistió más de 50 años. En 2000, los físicos Michel Versluis, Anna von der Heydt y Detlef Lohse, de la Universidad de Twente, en Países Bajos, y la bióloga Barbara Schmitz, de la Universidad Técnica de Múnich, en Alemania, filmaron ejemplares de Alpheus heterochaelis con una cámara ultrarrápida de 40.000 cuadros por segundo y registraron el sonido con un hidrófono, un micrófono submarino, según el mismo comunicado.

En este video puedes ver en cámara lenta lo que grabó esa cámara: la pinza que se cierra y lo que pasa justo después.

Video de YouTube

Las imágenes desarmaron la vieja explicación: en el instante del sonido, la pinza ya estaba cerrada. Al cerrarse, lanza un chorro de agua tan rápido que se forma una burbuja de cavitación, y el estruendo nace cuando esa burbuja colapsa y el agua vuelve a cerrarse. La pinza seguía siendo la responsable, pero por el chorro que dispara, no por el golpe. El estudio, «How snapping shrimp snap: through cavitating bubbles», salió en Science el 22 de septiembre de 2000, y su ficha completa se puede consultar en línea. El título del comunicado de prensa volvía al punto de partida: los camarones pistola «ahogan el sonar» con un truco de burbujas.

Un relámpago que ningún ojo alcanza

Un año después, Lohse, Schmitz y Versluis volvieron a ese mismo instante, el del colapso de la burbuja, y encontraron algo más: un destello de luz tan débil y fugaz que ningún ojo humano podría verlo.

Laboratorio de física a oscuras, iluminado solo por un monitor de tubo y un osciloscopio con una línea verde tenue, con una persona investigadora en la penumbra
Un laboratorio con las luces apagadas y apenas el brillo de un osciloscopio: el ambiente de quien persigue una señal demasiado tenue para la vista.

Lo publicaron en 2001 en Nature con un título directo, «Snapping shrimp make flashing bubbles»: los camarones pistola hacen burbujas que destellan. El fenómeno se conoce como «shrimpoluminiscencia», y ese mismo año Science News lo contó con un titular que comparaba el calor de esas burbujas con el del Sol.

El ruido que se colaba en los auriculares de la Marina en plena guerra era un fondo marino lleno de camarones diminutos disparando relámpagos invisibles. Hizo falta más de medio siglo, y una cámara capaz de partir un segundo en 40.000 pedazos, para empezar a ver lo que siempre había estado sonando.

¿Alguna vez, buceando o haciendo esnórquel, escucharon ese crepitar bajo el agua? ¿Qué pensaron que era?


Foto del camarón pistola Alpheus heterochaelis: Robert Aguilar, Smithsonian Environmental Research Center / Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

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