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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

La guerra de Mozambique favoreció a las elefantas sin colmillos, y ningún macho nació así

Cuando terminó la guerra civil de Mozambique, la mitad de las elefantas de Gorongosa no tenía colmillos. Un equipo científico siguió la pista hasta el cromosoma X y descubrió que ese escudo tenía un precio.

La guerra de Mozambique favoreció a las elefantas sin colmillos, y ningún macho nació así

En 1992 terminó la guerra civil de Mozambique, y el Parque Nacional Gorongosa salió de ella casi sin elefantes: menos de 1 de cada 10 seguía con vida, según Understanding Evolution, el sitio de divulgación del Museo de Paleontología de la Universidad de California en Berkeley. Durante 15 años habían sido perseguidos por su marfil.

Entre las hembras que quedaban, sin embargo, había un patrón que no cuadraba. Lo documentó el Instituto Ambiental High Meadows de la Universidad de Princeton: la mitad no tenía colmillos.

Lo que mostraban las grabaciones de los años 70

La primera pregunta era inevitable: ¿siempre había sido así? No. En grabaciones de los años 70, antes de la guerra, solo 1 de cada 5 hembras había nacido sin colmillos, según Understanding Evolution. Tras 15 años de cacería, la proporción entre las sobrevivientes había pasado a 1 de cada 2.

Fotografía de aspecto antiguo, con grano y colores desvaídos, de una manada de elefantas africanas cruzando una llanura con palmeras dispersas; casi todas llevan colmillos y solo una no los tiene.
Entre varias hembras con colmillos, una sola sin ellos: esa era la proporción antes de la guerra, cuando 1 de cada 5 nacía sin marfil.

Para medir el cambio, el equipo trabajó con tres grupos, según la página del proyecto de Shane Campbell-Staton: 54 hembras registradas antes de la guerra, 108 sobrevivientes y 91 crías. Y el rasgo no se quedó en la generación de la guerra: 1 de cada 3 hijas nacidas tras la paz tampoco tenía marfil, como contó Scientific American en 2021.

Las cifras detalladas de la población están en dos trabajos: el de Joyce Poole y Petter Granli sobre los elefantes de Gorongosa a través de la guerra y la recuperación (Pachyderm, 2022), con su tamaño, estructura y reproducción, y el de Stalmans y colegas sobre el colapso y la recuperación asimétrica de los grandes mamíferos del parque (PLoS One, 2019). Este relato no tiene una cifra reciente de cuántos elefantes viven hoy en Gorongosa; esos dos estudios son el punto de partida para seguirla.

Las cuentas que el azar no explicaba

La ecóloga mozambiqueña Dominique Gonçalves llevaba años siguiendo a esas familias de elefantes, como recoge su perfil en el Parque Nacional de Gorongosa. Con los biólogos Shane Campbell-Staton y Robert Pringle hizo las cuentas en un estudio que Science publicó en 2021, firmado también por Joyce Poole y Petter Granli, entre otros.

Una investigadora de campo con camisa caqui, vista de espaldas y casi de perfil, apoyada en la ventanilla abierta de un vehículo de campo bajo un cielo nublado.
El trabajo de campo empieza así: a distancia, con paciencia y durante años. Sin ese seguimiento de las familias no habría generaciones que comparar.

La pregunta de fondo era si la casualidad podía producir un salto así. El equipo simuló la población suponiendo que las hembras con y sin colmillos hubieran tenido la misma suerte. En ese escenario, la población habría acabado casi siempre con menos del 30 % de hembras sin colmillos, explica Understanding Evolution. Llegar a la mitad por puro azar era extremadamente improbable.

La diferencia tenía nombre: el marfil. Durante la guerra, una elefanta sin colmillos tuvo unas 5 veces más opciones de sobrevivir que una con colmillos, según Princeton. No tener lo que los cazadores buscaban le salvaba la vida. Para el comunicado de la AAAS en EurekAlert!, fue una evolución rápida, ocurrida en una sola generación.

Ese trabajo de campo, con Gonçalves y Campbell-Staton, puede verse en el episodio «Searching for the Tuskless Elephants of Gorongosa» de la serie Human Footprint (PBS, 2023), que repasa los 15 años de persecución por el marfil. Y las familias que Poole y Granli estudiaron en el parque entre 2011 y 2019 aparecen en fotos y videos en la página del proyecto de ElephantVoices.

Dieciocho hembras y dos pistas

Faltaba saber cómo se heredaba el rasgo. El equipo observó a las crías y leyó el ADN de 18 hembras, según Science News. Aparecieron dos pistas, ambas recogidas por Princeton: las madres sin colmillos tenían casi 2 hijas por cada hijo, y en Gorongosa no había un solo macho sin colmillos.

La pista principal estaba en el cromosoma X, en torno a AMELX, un gen que ayuda a formar los dientes, según el comunicado de EurekAlert!. No era la única: el estudio señaló un segundo gen candidato, MEP1a, situado en un cromosoma no sexual, como precisa Africa Geographic. Y la conexión con nosotros es directa: en las personas, una falla en esa misma región afecta a los incisivos laterales, justo los dientes que en un elefante se vuelven colmillos. Lo recoge el artículo original en Science, cuyo resumen completo puede leerse en Europe PMC.

Un escudo que solo podían heredar las hijas

Las dos pistas seguían sin encajar del todo. Si la variante estaba en el cromosoma X, ¿por qué no aparecía ni un solo macho sin colmillos?

La última pieza fue la más dura. En los machos, esa variante parece impedir que la gestación llegue a término, según Africa Geographic. Por eso ningún macho nacía sin colmillos, como explicó Scientific American. Si es así, la proporción de casi 2 hijas por cada hijo también encaja: probablemente, parte de las crías macho de las madres sin colmillos nunca llegaba a nacer.

El escudo que salvó a las madres solo podía pasar a sus hijas. Understanding Evolution lo dice en el título de su artículo: la evolución de los elefantes sin colmillos frustra a los cazadores furtivos, pero tiene un costo.

Un grupo de elefantas africanas adultas, apretadas hombro con hombro y de frente a la cámara, fotografiado con teleobjetivo desde un vehículo detenido bajo luz nublada.
Hembras adultas, juntas y de frente a quien las observa. En Gorongosa, la historia de los colmillos ausentes es, sobre todo, una historia de madres e hijas.

Hoy, cada elefanta sin marfil de Gorongosa lleva en su sangre una guerra que no fue suya. Lleva también el regalo de unas madres que sobrevivieron porque no tenían lo que todos buscaban, y que solo pudieron dejárselo a sus hijas.

¿Conocías otros casos de animales que están cambiando su cuerpo para sobrevivir junto a nosotros? Cuéntanos cuál te sorprendió más.

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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