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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

El gigante que retrocede ante un insecto: las cercas de colmenas que frenan a los elefantes en Kenia

En las fincas cercanas a Tsavo, en Kenia, una noche de elefantes podía costar una temporada de cosecha. La zoóloga Lucy King buscó ayuda en un insecto, y los elefantes resultaron tener mucho que decir al respecto.

El gigante que retrocede ante un insecto: las cercas de colmenas que frenan a los elefantes en Kenia

Es de noche y el maíz está casi listo. En las fincas cercanas a Tsavo, en Kenia, una familia campesina puede perder la cosecha de toda una temporada antes del amanecer. El miedo tiene fundamento: según Scientific American, un solo elefante puede comerse en un día la cosecha entera de una finca, y las incursiones, como recoge un caso de impacto de la Universidad de Oxford (2014), suelen llegar de noche.

Lo que está en juego no es solo la comida. Ese mismo informe calcula que, en la vecina Tanzania, los elefantes matan a unas 40 o 50 personas al año, y advierte que preocupa cada vez más que se mate a elefantes a tiros o con veneno. Son cifras de África oriental en general, no de estas aldeas, pero el documento también recoge la voz de un campesino de cerca de Tsavo Oeste que describe el trauma de las incursiones. Es un choque que deja muertos en los dos lados.

Un aguijón donde la piel no protege

La zoóloga Lucy King, de Save the Elephants y del Departamento de Biología (antes Zoología) de la Universidad de Oxford, buscó ayuda en un aliado diminuto: la abeja. La idea, según el comunicado de Oxford sobre su estudio de 2024, empezó como parte de su doctorado en esa universidad.

Tenía motivos. Como recuerda el comunicado de Oxford de 2009, un trabajo de 2007 había mostrado que los elefantes huyen del zumbido de abejas alborotadas. La explicación es concreta: pese a su piel gruesa, a un elefante adulto lo pueden picar alrededor de los ojos o dentro de la trompa, y Scientific American añade detrás de las orejas y en la boca. Un aguijón en esos puntos duele mucho.

Una cerca que zumba

De ahí salió el diseño de King: un alambre tendido alrededor de la finca, con colmenas colgadas a lo largo de él. Según el comunicado de 2009, los elefantes esquivan las colmenas e intentan pasar empujando el alambre, y ese empujón hace que se balanceen con violencia. Scientific American completa la escena: al chocar con los alambres, el elefante sacude las colmenas y provoca la salida del enjambre.

Cerca de alambre tendida entre postes de madera rústica, con colmenas de caja colgadas bajo pequeños techos de lámina, al borde de un cultivo familiar en la sabana seca de Kenia.
Colmenas colgadas de un alambre al borde de una finca: si un elefante empuja la cerca, se mecen y las abejas salen.

El primer ensayo con una cerca de colmenas se publicó en junio de 2009 en el African Journal of Ecology, según el mismo comunicado, y el proyecto de pruebas de campo tiene su propia ficha en la Rufford Foundation. La cerca ya colgaba en el campo cuando llegó el hallazgo más sorprendente: lo que los propios elefantes se dicen sobre las abejas.

Un retumbo que significa «abejas»

En 2010, King y sus colegas lo pusieron a prueba en las reservas de Samburu y Buffalo Springs, en el norte de Kenia, lejos de Tsavo. Ante familias de elefantes reprodujeron grabaciones de abejas y, como control, ruido blanco. Con el zumbido, los elefantes se alejaron, sacudieron más la cabeza y se echaron más polvo encima que con el ruido blanco.

Pero al retirarse soltaban un sonido grave, un retumbo (en inglés, rumble). Al analizarlo, el equipo vio que no era un retumbo cualquiera: comparado con los que los elefantes emitían ante el ruido blanco, tenía desplazado hacia arriba el segundo formante, una de las bandas de resonancia que dan su timbre a un sonido.

Entonces llegó la prueba decisiva. El equipo reprodujo solo esos retumbos, sin una sola abeja de por medio, ante otros elefantes. Los que los oyeron se alejaron más, y más rápido, y sacudieron más la cabeza que con los retumbos de control. La voz de sus congéneres bastaba para hacerlos marcharse.

Pequeño altavoz negro con rejilla de malla, sujeto con una correa gastada al tronco de una acacia solitaria en la sabana seca, visto desde un vehículo estacionado.
Un altavoz atado a un árbol: con montajes así se le pregunta a una manada qué significa un sonido.

Los elefantes tenían una llamada de alarma para las abejas. Así lo dice el título del artículo, «Bee Threat Elicits Alarm Call in African Elephants» (en español, «La amenaza de las abejas provoca una llamada de alarma en los elefantes africanos»), publicado en abril de 2010 en PLoS ONE. El texto completo, con sus datos, se puede leer aquí.

Sube el volumen: en este video de Save the Elephants oyes el retumbo de alarma salir del altavoz escondido mientras la familia Butterfly descansa bajo un árbol.

Video de YouTube

Nueve años, 3.999 elefantes

A las familias de Tsavo les importaba otra pregunta: ¿la cerca aguanta noche tras noche, año tras año? Para responderla, el equipo siguió desde 2012 a 26 fincas protegidas con 365 colmenas en dos aldeas junto al Parque Nacional Tsavo Este. En nueve años registró 3.999 elefantes que se acercaron, según el comunicado de Oxford sobre el estudio publicado en 2024 en Conservation Science and Practice, difundido también por Phys.org y ScienceDaily.

En las temporadas fuertes de cultivo, de noviembre a enero, las cercas ahuyentaron hasta el 86 % de los elefantes: entre 2014 y 2020, cada una de esas seis temporadas quedó entre el 78,3 % y el 86,3 %. En el promedio de todo el año, el 76 % de los 3.999 elefantes dio media vuelta. El elefante africano de sabana es la especie terrestre más grande del planeta, según National Geographic, y aun así, tres de cada cuatro retrocedieron ante un insecto.

No fueron nueve años fáciles. Una sequía redujo un 75 % la ocupación de las colmenas y la producción de miel durante tres años, y el propio título del estudio anuncia que midió el impacto de la sequía y del desarrollo sobre la eficacia de las cercas. Aun así, las 365 colmenas dieron una tonelada de miel, que se vendió por 2.250 dólares.

Una persona que cultiva maíz en Kenia, con el velo de apicultura echado hacia atrás, sostiene junto a la cerca de colmenas un marco de madera cargado de panal oscuro.
La misma cerca que protege el maíz produce miel, y la miel se vende: un ingreso más para las familias.

Estas cifras no miden todo el conflicto de la región, sino algo más concreto: cuántos elefantes llegaron hasta la cerca y no pasaron. Los datos temporada por temporada y el método completo están en el artículo de King y colegas (2024).

Ninguna cerca vuelve amigos a vecinos tan distintos, pero en el borde de Tsavo la frontera con los gigantes ya la marca un zumbido. Y es un zumbido tan temido que, como se descubrió en el norte de Kenia, los elefantes tienen un llamado propio para advertírselo unos a otros.

¿Conoces otro caso en que un animal pequeño ayude a que personas y animales gigantes puedan convivir en paz?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

Referencias

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