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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Le quitaron ramas, árboles y piedras, y Stoffel, el tejón de la miel, siguió escapando

En el centro Moholoholo, en Sudáfrica, el tejón de la miel Stoffel convirtió cada intento de encerrarlo en un juego. Su cuidador le quitó una a una sus escaleras; él siempre encontró otra.

Le quitaron ramas, árboles y piedras, y Stoffel, el tejón de la miel, siguió escapando

Al pie del muro ya no queda nada. Ni ramas, ni árboles, ni una sola piedra: Brian Jones las ha ido retirando una tras otra, cada vez que descubre para qué las usa el tejón de la miel que vive dentro del recinto. Parece el último movimiento de una partida muy larga.

No lo es. Al otro lado del tablero está Stoffel, y para Stoffel un muro desnudo todavía no es un muro imposible.

Un tejón de la miel, de cuerpo oscuro y manto gris claro sobre el lomo
Un tejón de la miel (Mellivora capensis), la especie de Stoffel. Foto: Bernard DUPONT / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Criado por un granjero, sin camino de vuelta

Jones cuidaba animales salvajes heridos en Moholoholo, un centro de rehabilitación del noreste de Sudáfrica que, según su página oficial, está junto al Mariepskop, en Hoedspruit. Allí llegó Stoffel, el primer tejón de la miel que acogió, como él mismo cuenta en Honey Badgers: Masters of Mayhem (2014), el episodio de la serie Nature de PBS coproducido con BBC Natural World y narrado por Daniel Stern.

Stoffel no venía del monte. Según el texto que Jones publicó en Africa Geographic en mayo de 2014, reproducido por Legends & Legacies of Conservation in Africa, lo había criado a mano un granjero de la zona, y quedó improntado con los humanos desde muy pequeño. El documental lo resume sin adornos: era «la mascota no deseada de otra persona, no apta para ser liberada». Esa crianza le cerró el regreso a la vida salvaje, y el centro se volvió su hogar. Uno del que quería salir a toda costa: Jones recuerda que Stoffel «causó caos en la casa» y que una vez se metió en ella a la una de la madrugada, hasta la puerta del dormitorio.

Para entender con quién se medía Jones hay que mirar a la especie. Según Animal Diversity Web, de la Universidad de Míchigan, el tejón de la miel pesa entre 8 y 12 kilogramos, menos que un perro mediano, y en su dieta figuran cobras del Cabo (Naja nivea). Sobrevive a mordeduras de serpientes elápidas, la familia de las cobras, que matarían a otros animales de su tamaño: según D. H. Drabeck, A. M. Dean y S. A. Jansa (2015), en la revista Toxicon, unas mutaciones en su receptor nicotínico de acetilcolina impiden que se una la α-neurotoxina del veneno.

Dos cerrojos y una cómplice

Su especie no se rinde fácil, y Stoffel no siempre trabajaba solo. La puerta de su recinto tenía dos cerrojos, y según Jones, Stoffel «ideó un plan»: él sostenía la puerta mientras una tejona, Hammie (su nombre aparece también como Hammy), trepaba y corría el primer cerrojo y después el segundo, el de arriba.

Ese mismo año, PBS Nature publicó un clip con un título que lo resume todo: No Lock Can Hold This Honey Badger, «ningún cerrojo puede retener a este tejón de la miel».

Un rastrillo, una rama y ningún árbol

Luego un cuidador olvidó un rastrillo dentro del recinto. Jones describe lo que siguió con detalle de testigo: Stoffel se rascó, se tumbó de lado, «pensando», se cargó el rastrillo a la espalda, lo apoyó contra el muro y salió por él.

Otra noche no hizo falta que nadie olvidara nada. Stoffel se la pasó doblando y retorciendo una rama hasta romperla, y la usó igual: apoyada contra el muro. Jones cortó las ramas. Después, quitó todos los árboles.

¿Y qué hizo el tejón? Según su cuidador, «desenterró las piedras y las hacía rodar con las patas traseras hasta el muro, hasta apilarlas lo bastante alto». La respuesta del centro fue tan directa como la del tejón. En palabras de Jones: «Así que quitamos todas las piedras».

Un cuidador con camisa caqui y botas polvorientas, de lado y de espaldas, levanta una piedra pesada hacia una carretilla
Quitar piedras a mano: cada escalera que Stoffel descubría terminaba fuera del recinto.

Una escalera hecha de suelo

Ya no quedaban ramas, ni árboles, ni piedras. Al tejón solo le quedaba el suelo que pisaba. Y entonces Stoffel dio el golpe maestro.

Jones lo cuenta así en el documental: Stoffel «se hizo una bola de barro, la palmeaba para hacerla más grande, la hizo rodar y se subió encima». Una sola bola, amasada con sus propias patas, convertida en escalón. Cada vez que le habían quitado una herramienta, había fabricado otra con lo que quedaba a su alcance; esta vez, lo único a su alcance era la tierra misma.

Un tejón de la miel adulto de cuerpo bajo y negro, manto gris claro y garras largas y curvas, a la luz plana del lowveld sudafricano
Cuerpo bajo, manto claro y garras largas: con patas así amasó Stoffel la bola de barro que le sirvió de escalón.

Un juego que nadie dio por perdido

¿Lo vivía Jones como una derrota? Él no lo cuenta así. «Para Stoffel era como un juego», dice en el episodio. «Cada vez que yo ideaba un plan, para él era un juego descubrir cómo superarlo».

Bolas de barro oscuro amontonadas al pie de un muro de recinto alto y revocado, sin ningún animal a la vista
Barro al pie de un muro. En el relato de Jones no hubo pila: bastó una sola bola, palmeada hasta crecer.

Tampoco era la primera construcción que se le quedaba chica. Según el texto de Jones de 2014, antes el Rotary Club había costeado una casa de ladrillo para Stoffel, y también se escapó de ella una y otra vez. ¿Cuántas fugas fueron en total? Ninguna de las fuentes lleva la cuenta. Todo lo que se sabe de ellas viene del testimonio de Jones, el que dio ante las cámaras y el que escribió, no de un estudio sistemático; el episodio completo, con su transcripción, está en la web de PBS.

¿Y en qué terminó la partida? Después de la bola de barro, Jones dio un paso que no quería dar: a regañadientes, añadió una cerca eléctrica al recinto. Si funcionó, el documental no lo dice. La historia queda abierta justo ahí: un plan nuevo del cuidador, y la respuesta de Stoffel sin contar.

Le quitaron las ramas, los árboles y las piedras, y cada vez Stoffel fabricó otra escalera con lo que quedaba a su alcance. La última salió del mismo suelo que pisaba.

¿Qué animal han visto resolver un problema con un ingenio que los dejó sin palabras?

Foto del tejón de la miel: Bernard DUPONT / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

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