En las estepas de Mongolia pasta un caballo bajo y robusto, de cabeza grande, cuello grueso y crin parada. Los mongoles lo llaman takhi, que quiere decir «espíritu». Verlo galopar ahí parece lo más natural del mundo, como si nunca se hubiera ido.
Pero se fue. A finales de los años sesenta no quedaba ni un solo caballo de Przewalski en libertad. Su regreso se debe a zoológicos, criadores, algunos vuelos y, en el capítulo más inesperado, a una decisión tomada con cuarenta años de anticipación.
Un caballo que no viene del nuestro
Lo primero que desconcierta del takhi es su parentesco. No desciende del caballo doméstico que conocemos: su linaje se separó hace miles de años. La diferencia se nota hasta en los cromosomas. El caballo de Przewalski tiene 66, dos más que cualquier caballo doméstico, que tiene 64.

Esa distancia llevó a presentarlo muchas veces como el último caballo verdaderamente salvaje, pero hoy la etiqueta está en discusión. En 2018, C. Gaunitz y colegas analizaron genomas antiguos y, según su estudio publicado en la revista Science (vol. 360, págs. 111-114), el ADN del takhi quedó ligado al de los caballos de Botai, una población de caballos antiguos. Qué tan «salvaje» es entonces su linaje sigue siendo una pregunta abierta.
Una estepa sin takhi
Su desaparición no fue un golpe único, sino una suma de golpes. El takhi fue cazado, desplazado por el ganado y castigado por inviernos brutales. A finales de los años sesenta ya no quedaba en las estepas, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasificó en su Lista Roja como «Extinto en Estado Silvestre»: una especie que solo sobrevive bajo cuidado humano.
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¿Cuántos quedaban? No unos pocos: en los zoológicos vivían cientos. Pero esa cifra escondía un problema serio. Todos los caballos de Przewalski que existen hoy descienden de apenas una docena de animales capturados en libertad alrededor de 1900. Una especie entera sostenida por un puñado de individuos.
Cuando una población viene de tan pocos fundadores, cada generación arriesga perder variantes genéticas por el camino. Y lo que se pierde, en principio, no vuelve.
De vuelta a Mongolia, a veces en avión
Contra todo pronóstico, la cría bajo cuidado humano funcionó. Zoológicos y criadores trabajaron con una herramienta común: el libro genealógico mundial de la especie, que lleva el Zoológico de Praga y que registra de quién desciende cada caballo.
En los años noventa empezaron los regresos. Algunos caballos viajaron a Mongolia en avión para volver a pisar las estepas donde su especie se había esfumado. El cambio quedó escrito en la Lista Roja de la UICN: en 2008, el caballo de Przewalski salió de la categoría «Extinto en Estado Silvestre», algo rarísimo, y en 2011 pasó a «En Peligro». Una flecha que, por una vez, apuntó hacia arriba.
Una apuesta congelada en 1980
Años antes de esos vuelos, en 1980, alguien tomó una decisión que entonces parecía casi un acto de fe: congelar células de un semental de Przewalski. No existía ninguna técnica capaz de convertir esas células en un caballo vivo. Guardarlas era apostar por una tecnología que todavía no existía.

Aquel semental no era uno más. Guardaba diversidad genética que la población viva ya había perdido: variantes que, entre los descendientes de aquella docena de fundadores, se habían ido quedando por el camino.

Las células esperaron cuarenta años. En 2020, según el anuncio de Revive & Restore, nació un potro llamado Kurt, clonado a partir de ellas. Un caballo de Przewalski vivo volvía a cargar genes que su especie había dejado de tener.
Aquí puedes ver a Kurt con pocas semanas de vida, en el video con el que Revive & Restore presentó al potro en 2020.
Lo gestó una madre de alquiler, y no fue una yegua de su especie: fue una yegua doméstica común, alta y de crin larga, que no se le parece en nada. Un takhi nacido de un animal cuyo linaje se separó del suyo hace miles de años.

De una docena a más de 2.000
¿Qué ha sido de Kurt desde 2020? ¿Sus genes ya pasaron a una nueva generación? Eso es algo que el anuncio de su nacimiento todavía no podía contar. Lo que sí está claro es el valor de aquel gesto de 1980: ningún vuelo ni ningún cruce cuidadoso podía devolverle a la especie una diversidad que ya no estaba en ningún caballo vivo.
Para quien quiera los datos completos hay tres puertas: la ficha de Equus ferus przewalskii en la Lista Roja de la UICN, con su estado de conservación; el anuncio de Revive & Restore (2020) sobre el nacimiento de Kurt; y el estudio de Gaunitz y colegas (2018) en Science, sobre la ascendencia del takhi.
¿Y en qué terminó todo? Hoy hay más de 2.000 caballos de Przewalski, y cientos volvieron a correr libres en Mongolia, en las mismas estepas que a finales de los años sesenta se habían quedado sin uno solo. Todos vienen de aquella docena de fundadores. Y desde 2020, la especie recuperó genes que ya había perdido.
El takhi es la prueba de que «extinto» no siempre es el final. A veces es solo una pausa, si alguien guarda la chispa el tiempo suficiente.
¿Conocías alguna otra especie que haya vuelto después de desaparecer de la naturaleza?
Foto del caballo de Przewalski: G. I. Riberger / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Revive & Restore (2020). Przewalski’s horse cloned: the birth of Kurt. reviverestore.org.
- UICN. Lista Roja: Equus ferus przewalskii. Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
- Gaunitz, C. y otros (2018). Ancient genomes revisit the ancestry of domestic and Przewalski’s horses. Science, 360: 111-114.

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