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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Humboldt vio anguilas eléctricas salir del barro para atacar caballos, y en más de dos siglos nadie volvió a describirlo

En una charca de los llanos venezolanos, Humboldt vio a unas anguilas eléctricas ir contra los caballos en vez de huir. Su relato se volvió famoso, aunque nadie volvió a describir esa conducta en más de dos siglos.

Humboldt vio anguilas eléctricas salir del barro para atacar caballos, y en más de dos siglos nadie volvió a describirlo

Es el 19 de marzo de 1800 y en los llanos de Venezuela la temporada seca está por terminar. Del agua queda poco: charcas de barro que se encogen bajo el sol. En una de ellas, cerca de Calabozo, quedaron atrapadas anguilas eléctricas, y Alexander von Humboldt acaba de llegar a la orilla.

Los pescadores de la zona no piensan meterse al agua mientras las anguilas puedan descargar. Tienen otro método, y para usarlo arrean hacia la charca a unos 30 caballos y mulas.

Grabado antiguo en blanco y negro con anguilas eléctricas atacando a caballos dentro de una charca
Anguilas eléctricas atacan a caballos en una charca, en un grabado del siglo XIX publicado en la edición alemana de 1859 del viaje de Humboldt. Grabado: J. H. Stewart y W. H. Lizars / Wikimedia Commons, dominio público.

Treinta caballos y mulas en el barro

La biografía de los hermanos Humboldt que H. Klencke y G. Schlesier publicaron en 1852 sitúa la escena en la aldea de Rastro de Abaxo, en las cercanías de Calabozo. El plan, tal como lo resume un artículo de la revista PNAS, era meter a los animales en la charca para que las anguilas gastaran en ellos sus descargas. Una vez agotadas, se las podía recoger sin peligro.

Para los caballos y las mulas fue cruel. «Muchos quedan aturdidos», escribió Humboldt en Aspects of Nature. Dos caballos se ahogaron —según el relato, en menos de cinco minutos— y otros salieron tambaleándose de la charca y se desplomaron.

Pero en medio del agua revuelta, Humboldt anotó un detalle que no encajaba. Las anguilas no huían. Salían del barro, subían a la superficie y se apretaban contra los caballos mientras descargaban; en su texto, se deslizaban bajo el vientre de los animales. Cuántas anguilas había, o cuántas se recogieron al final, es un dato que las fuentes no precisan.

Dos siglos sin otra escena parecida

Humboldt no lo publicó enseguida: según Science News, el relato salió impreso en 1807. Luego tomó vida propia. Se volvió famoso, se ilustró y se contó muchas veces, aunque, como recoge el mismo artículo de PNAS, algunos dudaron de su exactitud.

Ilustración en blanco y negro al estilo de un grabado antiguo: anguilas eléctricas salen de una charca fangosa y se lanzan contra caballos
Anguilas que emergen de la charca y se lanzan contra los caballos, al estilo de los grabados de la época: la escena se dibujó y se contó una y otra vez.

Lo más raro no fueron las dudas, sino el silencio: en más de 200 años, señala ese artículo, nadie volvió a describir una conducta parecida en anguilas eléctricas. El episodio de Calabozo seguía solo.

Una red con borde de metal

Hasta que Kenneth C. Catania, biólogo de la Universidad Vanderbilt, tuvo que cambiar de lugar a unas anguilas. Usó una red con borde y mango de metal y, según contó la universidad, se topó por casualidad con la conducta.

No fue el arrebato de una sola anguila. Según su estudio, al acercarse la red las anguilas pasaban una y otra vez de la huida a un ataque explosivo: saltaban hacia arriba por el borde y el mango, con el mentón pegado al metal, mientras lanzaban descargas de alto voltaje.

¿Cuándo lo vio por primera vez? Las fuentes no dan la fecha. El artículo llegó a la revista el 9 de marzo de 2016, así que probablemente fue antes de ese día. Más tarde, en una revisión de 2019 en Frontiers in Integrative Neuroscience, Catania recordaría el antecedente con una frase seca: «No todos creyeron su historia».

Una cabeza de aligátor llena de luces

Para medir los ataques, Catania usó una cabeza de aligátor de plástico con metal y luces LED; la nota de Vanderbilt menciona también un brazo de utilería. Cuanto más alto golpeaba la anguila, más luces se encendían.

Tanque de laboratorio con agua clara poco profunda y una cabeza de aligátor de plástico montada en el borde
Una cabeza de aligátor de plástico al borde de un tanque de agua poco profunda, en un montaje parecido al de los experimentos: cada salto se traduce en luz.

La física, según el estudio, explica el porqué. Bajo el agua, la descarga se dispersa. Cuando la anguila sale del agua, la corriente se desvía hacia el intruso. Más altura, más voltaje y más corriente.

¿De qué le sirve? Catania cree que el salto la defiende en la temporada seca, cuando queda atrapada en charcas pequeñas y expuesta a depredadores que llegan desde la orilla.

Charca pequeña y fangosa rodeada de barro seco y agrietado en una llanura con algunas palmas en el horizonte
Una charca que se encoge entre el barro agrietado de los llanos: al final de la sequía, lugares así dejan a una anguila sin a dónde huir.

Poca agua, temporada seca, amenazas en la orilla. Como en Calabozo.

Lo que Humboldt nunca escribió

En junio de 2016, 216 años después de aquel día en los llanos, Catania publicó su trabajo en PNAS (vol. 113, n.º 25, pp. 6979-6984) con un título que no esconde nada: «Leaping eels electrify threats, supporting Humboldt’s account of a battle with horses». Las anguilas que saltan electrifican a sus amenazas, y eso respalda el relato de Humboldt.

El estudio completo se puede leer gratis en línea y abre con un guiño al pasado: su primera figura es el frontispicio de 1843 del volumen V de Ichthyology, de R. H. Schomburgk, en The Naturalist’s Library, con la batalla de anguilas y caballos. Para conocer mejor a la especie, el Zoológico Nacional e Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian tiene una ficha de la anguila eléctrica.

Pero hay un detalle que cambia cómo se lee todo. Humboldt nunca escribió que las anguilas saltaran. Vio cuerpos que subían del barro y se apretaban contra los caballos mientras descargaban. El salto lo encontró Catania; lo que comparten las dos escenas es el gesto de fondo: una anguila que, frente al intruso, no se aleja, sino que se pega a él para descargar.

Quizá eso era lo que Humboldt estaba viendo en Calabozo: un pez acorralado en poca agua que, en vez de esconderse, sale a buscar a su amenaza. Hicieron falta más de dos siglos, una red con borde de metal y una cabeza de plástico llena de luces para que su relato dejara de estar solo.

¿Qué otro relato de los antiguos exploradores crees que la ciencia todavía no ha logrado comprobar?


Grabado de anguilas eléctricas y caballos: J. H. Stewart y W. H. Lizars / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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