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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

La cámara que filmó a un tigre de Tasmania sin saber que despedía a su especie

En diciembre de 1933, el naturalista David Fleay filmó durante casi 80 segundos a un tilacino en un zoológico de Hobart. Lo que vino después dice mucho sobre cómo se pierde una especie.

La cámara que filmó a un tigre de Tasmania sin saber que despedía a su especie

Hobart, Tasmania, diciembre de 1933. En una jaula del zoológico de Beaumaris, un tilacino camina de un lado a otro: cuerpo de lobo, franjas oscuras sobre el lomo, cola rígida. Frente a la jaula, el naturalista David Fleay lo sigue con una cámara.

El animal se detiene. Olfatea el aire. Y de pronto bosteza: abre las mandíbulas tanto que parecen desencajarse. Nadie en ese lugar imagina que su especie está a punto de apagarse.

Fotografía de archivo en blanco y negro de un tilacino en el zoológico de Beaumaris, en Hobart, en 1936
Un tilacino en el zoológico de Beaumaris, en Hobart, en 1936; no se sabe con certeza qué ejemplar es. Foto: Ben Sheppard / Tasmanian Archives (vía Wikimedia Commons), dominio público.

Ochenta segundos sin sonido

La película es muda, en blanco y negro, y dura casi 80 segundos. Según el Archivo Nacional de Cine y Sonido de Australia (NFSA), citado por ScienceAlert (2021), es la más larga de las diez filmaciones conocidas de tilacinos vivos: todo lo que queda de la especie en movimiento. En ella, el animal recorre su recinto, se echa, olfatea, se rasca y bosteza.

En 2021, el NFSA difundió una versión coloreada por Samuel François-Steininger, que se puede ver en esa misma nota. También circula una recopilación de casi tres minutos con filmaciones de tilacinos en Beaumaris, que incluye material de los años treinta.

Naturalista con abrigo de lana y sombrero, de espaldas y agachado, en una foto granulada en blanco y negro
Un naturalista de época, agachado y de espaldas: en 1933, ver de cerca a un tilacino ya era un privilegio raro.

Un lobo que no era lobo

No era lobo ni tigre. Era un marsupial y, según el Australian Museum, el único miembro de la familia Thylacinidae que llegó a tiempos modernos. Sus parientes vivos más cercanos son los dasiuromorfos, como el demonio de Tasmania y el numbat: estaba más cerca de ellos que de cualquier perro. La hembra criaba en una bolsa abierta hacia atrás, y hasta el macho tenía una bolsa parcial.

Su silueta de lobo es un ejemplo clásico de evolución convergente entre linajes de mamíferos separados desde hace muchísimo tiempo. Rovinsky, Evans y Adams (2021) añaden un matiz: en lo funcional, se parecía más a cánidos medianos como los chacales que al lobo.

Tampoco fue siempre isleño. Según White, Austin, Saltré y Bradshaw (2018), cuyo trabajo difundió la Universidad Flinders, desapareció de Australia continental hace unos 3.200 años (±50). Fósiles y arte rupestre muestran que antes vivió en toda Australia y en Nueva Guinea, recuerda el gobierno de Tasmania. La isla fue su último refugio.

Una libra por tilacino

Allí lo acusaron de matar ovejas. Los colonos lo culparon de pérdidas de ganado que, según el Departamento de Recursos Naturales y Medio Ambiente de Tasmania, se exageraron mucho. En 1830, una compañía colonial, la Van Diemen’s Land Company, empezó a pagar por cada tilacino muerto.

En 1888, el Parlamento de Tasmania fijó su propio precio: una libra por adulto y diez chelines por cría. ¿Cuántos pagó? Cuando el programa terminó, en 1909, sumaba 2.184 recompensas.

Libro de registro encuadernado, abierto sobre un mostrador de madera gastada en una oficina colonial, en blanco y negro
Un libro de registro abierto en una oficina colonial hacia 1900, cuando el gobierno de Tasmania todavía pagaba por cada tilacino muerto.

Hacia 1930 casi nadie volvía a verlos en libertad: ese año fue abatido en Mawbanna el último tilacino salvaje cuya muerte está confirmada, según Linnard y Sleightholme (2024). Los últimos en cautiverio estaban en Beaumaris, el zoológico de Hobart cuya historia de auge y caída repasó Australian Geographic (2026).

Cincuenta y nueve días

El 10 de julio de 1936, Tasmania protegió por fin a la especie por ley, según la cronología del gobierno de Tasmania. Por primera vez, la ley estaba del lado del tilacino.

Al final del invierno austral, el último tilacino del zoológico, quizá el mismo de la película, quedó sin acceso a su refugio para dormir, según un relato que hoy se discute. Quién lo dejó afuera, y si de verdad ocurrió así, no está claro. El 7 de septiembre de 1936 murió, probablemente de frío.

Habían pasado 59 días desde que la ley prometió protegerlo.

Medio siglo después, en 1986, la especie fue declarada extinta, según esa misma cronología. Durante décadas hubo dinero para perseguirlos. Para el último hubo una ley, y llegó cuando ya no alcanzaba.

¿Era el mismo de la película?

Ese «quizá» es la pregunta que deja la escena de 1933: ¿el animal que bosteza frente a Fleay fue el último de su especie?

Los investigadores no se ponen de acuerdo. Paddle y Medlock (Australian Zoologist, 2023), en un trabajo asociado al Tasmanian Museum and Art Gallery (TMAG), sostienen que no: el último fue una hembra vieja que el trampero Elias Churchill capturó y vendió al zoológico en mayo de 1936, y que vivió allí solo unos meses, no el macho filmado y fotografiado al que hoy llaman «Benjamin». Sus restos, perdidos durante décadas, aparecieron en un armario de museo, según Australian Geographic (2022). Para ellos, el de la película fue el penúltimo.

Hembra adulta de tilacino de pie sobre tierra apisonada dentro de un recinto de malla de alambre, en blanco y negro
Una hembra de tilacino tras la malla. Si Paddle y Medlock tienen razón, la última en cautiverio fue una hembra vieja.

Linnard y Sleightholme defienden lo contrario en un estudio de 52 páginas en Australian Zoologist (2023), donde examinan la evidencia sobre la identidad del último tilacino cautivo: para ellos fue un macho juvenil capturado por Dan y Roy Delphin el 7 de julio de 1930, el mismo de la película. El debate llegó a la prensa: ABC News (2023) informó de una investigación que ponía en duda las afirmaciones sobre el último tigre de Tasmania en cautiverio.

Lo único seguro es esto: el último tilacino conocido en cautiverio murió en Beaumaris el 7 de septiembre de 1936. Que fuera el mismo animal de la película es una de dos hipótesis en disputa.

Quizá nunca sepamos si fue el último. Pero en movimiento quedan unos segundos en blanco y negro: un animal que bosteza frente a una cámara que no sabía que estaba despidiendo a una especie entera.

¿Qué animal desaparecido te habría gustado ver con tus propios ojos, y por qué ese?


Foto del tilacino en el zoológico de Beaumaris (1936): Ben Sheppard / Tasmanian Archives (vía Wikimedia Commons), dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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