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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Hubo miles de millones de palomas migratorias; en 1914 quedaba una, y se llamaba Martha

En 1813, John James Audubon vio pasar bandadas de palomas migratorias durante tres días seguidos. Un siglo después, de aquellos miles de millones solo quedaba Martha, en el Zoológico de Cincinnati.

Hubo miles de millones de palomas migratorias; en 1914 quedaba una, y se llamaba Martha

Es otoño de 1813. John James Audubon viaja de Henderson a Louisville, en Kentucky, y cruza los Barrens a pocas millas de Hardensburgh. Es mediodía y la luz empieza a irse. No es una tormenta.

Son alas. Bandadas de palomas pasan sobre su cabeza, una detrás de otra, y no terminan de pasar. Al día siguiente todavía pasan. Y al otro también.

Un eclipse hecho de alas

Audubon lo dejó por escrito en su Ornithological Biography (1831): «la luz del mediodía se oscureció como por un eclipse», y las palomas siguieron pasando «sin disminuir» durante tres días seguidos. El pasaje completo, en inglés, lo puedes leer en la reproducción que publicó W. B. Mershon en 1907. Conviene tomarlo como lo que es: el relato de un testigo, no una medición.

Eran palomas migratorias, quizá el ave más abundante de Norteamérica. Según National Geographic Education (2014), cuando llegaron los europeos había entre 3.000 y 5.000 millones, entre el 25 % y el 40 % de todas las aves del continente. El Zoológico de Cincinnati habla incluso de más de 5.000 millones a principios del siglo XIX. Son estimaciones, no censos, pero todas apuntan a la misma escala.

Fotografía antigua de Martha, la última paloma migratoria conocida
Martha, la última paloma migratoria conocida. Foto: Smith Bennett / Wikimedia Commons, dominio público.

Hasta cien nidos en un solo árbol

Era veloz: los observadores le calcularon hasta 97 km/h (60 millas por hora), una velocidad máxima y no la de crucero, de acuerdo con National Geographic Education. Recorría los bosques de hayas y robles tras las grandes cosechas de bellotas y hayucos, y comía también castañas y otros frutos, explica Audubon Magazine.

Y anidaba en colonias descomunales. En 1871, una sola ocupó unas 850 millas cuadradas (unos 2.200 km²) del centro de Wisconsin, en forma de V entre Black River Falls, Wisconsin Dells y Wisconsin Rapids. Se estima que allí anidaron unos 136 millones de adultos; es la mayor anidación registrada, según PBS Wisconsin, que se apoya en el trabajo de Schorger (1955).

En colonias así, un solo árbol podía sostener decenas de nidos: «No era raro ver de 50 a 100 nidos en un árbol», anota la Comisión de Caza de Pensilvania.

Grabado en tinta negra de estilo periodístico: un roble entero, del tronco a la copa, en un bosque de Wisconsin durante una gran colonia de anidación de palomas migratorias
Un roble en plena colonia de anidación, dibujado como en un grabado de prensa del siglo XIX: en esos bosques, un solo árbol podía cargar hasta cien nidos.

Y, sin embargo, cada hembra ponía un solo huevo por nidada. Ambos padres alimentaban al pichón con una «leche» que producen en el buche, como recuerda R. W. Storer en un artículo de The Auk (2005); Ehrlich, Dobkin y Wheye repasan ese alimento tan particular en su ensayo «Bird Milk» (1988).

Lo que las hacía fuertes las delató

Vivir juntas era su fuerza, y también su punto débil: una colonia de millones de aves no se esconde. Según Yale Environment 360, gracias al telégrafo los cazadores profesionales se enteraban enseguida de cada anidación nueva; el ferrocarril los llevaba hasta allí y después transportaba las aves a los mercados.

A la caza comercial se sumó la pérdida de bosque, y el desplome fue rapidísimo: de miles de millones en la década de 1860 se pasó a apenas unos miles hacia 1890, según la misma fuente. La última paloma silvestre abatida con registro aceptado, conocida como «Buttons», murió en el condado de Pike (Ohio) en 1900, recuerda Audubon Magazine; algunas fuentes citan otra en Laurel (Indiana), el 3 de abril de 1902.

Después de 1900 solo quedaba una población cautiva, en el Zoológico de Cincinnati, y los intentos de cría fracasaron, según el propio zoológico. Cuántas aves formaban aquel último grupo no consta en los registros citados aquí.

Una percha cada vez más baja

Entre ellas vivía Martha, llamada así por Martha Washington. Había nacido en cautiverio: creció en la colección de Charles Otis Whitman en Chicago o en las bandadas de Milwaukee o de Chicago, según la versión, antes de llegar al grupo de Cincinnati, cuenta National Geographic Education. Convivió con otras palomas de su especie, pero probablemente nunca vio volar una bandada salvaje.

Fotografía de aspecto antiguo en blanco y negro de un cuidador con uniforme oscuro, gorra y mangas remangadas, agachado dentro de un aviario de malla metálica
Un cuidador agachado en un aviario de malla, hacia 1912. Gente con ese oficio atendió a las últimas palomas migratorias en cautiverio.

El 10 de julio de 1910 murió George, su último compañero, según Yale Environment 360. Desde entonces, Martha fue la última paloma migratoria conocida. Se ofrecieron 1.000 dólares a quien le encontrara pareja. Nadie pudo cobrarlos. En 1912, ya sola, la fotografiaron viva en el zoológico; esa imagen, publicada en 1921, todavía permite verla.

Envejeció en su percha. Un derrame la dejó débil, y sus cuidadores le bajaron la percha a pocos centímetros del suelo para que no tuviera que volar, como recogen los recuerdos de Martha que reunió la National Audubon Society (2014). Los visitantes seguían llegando a ver a la última.

Fotografía de aspecto antiguo en blanco y negro de una percha de madera sencilla colocada a pocos centímetros del suelo de aserrín, dentro de un aviario de malla metálica
Una percha de madera casi a ras del aserrín, en un aviario de época. La de Martha quedó así de baja para ahorrarle el vuelo.

Una extinción con fecha y casi hora

El 1 de septiembre de 1914, a la 1 de la tarde, Martha murió con 29 años, según National Geographic Education. Habían pasado algo más de cuatro años desde la muerte de George. Ese día no se fue un ave: se fue una especie entera, una de las pocas cuya extinción tiene fecha y casi hora.

¿Y qué fue de ella? Su cuerpo no se perdió: hoy Martha se conserva en el Smithsonian. Un siglo después de su muerte, National Geographic titulaba que las palomas migratorias seguían siendo un ícono.

De aquellos miles de millones queda ella. Martha es lo que resta de un cielo que, una vez, tardó tres días en terminar de pasar.

¿Qué especie de hoy crees que necesita que la miremos con atención antes de que su historia se parezca a la de Martha?

Foto de Martha: Smith Bennett / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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