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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Una manada de elefantes llegó a las afueras de una ciudad de siete millones, y nadie sabe por qué salió de su selva

Una manada de elefantes asiáticos salió de su selva en el sur de China y llegó a las afueras de Kunming, con una cría nacida en el camino. Miles de personas la siguieron día y noche; lo que nadie vio fue la razón del viaje.

Una manada de elefantes llegó a las afueras de una ciudad de siete millones, y nadie sabe por qué salió de su selva

Una cría de elefante asiático pasó los primeros ocho meses de su vida en el camino. Nació a mitad de un viaje, fuera de la selva de su manada, y en ese viaje conoció carreteras, campos sembrados y calles de aldea.

Su manada iba hacia el norte, rumbo a pueblos y ciudades donde un elefante podía herir a alguien o terminar herido. Miles de personas llegarían a seguirla día y noche para evitarlo. Mirarla tanto tiempo no iba a ser lo mismo que entenderla.

Una elefanta asiática camina con su cría por un claro verde junto a la selva
Una elefanta asiática camina con su cría por un claro junto a la selva, en Tailandia. Foto: tontantravel / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Diecisiete en Mojiang

El viaje empezó a comienzos de 2020 en Xishuangbanna, una reserva de selva tropical en la provincia de Yunnan. Dieciséis elefantes asiáticos salieron de ella y empezaron a alejarse.

Manada de elefantes asiáticos de distintos tamaños, con dos crías, entre matorrales verdes y tierra rojiza
Elefantes asiáticos adultos, jóvenes y crías entre la maleza y la tierra rojiza de Yunnan, la provincia donde empezó el viaje.

Para diciembre estaban en el condado de Mojiang. Ahí nació la cría, y la manada pasó a ser de diecisiete.

En abril de 2021, el grupo tomó rumbo al norte y se partió. Dos adultos se apartaron y regresaron a Mojiang. Los otros quince, con la cría entre ellos, siguieron adelante.

Las dos de la madrugada

Desde ese momento, el camino de los quince pasó por donde vivía la gente. De noche entraban en pueblos y zonas urbanas, y a veces llegaban a meterse en las casas.

A su paso quedaban cultivos arrasados. En apenas seis semanas, entre mediados de abril y finales de mayo, arruinaron sembradíos que juntos ocuparían unas ochenta canchas de fútbol, y las pérdidas pasaron de un millón de dólares.

Huellas redondas y hondas, llenas de agua, cruzan un maizal aplastado hacia una casa de campo
Huellas hondas llenas de agua y cañas de maíz quebradas junto a una casa de campo: el rastro que deja una manada de elefantes al atravesar un sembradío.

A finales de mayo entraron en el condado de Eshan, y ahí aparecieron entre las casas a las dos de la madrugada. El 27 de mayo, cuando todavía estaban en Eshan, los separaban ciento veinte kilómetros de Kunming, una ciudad de siete millones de personas. Y seguían caminando hacia ella.

Camiones en la carretera

Cinco días después, el 1 de junio, los elefantes ya caminaban por las afueras de Kunming, a unos veinte kilómetros de la ciudad.

Entonces las autoridades se pusieron en marcha también. Para el 2 de junio, más de 360 personas, decenas de patrullas y camiones y nueve drones trabajaban alrededor de la manada.

Su tarea era que los elefantes no llegaran a las casas. Cortaban calles, atravesaban camiones en las carreteras y dejaban comida para llevar a la manada hacia otro lado. Los drones no la perdían de vista ni de día ni de noche.

De noche, un trabajador con linterna en la cabeza maneja un dron junto a un camión atravesado en una carretera rural
Un dron en el cielo nocturno y un camión atravesado en la carretera: vigilar desde el aire y cerrar el paso en tierra para que una manada no llegue a las casas.

Hasta entonces no había ningún herido. Con la ciudad tan cerca, cualquier noche podía cambiar eso.

Una siesta en Xiyang

El 6 de junio, en las afueras de Kunming, un macho joven se apartó de la manada y siguió por su cuenta.

Al día siguiente, en un bosque del municipio de Xiyang, un dron encontró a los demás dormidos. Estaban echados en el suelo, todos juntos, y en medio había una cría rodeada por tres adultos. Era la primera vez que los drones los captaban durmiendo así.

Esas imágenes se vieron en todo el mundo. Después de semanas de cultivos arrasados y días de calles cortadas, lo que mostraban era una manada que descansaba con una cría en el centro.

Mientras tanto, el macho seguía solo, en algún lugar fuera de esa toma.

De vuelta al sur

El macho anduvo solo más de un mes. El 7 de julio, en Yuxi, las autoridades lo sedaron y lo llevaron de vuelta a Xishuangbanna.

Los otros catorce terminaron dando la vuelta caminando. El 8 de agosto cruzaron el río Yuanjiang, rumbo a la selva de la que habían salido.

Vista aérea del río Yuanjiang, de agua rojiza, serpenteando entre montes verdes
El río Yuanjiang, de agua rojiza, serpentea entre montes verdes. Foto: 瑞丽江的河水 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Detrás quedaban más de un año de viaje y unos quinientos kilómetros. Para cuidar ese paso se habían movilizado más de veinticinco mil trabajadores y policías, gente suficiente para llenar un estadio de fútbol mediano. El 2 de junio, nueve drones los seguían; para el día del cruce, la cuenta total llegaba a 973.

Y en todo ese camino, entre aldeas, sembradíos y las afueras de una ciudad de millones, ningún elefante y ninguna persona terminaron heridos.

Lo que nadie tenía, a esa altura, era la razón del viaje.

Chen Mingyong, profesor de la Universidad de Yunnan, planteó que la líder tenía poca experiencia y que la manada se había desorientado en la marcha.

Otra explicación miraba hacia la selva de origen. A medida que crecen los árboles grandes, el bosque se cierra y a los elefantes les cuesta más encontrar las hierbas y plantas bajas que comen: la selva crecía, y aun así había menos para comer.

Ninguna de las dos está probada.

La cría que nació en Mojiang cruzó el Yuanjiang con unos ocho meses de vida, junto a los otros trece. Todavía no conocía la selva de su manada: su mundo habían sido aldeas dormidas, carreteras cortadas con camiones y un cielo con drones. Ahora caminaba hacia el sur, hacia el lugar donde empezó todo y donde, quizá, sigue escondida la razón que ningún dron alcanzó a ver.

Fotos de una elefanta asiática con su cría (tontantravel / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0) y del río Yuanjiang (瑞丽江的河水 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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