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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Nadie caza a la vaquita marina y, aun así, en 2025 solo se contaron entre 7 y 10

La marsopa más pequeña del mundo nunca ha sido presa de nadie y, aun así, desaparece en las redes ilegales que buscan a otro pez. Esto es lo que encontró el censo de 2025 en el golfo de California.

Nadie caza a la vaquita marina y, aun así, en 2025 solo se contaron entre 7 y 10

Ningún barco ha salido nunca a buscarla. Ninguna pesca la tiene como objetivo y nadie ha tendido una red pensando en ella. Y, sin embargo, la vaquita marina está desapareciendo del único lugar del planeta donde vive: el norte del golfo de California, en México.

Cada año, un equipo de científicos sale a ese mar a buscarla con los ojos y con el oído. Lo que encuentra ya no se cuenta en cientos. Para entender por qué, hay que conocerla primero.

Tres cráneos cerca de San Felipe

Es tan esquiva que la ciencia no la describió hasta 1958. Ese año, Kenneth S. Norris y William N. McFarland la presentaron en el Journal of Mammalogy a partir de tres cráneos recogidos cerca de San Felipe, en Baja California.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es la marsopa más pequeña del mundo: apenas llega a 1,50 m y pesa unos 50 kg. La ficha de especie de NOAA Fisheries, la agencia de pesquerías de Estados Unidos, le da entre 4 y 5 pies, unos 1,2 a 1,5 m. Su cara no se olvida: manchas negras alrededor de los ojos y de los labios, como si se las hubiera pintado.

Dos vaquitas nadando en la superficie del mar en el Alto Golfo de California
Dos vaquitas en el Alto Golfo de California, en octubre de 2008. Foto: Paula Olson, NOAA / Wikimedia Commons, dominio público.

La respuesta nadaba a su lado

En 1997, un censo estimó que quedaban unas 567 vaquitas, con un margen amplio: entre 177 y 1.073, con un 95 % de confianza. La estimación, que recoge la UICN, la publicaron Jaramillo-Legorreta, Rojas-Bracho y Gerrodette en Marine Mammal Science en 1999.

¿Qué se las estaba llevando? Las redes legales de camarón y de otros peces ya mataban vaquitas, pero el desplome llegó con otro pez: la totoaba. Según el estudio de Jaramillo-Legorreta y colegas (2019) en Royal Society Open Science, la pesca ilegal de totoaba con redes de enmalle resurgió hacia 2010, y desde entonces la población cayó alrededor de un 34 a un 48 % cada año.

Lo que se busca de la totoaba es su buche seco, la vejiga natatoria. De acuerdo con la Global Initiative Against Transnational Organized Crime (2025), puede venderse entre 20.000 y 81.000 dólares el kilo; un estudio de la Universidad de California en Santa Bárbara (2025) habla de hasta 80.000 dólares el kilo en los mercados finales de China.

Las redes que se tienden para atrapar a la totoaba son muros invisibles bajo el agua. La vaquita comparte esas aguas y necesita salir a respirar: según NOAA Fisheries, muere enredada en redes de enmalle puestas para otras especies.

Binoculares gigantes y oídos bajo el agua

Por eso, cada año, el gobierno de México y Sea Shepherd Conservation Society salen a contarlas, con la única pausa de la pandemia. En el monitoreo de 2025 participaron la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Secretaría de Marina (SEMAR), la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), con 14 investigadores de México y Estados Unidos bajo la dirección científica de Barbara Taylor, bióloga de NOAA.

Del 2 al 30 de septiembre de 2025, los observadores recorrieron el Alto Golfo a bordo del Seahorse y del Bob Barker, pegados a binoculares de 25 aumentos, los llamados big eyes, en busca de una aleta pequeña entre las olas.

Observador con sombrero, camisa de manga larga y chaleco salvavidas mira por unos binoculares gigantes montados en un pedestal, en la cubierta de un barco frente a un mar picado
Un observador barre el mar desde la cubierta con binoculares de pedestal, la mitad visual del censo.

Bajo el agua, la escucha había empezado antes. Entre el 24 de mayo y el 29 de septiembre se colocaron 1.228 detectores acústicos en 497 sitios. Esos equipos captaron los clics de ecolocalización de las vaquitas en 254 encuentros acústicos.

Manos con guantes sostienen, sobre la cubierta mojada de un barco, un detector acústico cilíndrico recién sacado del mar, con algas, restos de percebes y una cuerda de amarre
Un detector vuelve a cubierta con lo que oyó en el fondo; entre esos sonidos pueden estar los clics de una vaquita.

Entre 7 y 10, como mínimo

Con todo eso, en 2025 sumaron entre 7 y 10 vaquitas. No es un conteo cerrado: según los resultados oficiales del monitoreo, donde están los datos completos, ese rango salió de una consulta formal a expertos, tiene una probabilidad del 67 % y se presenta como un número mínimo de supervivientes. En 2024 la cifra fue de 6 a 8, y en 2023, de 8 a 12.

¿Dónde estaban? Casi todas dentro de la Zona de Tolerancia Cero, el refugio creado para ellas, o muy cerca: en Florence 0, en la zona de ampliación y en el límite occidental del refugio, según Expansión Política. También hubo detecciones fuera, sobre todo hacia el noroeste. Son, como las describió NOAA Fisheries, supervivientes que escapan de la extinción más tiempo del esperado.

La hembra de la aleta doblada

Pero en ese mar apareció Frida. Es una hembra adulta de cerca de 1,5 m que se reconoce por su aleta dorsal doblada; fue Barbara Taylor quien le puso el nombre, como contó a Inside Climate News. Esta vez no nadaba sola: junto a ella iba una cría de alrededor de un año.

Una vaquita adulta y su cría salen juntas a respirar en el agua gris del norte del golfo de California, la cría pegada al costado de la madre
Una vaquita adulta y su cría suben juntas a respirar, costado con costado: cada pareja así es una generación más en camino.

No era su primera cría. Según los resultados del monitoreo, Frida ya había tenido crías en 2023 y en 2024, y Taylor cree que podría estar preñada otra vez. En total, en 2025 se documentaron al menos una o dos crías. En una especie que se cuenta con los dedos de las manos, cada nacimiento pesa.

Todavía no se sabe si la cría de Frida llegará a adulta; eso tendrá que contarlo el próximo censo.

Frida no sabe que es una de las últimas. Solo sabe nadar al lado de su pequeña, entre redes que nunca la buscaron a ella, y regalarle a su especie un año más.

¿Conocías a la vaquita antes de hoy? ¿Qué crees que haría falta para que la cría de Frida llegue a adulta?


Foto de las dos vaquitas: Paula Olson, NOAA / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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