Es de noche, es el otoño de 1992 y un biólogo espera a oscuras junto a un arroyo por el que suben los salmones. Se llama Tom Reimchen y acaba de cambiar su horario: ahora vive de noche para poder seguir a los osos negros, como recuerda el reportaje «Salmon Trees», de Hakai Magazine. El arroyo está en Bag Harbour, en Haida Gwaii, un archipiélago de la costa de Columbia Británica, en Canadá.
Lo que Reimchen va a encontrar no está en el agua, sino entre las raíces del bosque. Y ayudará a explicar por qué algunos árboles crecen tanto junto a ciertos arroyos.
Una mandíbula por cada salmón
Un oso negro entra al arroyo, atrapa un salmón vivo y se lo lleva a la orilla o al suelo del bosque, como describen Reimchen y C. H. Fox en su estudio de 2013. Según Mathewson y colegas (2003), la mayoría de esos peces termina en la orilla y el oso solo come una parte.

El trabajo que Reimchen publicó en 2000, con datos de 1992 a 1994 en la isla Moresby, detalla que los osos comían sobre todo el cerebro, los huevos y el lomo, y dejaban las vísceras y los huesos. Entre esos huesos estaba la mandíbula, una por pez, y eso la volvía muy útil: sumar mandíbulas era sumar salmones.
En 1993, la cuenta llegó a 4.281 salmones: el 74 % de los que habían entrado al arroyo, tres de cada cuatro. Según Reimchen y Fox (2013), ese año ocho osos subieron a la orilla 3.100 salmones, unos 10.700 kilos de pescado, y comieron cerca de la mitad de cada uno. Miles de salmones quedaron abandonados entre las raíces.
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Una marca que viene del mar
Quedaba la pregunta de fondo: ¿los árboles aprovechaban esos restos? Los salmones crecen en el océano, y su cuerpo trae una marca del mar: más nitrógeno-15, una forma pesada del nitrógeno que se puede rastrear; Rammell y colegas (2021) la encontraron incluso en insectos que viven cerca de los ríos de desove. Y el nitrógeno, el mismo nutriente que traen los abonos, suele ser lo que les falta a los bosques templados del noroeste del Pacífico para crecer, según Reimchen y Fox (2013).
En los ríos que estudiaron Mathewson y colegas (2003), las plantas que crecían debajo de las cascadas, hasta donde llega el salmón, tenían más nitrógeno-15 que las de arriba.
Más al norte, en la isla Chichagof, en el sureste de Alaska, otros investigadores encontraron esa marca en hojas y agujas. J. M. Helfield y R. J. Naiman calcularon que, junto a los ríos con salmón, entre el 22 y el 24 % del nitrógeno de árboles y arbustos venía de los peces, según su artículo en Ecology (2001) y el comunicado de la Universidad de Washington que lo presentó: casi una cuarta parte.
86 años contra 300
En esas mismas orillas, las píceas de Sitka, unas coníferas parecidas a los pinos, crecían más del triple de rápido que junto a ríos sin salmón, según el comunicado de la universidad y una nota de Nature News (2001). Con salmón, una pícea llegaba a 50 centímetros de grosor en 86 años, una vida humana larga; sin salmón, tardaba unos 300, según A. Post (2008) en Alaska Fish & Wildlife News.
Cuatro siglos escritos en la madera
Faltaba volver a Haida Gwaii, al bosque donde Reimchen seguía a los osos. En Bag Harbour, él y Fox analizaron los anillos de píceas de Sitka con edades medias de 380 y 445 años, en un artículo de 2013 que se puede leer completo. Cada anillo corresponde a un año de vida del árbol.

La marca del mar llegaba hasta la madera. El nitrógeno-15 de los anillos seguía el mapa de los restos de salmón: era más alto justo donde los osos dejaban más peces. Y allí los anillos eran más anchos, es decir, los árboles habían crecido más cada año. Hoy el laboratorio de Reimchen en la Universidad de Victoria reúne este trabajo en The Salmon Forest Project.
Cuando la pícea vuelve al río
Pero lo más asombroso ocurre cuando una pícea gruesa cae al río. Su tronco forma pozas donde se refugian los salmones jóvenes, explica Post (2008).
Ahí se cierra el círculo. Según Helfield y Naiman (2001) y el comunicado de la Universidad de Washington, el nitrógeno del salmón mejora el hábitat de las generaciones siguientes de peces: con salmón, los troncos grandes se forman en menos de un siglo; sin él, hacen falta más de tres. Los salmones de hoy alimentan los árboles que protegerán a los salmones de las próximas generaciones.
Y en el centro del círculo están los osos. En Haida Gwaii, los osos negros son los que más salmón llevan al bosque, según Reimchen y Fox (2013). En Alaska, un modelo de Helfield y Naiman (2006) para un río estimó que el nitrógeno que llega al bosque aumenta mucho solo cuando están juntos el salmón y el oso.
En el norte del Pacífico, los árboles de la orilla están hechos, en parte, de océano. En sus anillos más anchos hay nitrógeno de salmones que crecieron en el mar. Y fueron sobre todo los osos quienes subieron esos salmones hasta sus raíces.
¿Conoces otro animal que, sin saberlo, alimente un bosque, un río o un campo entero? Cuéntanos cuál y cómo lo hace.
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Helfield, J. M. y Naiman, R. J. (2001). Effects of salmon-derived nitrogen on riparian forest growth and implications for stream productivity. Ecology 82(9): 2403-2409. https://esajournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1890/0012-9658(2001)082[2403:EOSDNO]2.0.CO;2
- Universidad de Washington (2001). New study shows that salmon «feed» the very forests that nurture them. Comunicado publicado en ScienceDaily. https://www.sciencedaily.com/releases/2001/09/010921080516.htm
- Nature News (2001). Fish fertilize trees. Nature. https://www.nature.com/news/2001/011001/full/news011004-4.html
- Post, A. (2008). Why fish need trees and trees need fish. Alaska Fish & Wildlife News, Alaska Department of Fish and Game. https://www.adfg.alaska.gov/index.cfm?adfg=wildlifenews.view_article&articles_id=407
- Reimchen, T. E. (2000). Some ecological and evolutionary aspects of bear-salmon interactions in coastal British Columbia. Canadian Journal of Zoology 78(3): 448-457. https://cdnsciencepub.com/doi/10.1139/z99-232
- Reimchen, T. E. y Fox, C. H. (2013). Fine-scale spatiotemporal influences of salmon on growth and nitrogen signatures of Sitka spruce tree rings. BMC Ecology 13: 38. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3850941/
- Mathewson, D. D., Hocking, M. D. y Reimchen, T. E. (2003). Nitrogen uptake in riparian plant communities across a sharp ecological boundary of salmon density. BMC Ecology 3: 4. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC156615/
- Helfield, J. M. y Naiman, R. J. (2006). Keystone interactions: salmon and bear in riparian forests of Alaska. Ecosystems 9: 167-180 (ficha y resumen en EPA HERO). https://hero.epa.gov/hero/index.cfm/reference/details/reference_id/2507795
- Rammell, N. F., Dennert, A. M., Ernst, C. M. y Reynolds, J. D. (2021). Effects of spawning Pacific salmon on terrestrial invertebrates: insects near spawning habitat are isotopically enriched with nitrogen-15. Ecology and Evolution. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8462137/
- Hakai Magazine (s. f.). Salmon Trees. Reportaje con entrevista a Tom Reimchen. https://hakaimagazine.com/features/salmon-trees/

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