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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

El Solitario George murió como el último de su especie, y quizá no lo era

En 2012 murió el Solitario George, la última tortuga conocida de la isla Pinta, y su especie se dio por extinta. Cinco meses después, la genética encontró en Galápagos una pista que nadie esperaba.

El Solitario George murió como el último de su especie, y quizá no lo era

Es el 24 de junio de 2012, en Galápagos. Fausto Llerena entra al corral de la tortuga gigante que cuida desde hace muchos años y la encuentra muerta, como relata la Fundación Charles Darwin. Es el Solitario George, la última tortuga conocida de la isla Pinta.

Con él, la especie se da oficialmente por extinta, según Galapagos Conservancy. Su muerte parece un punto final. Pero cinco meses después, un análisis de ADN hecho por genetistas de la Universidad de Yale pondría en duda lo que todos daban por seguro: que George fuera de verdad el último.

El Solitario George, tortuga gigante de la isla Pinta, fotografiado en 2009
El Solitario George en 2009, tres años antes de su muerte. Foto: putneymark / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Cuatro décadas sin otra tortuga de Pinta

George apareció en 1971. Lo encontraron József y Maria Vágvölgyi, que recorrían Pinta en busca de caracoles, según la Fundación Charles Darwin. Su isla había cambiado mucho: en 1959 se soltaron allí tres cabras, y para 1970 ya eran unas 40.000, según Galapagos Conservancy. Desde 1972, George vivió en el Centro de Tortugas.

Se buscó otra tortuga de Pinta, sin éxito, cuenta la Fundación Charles Darwin. Nunca apareció otra pura. A falta de una compañera de su especie, llevaron a su corral a dos hembras de otra especie, traídas del volcán Wolf, en la isla Isabela. En 2008, una de ellas puso 13 huevos. Ninguno era viable.

Huevos blancos y redondos de tortuga gigante, semienterrados en un hoyo poco profundo de tierra seca dentro de un corral
Huevos de tortuga gigante en la tierra seca de un corral. De los 13 que puso una de las compañeras de George en 2008, ninguno era viable.

Diecisiete entre más de 1.600

En noviembre de 2012, genetistas de la Universidad de Yale revelaron que en el volcán Wolf vivían tortugas con genes de tortugas de Pinta. No eran tortugas puras de la especie de George, sino híbridas: parte de su herencia venía de Pinta. Lo anunció un comunicado de Yale News el 15 de noviembre, y el estudio de Edwards y colegas se publicó en la revista Biological Conservation (2013).

Habían analizado más de 1.600 tortugas del volcán; National Geographic dio la cifra exacta: 1.667. Diecisiete llevaban genes de Pinta, apenas una de cada cien. El resumen del estudio añade que entre ellas había posibles híbridos de primera generación, es decir, tortugas que tendrían a uno de sus progenitores puro de Pinta.

Y había un detalle más: era el mismo volcán de donde venían las dos hembras que compartían el corral de George.

Tortugas arrojadas al agua en la bahía Banks

¿Cómo llegaron genes de Pinta a otra isla? Los llevaron los barcos.

En el siglo XIX, balleneros y marinos cargaban sus bodegas con tortugas gigantes vivas. Como pueden pasar hasta un año sin comer ni beber, eran carne fresca para travesías largas, explica Galapagos Conservancy. Según Yale News, barcos balleneros y de guerra dejaron en la bahía Banks, junto al volcán Wolf, tortugas de otras islas.

En un artículo de 2016 en The Conversation, Caccone y Beheregaray explican qué pasaba allí: para aligerar los barcos, echaban al agua montones de tortugas que venían de Floreana y de Pinta. Muchas alcanzaron la orilla y se cruzaron con las tortugas del volcán. Así, en una isla que no era la suya, la herencia de Pinta siguió pasando de una generación a otra.

Costa rocosa de basalto negro al pie de un volcán de laderas secas y pardas, con olas pequeñas rompiendo contra la lava bajo nubes bajas
Una costa de lava como la de la bahía Banks, al pie del volcán Wolf. A orillas así llegaban las tortugas que los barcos echaban al agua.

Cinco tortugas demasiado jóvenes

Los cruces no se quedaron en el pasado: siguieron hasta hace poco. De las 17 tortugas con genes de Pinta, cinco eran juveniles, según Yale News, de menos de 20 años, según National Geographic.

Las muestras se habían tomado en 2008, de acuerdo con Caccone y Beheregaray. O sea que esas cinco tortugas nacieron después de 1988, cuando George ya llevaba más de quince años en el Centro de Tortugas. Galapagos Conservancy estimaba la edad de George en más de cien años. Para un animal que puede vivir más de un siglo, menos de 20 años es la niñez. Mientras lo creían el último, en el volcán Wolf seguían naciendo tortugas con genes de su especie.

Una hembra joven y una sospecha en el volcán

Pero lo más llamativo llegó en 2020. En febrero de ese año, como informó Euronews, la Dirección del Parque Nacional Galápagos anunció que una expedición al volcán Wolf había vuelto con una hembra joven con alta carga genética de Chelonoidis abingdonii, la tortuga de Pinta.

Un guardaparques con sombrero de ala ancha y camisa caqui, arrodillado sobre lava negra entre matorrales espinosos, escribe en una libreta de campo
Un guardaparques toma notas sobre la lava de un volcán de Galápagos. Gracias a expediciones como la de 2020 al volcán Wolf se puede seguir el rastro de las tortugas de Pinta.

El comunicado del Parque Nacional Galápagos va más lejos: se presume que la hembra podría descender directamente de una tortuga pura de Pinta que posiblemente aún vive en el volcán. La joven quedó en el Centro de Crianza Fausto Llerena. El nombre ya lo conoces: es el del cuidador que encontró a George en su corral.

El Parque no precisa qué tan directo sería ese parentesco, si se trataría de una hija o de una descendiente más lejana. Pero la posibilidad quedó abierta: esa tortuga pura de Pinta quizá siga viva en el volcán.

Despedimos a George como el último de su especie, y durante cuatro décadas fue, para nosotros, el único. Pero otras tortugas de Pinta habían viajado en las bodegas de los barcos, habían alcanzado la orilla de otra isla y dejaron descendientes que seguían naciendo en las laderas de un volcán. Quizá George no fue el último. Quizá solo fue el último que vimos.

Si de una especie solo quedaran híbridos y, quizá, un ejemplar puro perdido en un volcán, ¿la seguirías llamando extinta?


Foto del Solitario George: putneymark / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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