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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

La noche de 1981 en que un arrecife de la Gran Barrera empezó a nevar hacia arriba

En octubre de 1981, unos jóvenes biólogos vieron un arrecife de Magnetic Island nevar hacia arriba. Así empezó a descifrarse cómo más de cien especies de coral, sin ojos ni cerebro, se ponen de acuerdo para desovar.

La noche de 1981 en que un arrecife de la Gran Barrera empezó a nevar hacia arriba

Es octubre de 1981 y es de noche en Magnetic Island, una isla australiana en plena Gran Barrera de Coral. Un grupo de jóvenes estudiantes de biología marina vigila los corales de una de sus bahías. Entonces el arrecife empieza a nevar. Pero esta nieve no cae: sube.

Lo que vieron esas noches cambió lo que se sabía sobre la reproducción de los corales. Y dejó abierta una pregunta que todavía se investiga: cómo hacen seres sin ojos ni cerebro para ponerse de acuerdo.

Cuatro noches de octubre en Magnetic Island

Uno de aquellos estudiantes era Peter Harrison, que entonces hacía su doctorado. Según el relato de la Southern Cross University por los 40 años del hallazgo, que recoge su testimonio, todo ocurrió entre el 18 y el 21 de octubre de 1981. La ficha que le dedica el Museum of Underwater Art lo recuerda como el primer desove masivo registrado, en la bahía Geoffrey.

Bahía de una isla de granito al atardecer, con rocas y araucarias en la ladera; tres jóvenes con trajes de neopreno y tanques de buceo de los años ochenta, sentados en el borde de un bote de aluminio cerca de la orilla.
Estudiantes de biología marina con equipo de comienzos de los ochenta, en una bahía tropical al caer la tarde. La escena evoca aquella época; no muestra al grupo de Magnetic Island.

Aquella nieve eran millones de bolitas que varias especies de coral soltaron a la vez: paquetes de óvulos y espermatozoides que flotaban rumbo a la superficie. La universidad lo describe como una nevada al revés.

Nadie lo esperaba. Hasta entonces se creía que la mayoría de los corales incubaba sus larvas dentro del cuerpo. Pero en todas las especies observadas, los gametos salían al agua y la fecundación ocurría afuera, en pleno mar, como describieron Harrison y cinco colegas en su artículo de 1984 en la revista Science.

Primer plano nocturno de pólipos de coral iluminados por una linterna de buceo, cada uno con una bolita rosada en la boca; algunas bolitas ya se desprenden hacia el agua oscura.
Cada bolita rosada es un paquete de óvulos y espermatozoides. Cuando se suelta, flota hacia arriba: esa es la «nieve» del desove.

La apuesta de 1983

En 1983, los biólogos se atrevieron a más: predecir qué noches volvería a nevar. Acertaron.

Según el artículo de Babcock y colegas (1986) en la revista Marine Biology, cuyo registro y resumen guarda el repositorio de James Cook University, 105 especies de coral desovaron en unas pocas noches, entre la luna llena y el cuarto menguante de fines de la primavera austral. Lo hicieron en arrecifes separados por hasta 500 kilómetros, casi un cuarto del largo de la Gran Barrera.

Ese trabajo vincula la maduración de los paquetes con el aumento de la temperatura del agua, y la Great Barrier Reef Foundation explica que el agua debe calentarse para que maduren y que el desove sigue a la luna llena. El calor de la primavera madura los huevos. La luna llena marca la semana.

Willis y colegas reunieron los patrones de aquellas primeras temporadas, de 1981 a 1984, en un trabajo presentado en 1985 en el V Congreso Internacional de Arrecifes de Coral, en Tahití. Su registro también está en James Cook University.

Sin ojos, sin cerebro y atentos a la luna

Lo más desconcertante es quién se pone de acuerdo. Los corales no tienen estructuras visuales especializadas, como señalan Kaniewska y colegas (2015) en su estudio publicado en eLife, y tampoco tienen cerebro, según la Universidad de Queensland.

Aun así, sienten la luna. Una explicación posible está en los criptocromos, fotorreceptores antiguos que captan la luz azul. En 2007, Levy y colegas informaron en Science que, en el coral Acropora millepora, uno de ellos, el cry2, se activa más en noches de luna llena que en noches de luna nueva. Es un resultado en una sola especie, y por eso se presenta como una explicación posible.

Al anunciarlo, la Universidad de Queensland explicó que estas proteínas existían antes que los ojos y que en los humanos forman parte del reloj biológico. Tú también los tienes.

Un rato de oscuridad después del atardecer

Pero lo más asombroso es la señal final: no la luz de la luna, sino su ausencia.

Después de la luna llena, la luna sale cada noche más tarde. Entre el atardecer y la salida de la luna queda un rato de oscuridad. Según estudios recientes, ese rato sería la orden de soltarlo todo.

Toma nocturna partida por la línea del agua en un arrecife costero poco profundo: abajo, corales y bolitas rosadas que ascienden; arriba, el cielo oscuro sobre un mar en calma.
Dos mundos en un mismo cuadro: bajo la superficie, los paquetes suben desde el arrecife; arriba, la noche que, según los estudios recientes, daría la señal.

Lin y colegas (2021) estudiaron el coral Dipsastraea speciosa en Taiwán y lo resumieron en el título de su artículo en PNAS: la hora en que sale la luna es clave para el desove sincronizado. En 2025, de la Torre Cerro y colegas evaluaron esa alternancia de luz lunar y oscuridad en un coral del género Acropora en Palaos, en un estudio publicado en Coral Reefs, y sus resultados apuntan en la misma dirección.

Ninguno de los dos estudios se hizo en la Gran Barrera; por eso la explicación va en condicional. Pero encaja con el registro de 1983: el desove siguió a la luna llena, justo cuando ese rato oscuro se alarga noche a noche.

Cuando la noche deja de ser oscura

Por eso preocupan nuestras luces. Davies y colegas (2023) reunieron 2.135 observaciones de desove de 156 especies en 52 lugares del mundo. En su artículo en Nature Communications muestran que, en arrecifes con luz artificial nocturna, la mayoría de los géneros desova entre uno y tres días más cerca de la luna llena, es decir, antes. Es una asociación a escala mundial, no un estudio solo de la Gran Barrera, y los autores la describen como una alteración del desove.

Ya en 2015, la Universidad de Queensland advertía que la contaminación lumínica es una amenaza para el desove anual de los corales. Y la Great Barrier Reef Foundation considera el desove un momento crítico para la recuperación del arrecife.

Hace 45 años, unos estudiantes vieron un arrecife nevar hacia arriba. Hoy se sabe que esa nevada responde al calor de la primavera, a la luna llena y, probablemente, a un rato de oscuridad. Para que el mar siga nevando hacia arriba, también hay que cuidar su noche.

Si pudieras sumergirte una sola noche en la Gran Barrera para ver esta nevada al revés, ¿irías? ¿Qué crees que sentirías al ver cientos de especies ponerse de acuerdo en la oscuridad?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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