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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

El antílope que sobrevivió a los mamuts perdió a más de 200.000 de los suyos en tres semanas

En mayo de 2015, en unas tres semanas, murieron más de 200.000 antílopes saiga en la estepa de Kazajistán. Un equipo de biólogos estaba allí cuando las madres empezaron a caer.

El antílope que sobrevivió a los mamuts perdió a más de 200.000 de los suyos en tres semanas

Es mayo de 2015 y en la estepa de Betpak-Dala, en el centro de Kazajistán, las hembras de antílope saiga se han reunido para parir. Cerca de ellas acampa un equipo de biólogos que ha vuelto, como en años anteriores, a seguir los partos.

Están ahí para ver nacer a una generación. Lo que les tocará registrar en las próximas tres semanas será otra cosa.

Antílope saiga con la nariz abultada característica de la especie
Un antílope saiga, con la nariz abultada que distingue a la especie. Foto: Andrey Giljov / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Una nariz para el hielo y el polvo

Quien ve a un saiga por primera vez se queda mirando su cara. La nariz, abultada y caída como una pequeña trompa, trabaja todo el año. Según la Sociedad Zoológica de Fráncfort (FZS), en los inviernos helados calienta el aire que el animal inhala antes de que llegue a los pulmones, y en los veranos calurosos y secos ayuda a filtrar el polvo. La ficha de la especie de San Diego Zoo Wildlife Alliance describe también ese papel de calefacción.

Llanura de la estepa kazaja cubierta de nieve en pleno invierno, bajo un cielo gris y con nieve que arrastra el viento
Invierno en la estepa kazaja: en días así, la nariz del saiga calienta el aire helado antes de que llegue a los pulmones.

Lo del polvo deja huella. En su estudio anatómico publicado en el Journal of Anatomy (2007), R. Frey, I. Volodin y E. Volodina encontraron que los vestíbulos nasales del saiga siempre contienen concreciones de polvo cementado con moco. Aunque ese trabajo se centró en los machos en celo, la nariz no es cosa de ellos solos: hembras y machos la tienen.

Esa primavera, las caras que importaban eran las de las madres. El equipo de Betpak-Dala era de la Asociación para la Conservación de la Biodiversidad de Kazajistán (ACBK), lo dirigía Steffen Zuther y lo acompañaba un estudiante del Royal Veterinary College, según el informe del Saiga Resource Centre (2015).

Persona con chaqueta de campo y gorra, vista por encima del hombro, arrodillada en la hierba corta de la estepa
A ras de la hierba y con el horizonte abierto: así es el terreno donde se siguen los partos del saiga.

Las madres empezaron a caer

Hacia el 10 de mayo, según el estudio de M. Orynbayev y colegas en Emerging Infectious Diseases (2019), las hembras empezaron a desplomarse. Eran madres preñadas o recién paridas, y con ellas murieron sus crías y algunos machos jóvenes, según el análisis de R. A. Kock y colegas en Science Advances (2018). Casi todos morían a las pocas horas de mostrar síntomas.

En cada lugar, la mortandad llegó al 100 % de los animales en unos nueve días y alcanzó todas las grandes concentraciones de partos de la población, según Orynbayev y colegas. Lo más desconcertante era el mapa: hubo brotes casi simultáneos en grupos separados por cientos de kilómetros y, en la mayoría de los casos, sin contagio de uno a otro. La muerte no avanzaba de manada en manada; aparecía en varias casi a la vez.

El equipo se quedó. Estuvo en el lugar principal de la mortandad casi desde el comienzo, documentó los síntomas y ayudó a los veterinarios a examinar los cadáveres y a tomar muestras, según el informe del Saiga Resource Centre. Orynbayev y colegas lo subrayan: había un equipo de investigación internacional y multidisciplinario en el terreno, haciendo vigilancia de rutina, en el momento mismo de la mortandad.

Kit veterinario de muestreo con una gradilla de plástico y tubos pequeños sobre la compuerta trasera de un todoterreno, en un campamento de la estepa
Tubos y material de muestreo sobre la compuerta de un todoterreno: de muestras como las tomadas en la estepa dependía saber qué mataba a los saigas.

Más de 200.000 en tres semanas

En unas tres semanas murieron más de 200.000 saigas en el centro de Kazajistán: cerca del 62 % de todos los saigas del planeta, según Kock y colegas. Orynbayev y colegas calculan que la población de Betpak-Dala perdió el 88 % de sus animales y hablan de más de dos tercios de la especie. Se contaron y enterraron 150.044 cadáveres.

Con esas cifras sobre la mesa, la pregunta era inevitable: ¿qué podía matar a tantas madres y crías, tan rápido y en lugares tan alejados, si no pasaba de una manada a otra?

Lo que ya llevaban dentro

La respuesta estaba dentro de ellos. Kock y colegas identificaron a la bacteria Pasteurella multocida serotipo B, que vive en los saigas sanos como comensal, sin hacerles daño. En mayo de 2015 se volvió letal y les causó una septicemia hemorrágica, una infección generalizada de la sangre.

¿Por qué entonces? Los lugares de la mortandad estuvieron inusualmente húmedos, con una humedad relativa media diaria del 84,6 %, y, en 2015, también inusualmente cálidos. Según todo indica, esos días de calor y humedad fuera de lo común fueron los que volvieron letal a la bacteria. Es la asociación que proponen los autores; el mecanismo exacto todavía no está del todo aclarado.

Su trabajo es, como anuncia el título, un análisis multidisciplinario de los factores que influyen en estas mortandades masivas. Los datos completos están en el artículo de Kock y colegas y en el de Orynbayev y colegas, ambos de lectura libre.

Desde los tiempos de los mamuts

Los saigas recorren la Tierra desde la última Edad de Hielo y han sobrevivido a especies extintas como el mamut lanudo y el tigre dientes de sable, recuerda la Wildlife Conservation Society (WCS). Después de 2015, los sobrevivientes hicieron lo que han hecho siempre: resistir.

No lo hicieron solos. Según WCS, el Gobierno de Kazajistán sostuvo iniciativas contra la caza ilegal, una aplicación firme de la ley, controles fronterizos y la creación de varias grandes áreas protegidas nuevas, en un esfuerzo de casi dos décadas que venía de antes de la mortandad. Y las hembras siguieron pariendo, a menudo gemelos.

En 2023, el saiga pasó de «En peligro crítico» a «Casi amenazado» en la Lista Roja de la UICN, según el comunicado de WCS. Ese mismo año, el censo aéreo contó más de 1,9 millones de saigas en Kazajistán.

Aquella nariz de otro mundo ya había resistido el hielo y el polvo de la estepa. En 2015 resistió también el silencio, y hoy vuelve a respirar por millones.

¿Qué otro animal conoces que haya vuelto desde el borde de la desaparición?


Foto del antílope saiga: Andrey Giljov / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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