El zorro ya no podía sostenerse. Llegó desplomado y sin fuerzas a manos del equipo de Wildlife Aid, con varias heridas en la cabeza.
Esas heridas eran lo primero que se veía, y lo que hacía falta saber era qué más cargaba. La respuesta empezó a aparecer cuando el equipo lo revisó.
Una lista que no terminaba
La primera pista estaba en su piel. El zorro tenía sarna, y en su caso era severa.
Luego apareció la miasis: larvas de mosca se habían instalado en su cuerpo.
Y le faltaba agua. Estaba deshidratado. Sarna, larvas y sed, todo a la vez, en un animal que ya no lograba levantarse.
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Entonces el equipo supo una cosa más. Antes de llegar, un auto lo había atropellado.
Esa noticia abría una pregunta urgente. Un cuerpo tan castigado, golpeado además por un vehículo, podía esconder lesiones que todavía nadie había visto.
Contra el reloj
No había margen para esperar. Lo primero fue reponer el agua que había perdido: el equipo le dio líquidos para mantenerlo con vida.
Después curaron sus heridas y empezaron el tratamiento contra la sarna.
Y llegó la respuesta sobre el choque. El atropello no le había dejado ninguna lesión nueva. Para un cuerpo que ya cargaba tanto, era la primera buena noticia.
Su caso, además, no es aislado. La vida en libertad ya trae sus propios desafíos, y los animales que viven cerca de las personas enfrentan peligros que se suman a esos.
El equipo lo comprueba cuando las noches se alargan y cambia la estación: los atropellos de fauna silvestre aumentan. Con tardes más oscuras y menos visibilidad, cuesta más distinguir a un animal en el camino.
«Por favor, ten especial cuidado al manejar: puede ser más difícil ver a nuestros vecinos silvestres en los caminos», escribió el equipo en la publicación donde contó la historia de este zorro.
Un rincón cálido
Mientras tanto, terminadas las curaciones, el equipo llevó al zorro a un lugar cálido y seguro. Ahí ya no tenía que resistir nada: solo descansar.
Por ahora, ya no corre peligro. Lo que siga depende de su cuerpo y del tiempo: si todo va bien, ese rincón será el punto de partida de su recuperación.
Llegó sin poder sostenerse, después de aguantar la sarna, las larvas, la sed y el golpe de un auto. Ahora le toca la parte más lenta del camino: quedarse quieto, recuperar fuerzas y dejar que su cuerpo se repare.
Imagen principal: Wildlife Aid.

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