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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Una zarigüeya pasó horas herida junto a la carretera, y su cuerpo guardaba una historia aún más triste

Herida junto a una carretera de Pensilvania, una zarigüeya esperó horas a que alguien volviera por ella. En el centro donde la llevaron, su cuerpo contó una historia más triste.

Una zarigüeya pasó horas herida junto a la carretera, y su cuerpo guardaba una historia aún más triste

Al borde de una carretera de Pensilvania, una zarigüeya de Virginia estaba tendida sobre la orilla, herida. Todo apuntaba a que un auto la había golpeado.

Una mujer la vio mientras iba camino al trabajo. No quiso dejarla así, sufriendo junto al asfalto, y le pidió a un amigo que la recogiera y la pusiera a salvo.

Más tarde le aseguraron que ya estaba hecho. Pero ella tenía la sensación de que algo no encajaba.

Era solo una corazonada. Bastó para que, horas después, volviera a ese tramo de la carretera a comprobarlo por sí misma.

Horas de espera

La zarigüeya seguía en el mismo lugar. Tendida a un costado del camino, con las mismas heridas, viva y todavía a la espera de que alguien la ayudara.

Esta vez la mujer no se lo encargó a nadie. La levantó ella misma y la llevó al Pocono Wildlife Rehabilitation and Education Center, un centro sin fines de lucro de Stroudsburg que atiende a animales silvestres heridos. Allí le pusieron el nombre de Ruby.

Cuando el equipo compartió su caso en Facebook, lo presentó con una frase breve: «Este duele».

Publicación de Facebook

Lo que encontró el equipo

El choque explicaba las heridas. Pero al revisarla, los cuidadores notaron algo que no venía del golpe.

«Y entonces descubrimos algo que hizo su historia todavía más desgarradora», escribió el centro. Ruby tenía mastitis, una inflamación de las glándulas mamarias, y tres de sus pezones producían leche de forma activa. Estaba amamantando.

Por lo que observaron, los cuidadores calcularon que probablemente cuidaba de unas tres crías cuando el auto la alcanzó.

Y es que las zarigüeyas de Virginia crecen en dos etapas junto a su madre. Primero se desarrollan dentro de su bolsa. Cuando ya no caben en ella, pasan a viajar sobre su espalda, adonde ella vaya.

Por eso es posible que las crías estuvieran con Ruby antes del accidente. Y por eso, explicó el centro, no tiene absolutamente ninguna forma de saber qué fue de ellas después del impacto.

«Esa es la parte que nos quiebra», escribió el equipo.

Un ánimo que pesa

El golpe le dejó además un traumatismo en la cabeza. Desde que llegó, Ruby se muestra callada y retraída.

Quienes la atienden lo dijeron con cautela, porque saben que no deben leer emociones humanas en un animal silvestre. «Aunque intentamos con todas nuestras fuerzas no humanizar a la fauna silvestre, cuando dedicas tu vida a cuidar animales heridos, a veces te encuentras con uno cuya actitud entera se siente pesada», escribió el centro. «Ruby se siente pesada».

Ella no es el único animal que necesita esa atención. La organización busca donaciones para sostener el cuidado de Ruby y de miles de otros animales heridos que llegan hasta sus puertas.

Mientras tanto, la vida de Ruby ya es muy distinta de la que tenía en la orilla de la carretera. Tiene calor. Recibe tratamiento para el dolor y cuidados de apoyo. Tiene comida y personas que pasan a ver cómo sigue. Y, por encima de todo, según el centro, tiene una oportunidad.

Hasta el día del choque, quizá era ella quien cargaba a sus crías sobre la espalda. Hoy le toca a Ruby dejarse cargar: primero por la mujer que no se conformó con un «ya está», y ahora por el equipo que la revisa cada día.

Imagen principal: Facebook | Pocono WildLife Rehabilitation and Education Center.

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