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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Aquí es el padre quien da a luz: lo que la ciencia encontró dentro del caballito de mar

En los caballitos de mar, el macho queda preñado, gesta durante semanas y da a luz. Esto es lo que los biólogos encontraron al estudiar su bolsa por dentro.

Aquí es el padre quien da a luz: lo que la ciencia encontró dentro del caballito de mar

Hay una regla tan antigua que casi nunca la decimos en voz alta: quien lleva a las crías dentro, quien las sostiene con su cuerpo y quien las da a luz es la madre.

En el mar vive un pez con cara de caballo que no la cumple. En los caballitos de mar, quien queda preñado y da a luz es el macho. Y cuando los biólogos se asomaron al interior de ese padre, encontraron mucho más que una rareza de acuario.

Un saludo antes del amanecer

Todo empieza con una danza. Según Project Seahorse, en muchas especies la hembra se acerca al macho temprano por la mañana y ambos hacen juntos un saludo: sus cuerpos cambian de color, pasean con las colas entrelazadas y giran alrededor de un mismo punto de agarre durante unos seis minutos de media. National Geographic también describe estas danzas diarias antes del amanecer. La mayoría de las especies estudiadas en libertad, añade Project Seahorse, parecen monógamas, y el saludo refuerza el vínculo cada día.

Dos caballitos de mar con las colas entrelazadas suben juntos, frente a frente, sobre el fondo marino en agua verdosa al amanecer
Colas entrelazadas, frente a frente: el saludo con el que empiezan el día muchas parejas.

Entonces llega el momento clave: la hembra introduce un órgano llamado ovipositor en la bolsa ventral del macho y le transfiere sus huevos. Desde ese instante, la responsabilidad es de él.

Semanas dentro de una bolsa cerrada

Según Whittington y colegas (2015), la hembra pasa a la bolsa huevos grandes y cargados de yema, y el macho los fecunda de inmediato. La revisión de Kloc (2023) precisa que la fecundación ocurre en la entrada de la bolsa —que en los caballitos de mar es cerrada— y que los embriones quedan poco a poco encerrados en compartimentos de su tejido.

La espera dura, según las preguntas frecuentes de Project Seahorse, entre unas dos semanas y un mes, y es más corta cuanto más cálida está el agua. Contando todas las especies, la organización amplía el rango de unos 10 días a seis semanas.

En ese tiempo, la bolsa hace mucho más que guardar. Según ese mismo estudio de 2015, ofrece protección, intercambio de gases, regulación de la salinidad y algo de nutrición; su pared, llena de vasos sanguíneos, permite oxigenar a los embriones y retirar sus desechos. Y antes del parto, su líquido se va acercando a la salinidad del agua de mar, para que las crías se acostumbren poco a poco.

Caballito de mar macho con la bolsa ventral muy abultada, sujeto con la cola a un soporte de plástico dentro de un acuario de laboratorio
En una bolsa así de abultada, una pared llena de vasos sanguíneos sostiene a los embriones.

Casi una placenta

Aquí entran los biólogos marinos. El equipo de Camilla Whittington, de la Universidad de Sídney, ha estudiado por dentro la bolsa de la especie Hippocampus abdominalis. Su trabajo de 2015 en Molecular Biology and Evolution analizó el transcriptoma de la bolsa —el conjunto de genes activos en ese tejido— con una hipótesis: buscar genes comunes con otras especies vivíparas. Los halló: genes clave del caballito de mar tienen equivalentes en la reproducción de mamíferos, reptiles y otros peces vivíparos.

Persona con bata de laboratorio, de perfil, inclinada frente a un acuario de investigación donde nada un caballito de mar macho preñado
En el laboratorio, mirar al macho es solo el comienzo: las respuestas estaban en su bolsa.

Después, Dudley y colegas (2021), del mismo grupo, mostraron en la revista Placenta que la pared de la bolsa se remodela a medida que avanza la gestación: crecen las redes de capilares y se reduce la barrera de difusión, lo que mejora el intercambio de gases.

Faltaba la pregunta más directa: ¿alimenta el padre a sus crías? En 2020, Skalkos y colegas, del grupo de Whittington en Sídney junto con la Universidad La Trobe, presentaron en el Journal of Comparative Physiology B la primera prueba experimental de que sí: el padre transporta nutrientes a los embriones, en concreto grasas ricas en energía. En la nota de prensa de la Universidad de Sídney, el equipo habla de una placenta, aunque aclara que no es igual a la humana: por ejemplo, no tiene cordón umbilical. Kloc prefiere llamarla «pseudoplacenta».

Un sistema inmune que cambió de forma

En Alemania, el equipo de Olivia Roth halló un giro aún más extraño. Las crías llevan la mitad de sus genes del otro progenitor, y en el caballito de mar quien debe tolerarlas dentro de su cuerpo es el padre.

Según el estudio de Roth y colegas, publicado en 2020 en PNAS y disponible completo en acceso abierto, los caballitos de mar y sus parientes, los peces pipa, perdieron o remodelaron piezas clave del sistema inmune típico de los vertebrados. ¿Por qué? Quizá para no rechazar a crías que llevan la mitad de sus genes de la madre. Ese «quizá» importa: el estudio vincula estos cambios con la evolución de la gestación masculina, y la razón que los explica es una hipótesis, no un hecho cerrado.

Decenas, cientos, a veces más de mil

Y al final llega el parto. El macho se dobla, se contrae y, con empujones rítmicos, expulsa caballitos diminutos, ya formados y listos para nadar.

¿Cuántos? Hay partos de decenas y de cientos de crías. Según Project Seahorse, la mayoría de las especies tiene entre 100 y 200; más de 1.000 es posible, pero es el extremo, como el macho de Hippocampus reidi que dio a luz 1.572. La Universidad de Sídney señala que un macho puede llevar más de mil embriones a la vez, y National Geographic habla de hasta 2.000.

¿Y después? Ninguno vuelve a la bolsa. Cuántos sobreviven hasta adultos es otra historia, que los estudios sobre la bolsa no cuentan. Desde ese segundo, cada uno enfrenta solo el océano.

Durante semanas, ese padre les dio oxígeno, ajustó el agua que los rodeaba y les llevó grasas ricas en energía; su linaje incluso carga con un sistema inmune remodelado, quizá para poder llevarlos dentro. Después, ninguno vuelve. Tal vez por eso cuesta mirarlo sin asombro: nos recuerda que cuidar a los hijos no tiene una sola forma.

¿Conoces otro animal que rompa las reglas sobre quién cuida a las crías? Cuéntanos cuál te sorprendió más.


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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