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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Cuando murió Isabel II, alguien tuvo que avisarles a las abejas reales

En septiembre de 2022, John Chapple, apicultor de la casa real británica, ató cintas negras a las colmenas y golpeó cada una para darles una noticia. Detrás había una costumbre de siglos.

Cuando murió Isabel II, alguien tuvo que avisarles a las abejas reales

Septiembre de 2022. Mientras el mundo despide a Isabel II, en los jardines de Buckingham y de Clarence House un hombre de 79 años se detiene frente a una colmena. Ata una cinta negra alrededor de la madera y la cierra con un lazo. Luego pasa a la siguiente. Y a la siguiente.

Se llama John Chapple y lleva 15 años como apicultor de la casa real. Cuando todas las colmenas llevan su cinta, golpea la madera de cada una y empieza a hablarles.

Cintas negras antes de las palabras

Isabel II murió el 8 de septiembre de 2022. Según el relato que el propio Chapple le hizo a Daily Mail, y que recoge My Modern Met, tras conocer la noticia fue a ver a sus abejas. El orden importa: primero ató a cada colmena una cinta negra con lazo, como quien pone de luto una casa, y solo después les habló.

Hilera de cinco colmenas blancas de madera al borde del césped de un jardín formal, cada una con un lazo negro de luto atado alrededor.
Una hilera de colmenas, cada una con su lazo negro: el luto se repite de madera en madera antes de la primera palabra.

¿A cuántas abejas se dirigía? El titular de My Modern Met habla de más de un millón de «abejas reales». Cuántas colmenas eran exactamente, y cómo se repartían entre los dos jardines, es un dato que no tenemos.

Luego vino el rito. «Golpeas cada colmena y dices…», explicó Chapple. Y lo que dijo fue esto:

«La señora ha muerto, pero no se vayan. Su amo será un buen amo con ustedes».

En el inglés original: «The mistress is dead, but don’t you go. Your master will be a good master to you». La señora era Isabel II. El nuevo amo, Carlos III, como recuerda el Museum of Dartmoor Life en la página que dedica a esta costumbre y a aquel septiembre.

Apicultor de edad avanzada, con gorra de tweed y chaqueta de punto, inclinado hacia una colmena blanca atada con una cinta negra, con los labios entreabiertos como si le hablara.
Un apicultor se inclina sobre una colmena enlutada: golpear la madera y dar la noticia era el centro del rito.

Conviene aclarar de dónde sale la escena: no la conocemos por alguien que la presenciara, sino por la propia voz de Chapple, que se la describió a Daily Mail. De esa entrevista parten también las crónicas de My Modern Met y de Science Times.

Puedes leer la conversación completa en MailOnline, donde Chapple cuenta además cómo ató una cinta negra a cada colmena antes de hablarles.

Una costumbre que ya era antigua en 1858

No era una excentricidad. Lo que hizo Chapple tiene nombre: «contarles a las abejas». El Museum of Dartmoor Life la describe como una tradición de orígenes antiguos: las familias informaban a sus colmenas de lo que pasaba en casa, de nacimientos, bodas y muertes, pero también de compromisos, enfermedades y visitas familiares.

Había una razón, al menos para quienes lo creían. Si nadie les avisaba, explica el museo, las abejas podían abandonar la colmena, enfermar o morir; la versión de Daily Mail añade que dejarían de dar miel.

La costumbre se practicó en el Reino Unido, en otras partes de Europa y, más tarde, en Estados Unidos. En 1858, el poeta John Greenleaf Whittier escribió «Telling the Bees» («Contarles a las abejas») y lo acompañó de una nota que todavía puede leerse junto al poema en Representative Poetry Online, de las bibliotecas de la Universidad de Toronto. Allí explica que era una costumbre «traída del Viejo Continente» que «antes prevalecía» en las zonas rurales de Nueva Inglaterra. Ya en 1858, Whittier la miraba en pasado.

Esquina desgastada de la tapa de una colmena de madera pintada de blanco, con un lazo negro anudado y unas pocas abejas caminando sobre la tela.
Obreras sobre un lazo de luto anudado a una colmena: una señal humana en la casa de una colonia.

Las abejas sí se van

Y aquí la biología añade algo fascinante: el miedo de aquellas familias tenía una forma real. Se llama enjambrazón. Según la guía de preguntas frecuentes de Powell (2020) para la extensión cooperativa de la Universidad Clemson, la reina abandona la colmena con aproximadamente la mitad de las obreras para fundar un nuevo hogar, mientras las que se quedan cuidan a las reinas que se desarrollan en las celdas de enjambrazón.

Vuelve ahora a la nota de Whittier. El rito, escribe, se creía necesario «para evitar que los enjambres dejaran sus colmenas y buscaran un nuevo hogar». Lo que esas palabras intentaban impedir era, exactamente, un enjambre.

Para un apicultor de otros siglos, ver partir a la reina con miles de obreras podía sentirse como un abandono. ¿Se marchó alguna de las colonias del palacio después de aquel septiembre? No lo sabemos.

Un pueblo pendiente de su reina

Y hay más. Una colonia funciona como un solo organismo. A. N. Mortensen, B. Smith y J. D. Ellis, de la extensión UF/IFAS de la Universidad de Florida, la describen como un superorganismo: cada abeja es comparable a una célula dentro del cuerpo de un animal.

Son decenas de miles de individuos. El programa MAAREC, de la Universidad de Delaware, habla de hasta unas 60.000 obreras por colonia, que se comunican mediante feromonas y «danzas». Y su destino gira alrededor de una sola reina: su feromona es, en palabras de MAAREC, el «pegamento social» que unifica la colonia y le da identidad.

Quizás por eso la costumbre caló tan hondo. Durante siglos, las personas miraron sus colmenas y reconocieron algo propio: un pueblo entero pendiente de su reina.

Quince años y un relevo

¿Y qué fue de Chapple? Siguió a cargo de las colmenas después de la muerte de la reina. En 2023, según The Chiswick Calendar, el apicultor de la reina, vecino de Acton, pasó el relevo al apicultor del nuevo rey. La promesa que les había hecho a las abejas aquel septiembre, que su nuevo amo sería bueno con ellas, quedó desde entonces en otras manos.

Aquel septiembre, un país despidió a su reina. Y en un rincón del palacio, un hombre se aseguró de que nadie se quedara sin saberlo… ni siquiera las más pequeñas.

¿Conocías la tradición de «contarles a las abejas»? ¿En tu familia o en tu pueblo existe alguna costumbre parecida con los animales?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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