Saltar al contenido
Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Las cacatúas de Sídney aprendieron a abrir la basura, y la idea viajó de barrio en barrio

Unas pocas cacatúas de cresta amarilla aprendieron a abrir los contenedores de basura en Sídney. Lo que pasó después, de barrio en barrio, sorprendió a los científicos y a los propios vecinos.

Las cacatúas de Sídney aprendieron a abrir la basura, y la idea viajó de barrio en barrio

Es día de recolección en un suburbio de Sídney. Los contenedores con ruedas esperan en fila junto a la acera, cada uno con su tapa cerrada. Todos menos uno: ese tiene la tapa volteada hacia atrás, y alrededor hay bolsas rotas y restos de comida regados por el pavimento. Desde la rama de un árbol cercano, una cacatúa de cresta amarilla observa la escena con la cresta erizada.

Una mañana así podría pasar por mala suerte. En Sídney dejó de serlo hace tiempo. Se volvió cultura: un saber que estas aves aprenden unas de otras.

Una tapa pesada y un pico paciente

El truco exige más de lo que parece. Según contó ABC News en 2021, la cacatúa levanta la pesada tapa con el pico, a veces ayudándose con la pata, y se desplaza por el borde del contenedor, rumbo a la bisagra, hasta que la tapa cae hacia atrás y queda abierta de par en par. Banquete servido.

No todas lo hacen igual. Algunas sujetan la tapa con la pata mientras avanzan; otras recorren el lado izquierdo en lugar del derecho. Esas diferencias, que parecen manías de cada ave, resultaron ser una pista de cómo viajaba el truco.

De 3 a 44 suburbios

¿Cómo se le sigue el rastro a una idea con alas? Barbara Klump, del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, y Richard Major, del Museo Australiano, recurrieron a quienes veían la escena cada semana: los vecinos. Junto con Lucy Aplin (Max Planck), John Martin (Taronga Conservation Society), Sonja Wild y Jana Hörsch, abrieron en 2018 una encuesta en línea para residentes de 478 suburbios de Sídney y Wollongong.

Los resultados salieron en 2021 en la revista Science, donde pueden consultarse los datos completos. Según el estudio, antes de 2018 la técnica solo se conocía en 3 suburbios; para finales de 2019 ya aparecía en 44. Y, como resume la nota de prensa de la Sociedad Max Planck, no saltaba al azar por el mapa: se extendía primero a los suburbios vecinos, de ala en ala, como una moda.

Una cacatúa de cresta amarilla en primer plano y, detrás, una larga fila de contenedores verdes con tapa roja que se pierde a lo largo de una calle suburbana
En día de recolección, una sola calle ofrece decenas de contenedores; basta con que un ave domine la técnica.

Con la técnica viajaba también su estilo. Cada zona desarrolló variaciones sutiles en la forma de abrir, lo que los autores llaman «subculturas regionales». Tampoco hubo un único inventor: el blog del Museo Australiano describe varios focos independientes, uno al sur de Sídney y otro en las Northern Beaches. Y la mayoría de las aves jamás aprende el truco: menos del 10 % lo domina, y el resto aprovecha los contenedores que otras ya abrieron.

Ladrillos, botellas y serpientes de goma

Pero los humanos también aprenden. En 2022, Klump, Major, Martin y Aplin, ahora junto a Damien Farine, publicaron un segundo trabajo en Current Biology, esta vez mirando al otro bando. Revisaron 3.283 contenedores en cuatro suburbios (Woronora, Barden Ridge, Helensburgh y Stanwell Park) y encuestaron a 1.134 personas de 401 suburbios, según Audubon.

Lo que encontraron parece un catálogo de ingenio doméstico: ladrillos, piedras, botellas de agua, palos y hasta serpientes de goma, como enumera Science News. Combinadas de distintas formas, sumaban 52 variantes, según Science Times; Audubon habla de «más de 50 estrategias».

Fila de contenedores verdes con tapa roja en una acera suburbana; sobre las tapas hay un ladrillo rojo, una piedra grande y una botella de agua
Ladrillo, piedra, botella: en una misma acera, cada hogar defiende su contenedor a su manera.

Y, como entre las aves, las soluciones no se repartían al azar. Se agrupaban por calles, y alrededor del 60 % de quienes aprendieron su método de otra persona lo aprendieron de un vecino, según la nota del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal. Los vecinos se copiaban entre sí, igual que las cacatúas.

El ladrillo que dejó de bastar

Las aves no se quedaron atrás. Hubo cacatúas que aprendieron a empujar el ladrillo fuera de la tapa antes de abrir el contenedor; una de ellas quedó grabada haciéndolo, y la escena puede verse en la nota de ABC News de 2022.

Del lado humano, la respuesta fue subir la apuesta. Cerca del 60 % de los hogares que protegían su contenedor reforzaron sus defensas con el tiempo, según el mismo reportaje. El estudio lo plantea con cautela: las cacatúas «podrían haber aprendido» a vencer algunos métodos, y eso habría llevado a los vecinos a escalar.

Una persona de mediana edad, con camiseta y pantalones cortos, coloca un ladrillo rojo sobre la tapa de un contenedor verde al final de la entrada de su casa, al atardecer
La víspera de la recolección, poner peso sobre la tapa se volvió un gesto cotidiano en las calles donde las aves aprendieron el truco.

¿Quién va ganando?

Los científicos sospechan que esto es una carrera armamentista de innovación: dos especies inventando y copiando, cada una al ritmo de la otra. Pero es una sospecha, no un veredicto. El título del artículo de 2022 es una pregunta, Is bin-opening in cockatoos leading to an innovation arms race with humans?, es decir, si la apertura de contenedores por parte de las cacatúas está desatando una carrera de innovación con los humanos. Según Scientific American, los autores cuentan por ahora con evidencia indirecta y necesitan más datos para confirmarlo.

Mientras tanto, la respuesta práctica es menos épica: algunas defensas sí resisten. Con pesos colgados de la tapa u objetos metidos en la bisagra o en el asa trasera, el equipo no vio a ninguna cacatúa abrir un contenedor. Si las aves encontrarán la forma de superarlas es justo lo que todavía nadie sabe.

Lo asombroso no es que un ave salvaje sea lista. Es que una idea, nacida en unas pocas cabezas con plumas, pueda viajar sola, de barrio en barrio, hasta cambiar la rutina de calles enteras. Quizás la cultura nunca fue solo nuestra.

¿Alguna vez un animal te ganó una batalla en tu propia casa o tu barrio? ¿Qué truco usó y cómo intentaste detenerlo?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

Referencias

Sigue leyendo

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa