Las chinchillas que un criadero de Ohio escondía de los inspectores
En un criadero de Ohio, algunas chinchillas vivían fuera del alcance de los inspectores. Lo que pasaba con ellas salió a la luz por un aviso.

Algunas de las chinchillas de un criadero de Ohio, en Estados Unidos, vivían donde los inspectores no podían verlas. No era un descuido: alguien se encargaba de que así fuera.
¿Por qué esconder a un animal justo de quien tiene que revisar cómo vive?
Fuera de la vista
El criadero existía para producir chinchillas. Las criaba y las vendía a laboratorios y a tiendas de mascotas: dos destinos muy distintos que, para el negocio, eran la misma cuenta.
Ahí, cada chinchilla contaba como un producto más, a la espera de su venta.
Y había una parte del negocio que nadie de afuera debía conocer. A algunas de sus chinchillas, el criadero las mantenía apartadas, fuera del alcance de los inspectores.
Ocultar a un animal de una inspección es también ocultar cómo vive. Desde afuera, nadie podía saber en qué estado estaban esas chinchillas, ni cuántas había en total.
El aviso
Entonces PETA, una organización que defiende a los animales, alertó a las autoridades federales: en ese criadero había chinchillas ocultas a los inspectores.
Con esa alerta, la mirada llegó justo adonde el criadero no la quería. Lo que mantenía apartado quedó expuesto.
Muchas chinchillas tenían lesiones dolorosas, infecciones serias y las marcas de un abandono grave.
Y no eran unas pocas. En el criadero había más de 1.100 chinchillas que tenían que salir de ahí, y algunas no podían esperar.
¿Quién iba a hacerse cargo de tantas, y sobre todo de las que estaban peor?
Un pedido de ayuda
Las autoridades federales recurrieron a la misma organización que había dado el aviso. Ya no bastaba con señalar lo que pasaba: había que sacar a los animales, y le pidieron ayuda.
El equipo de PETA se ocupó de las chinchillas en peores condiciones, 158 en total. Las llevó a su sede para darles «la atención que necesitaban con desesperación», escribió la organización en Facebook.
Mientras tanto, las autoridades trabajaron para asegurar que el resto de los animales también saliera del criadero. Ninguna chinchilla iba a quedarse atrás.
Al contar el rescate, PETA lo convirtió en un recordatorio: no comprar animales en tiendas de mascotas ni a criadores.
Así, más de 1.100 chinchillas dejaron atrás un lugar donde contaban como productos. Esta vez, quienes las encontraron vieron en ellas a animales capaces de sentir dolor.
El criadero las mantuvo escondidas para que nadie supiera de ellas. Y su salida empezó cuando alguien se negó a que siguieran fuera de la vista.
Imagen principal: PETA (People for the Ethical Treatment of Animals).
Sigue leyendo
- La foto viral de dos capibaras en una piscina escondía un giro
- En un parque de Chad quedaban cientos de elefantes, y solo contaron una cría
- Se quedó sin galletas para los cuervos de su balcón en Calcuta, y ellos respondieron a su manera
- Mientras su dueña sufría un infarto, una cerda que nunca salía sin correa se acostó en medio de la carretera
- Un gato inconsciente en el pavimento y una camioneta que seguía ardiendo
Conversación
Únete a la conversación
Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.