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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

La canguro de un solo ojo que hizo lo contrario de su especie cuando cayó el hombre que la crió

En septiembre de 2003, una rama dejó inconsciente a Len Richards en su granja de Australia. Lo que pasara con él empezó a depender de Lulu, la canguro de un solo ojo que su familia había criado con biberón.

La canguro de un solo ojo que hizo lo contrario de su especie cuando cayó el hombre que la crió

Lulu veía el mundo con un solo ojo. Era una canguro gris oriental, medio ciega, sin corral ni cerca, que tenía por casa los alrededores de una granja de Gippsland, en el sureste de Australia. Un domingo de septiembre de 2003, el hombre de esa granja quedó tendido en su propio campo, sin sentido y sin forma de pedir ayuda. Lo que pasara con él empezó a depender de ella, una canguro cuya especie, frente al peligro, conoce una sola respuesta.

Canguro gris oriental adulta de pie, mirando a la cámara, con su cría al lado en un claro del bosque
Una canguro gris oriental, la especie de Lulu, de pie junto a su cría en un claro del bosque. Foto: JJ Harrison / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Del biberón a las seis de la tarde

Cuando un auto atropelló y mató a su madre, más de cuatro años antes de aquel domingo, Lulu todavía iba dentro de la bolsa materna. Los Richards la sacaron de ahí y se la llevaron a su granja de Tanjil South, a unos 150 kilómetros al este de Melbourne.

Canguro gris oriental inclinada sobre su cría, que mama de ella
Una canguro gris oriental se inclina sobre su cría mientras esta mama. Lulu se quedó sin su madre cuando todavía iba en la bolsa. Foto: Toby / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

La criaron con biberón. Lulu creció con la familia, pero nadie la convirtió en animal de patio: cuando fue grande, siguió viviendo libre por los alrededores, sin nada que la retuviera.

Y aun así volvía. Todos los días, a las seis de la tarde, aparecía en la casa por sus golosinas, como quien llega puntual a una cita. Tenía más de cuatro años cuando una tormenta pasó por la granja.

El domingo de la tormenta

El 21 de septiembre de 2003, con la tormenta ya pasada, Len Richards salió a recorrer su campo para ver qué había dejado roto.

Una rama cayó y lo golpeó en la cabeza. Len quedó tendido en el pasto, inconsciente, lejos de la casa.

Rama gruesa recién arrancada de un árbol, tendida sobre un campo mojado después de una tormenta, con una casa de campo al fondo
Una rama gruesa, arrancada por la tormenta, sobre el pasto mojado; al fondo, una casa de campo. Len salió a revisar daños así y una rama lo dejó inconsciente, lejos de su puerta.

Lo primero que llegó hasta la casa no fue él, sino un ruido. Celeste, la hija de Len, de 17 años, lo describiría después así: «hacía un ruido que sonaba como un perro ladrando».

Pero no era un perro. Era Lulu. Y para la familia, que la conocía desde que cabía en una bolsa, ese era un sonido muy inusual.

Un cuarto de hora sin irse

Y es que un canguro no avisa de esa manera. La investigadora Helena Bender, de la Universidad de Melbourne, estudió qué hacen estos animales cuando perciben peligro: golpean el suelo con las patas y huyen.

Ese golpe funciona como la alarma de incendio de un edificio. No explica nada, pero los demás canguros que lo oyen suelen escapar también.

Varios canguros grises orientales erguidos y alertas entre eucaliptos
Canguros grises orientales erguidos y alertas entre eucaliptos, en una reserva natural. Ante el peligro, golpean el suelo con las patas y huyen. Foto: Thennicke / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Así se ve el peligro en el mundo de un canguro gris: un golpe seco contra la tierra y, enseguida, distancia. Lo que llegaba a la casa de los Richards no sonaba a huida. Y no se detenía.

Fue esa insistencia, cerca de un cuarto de hora de ruido, la que hizo salir a la familia.

A dos cuadras de la puerta

La esposa de Len fue quien lo encontró, a un par de cientos de metros de la casa, la distancia de dos o tres cuadras. Len seguía en el pasto, inconsciente. Y de pie a su lado estaba Lulu.

Celeste guardó esa imagen: la canguro erguida junto al cuerpo de su papá, con el pecho inflado, cuidándolo. La respuesta de su especie era poner distancia. Ella había hecho lo contrario.

Según un sobrino de Len, Lulu había hecho algo más: lo había acomodado de lado, en la postura en que se deja a alguien desmayado en cualquier curso de primeros auxilios, y así evitó que se ahogara mientras seguía sin sentido.

A Len lo llevaron a un hospital de Melbourne con heridas en la cabeza. Esa misma noche le dieron de alta.

Al día siguiente, las agencias internacionales de noticias ya contaban la historia de la canguro que había salvado al granjero que la rescató. Y la historia no se quedó en los diarios.

Siete meses después, en abril de 2004, la RSPCA de Australia, la organización protectora de animales del país, anunció que le daría a Lulu su premio al valor animal: la Cruz Púrpura, el máximo honor que esa organización entrega a la valentía. Según la prensa de entonces, ningún canguro lo había recibido antes.

Tenía un solo ojo y un cuerpo hecho para escapar al primer golpe. Aquel domingo, Lulu se quedó de pie en el pasto junto al hombre que la crió y usó la voz que tenía, una que su familia solo supo comparar con un ladrido, hasta que alguien vino. Durante años había sido ella la que volvía a la casa cada tarde. Esa vez, la casa salió a buscarla.

Fotos de una canguro gris oriental con su cría (JJ Harrison / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0), de una cría de canguro gris oriental mamando (Toby / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0) y de canguros grises orientales en alerta (Thennicke / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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