Es 1992. Junto a un bebedero de Etosha, en Namibia, una manada entera de elefantes se queda inmóvil. Nada a la vista explica la pausa.
Pegan las orejas a la cabeza. Se inclinan hacia adelante y cargan el peso sobre la punta de las patas delanteras. Algunos alzan un pie. Es la postura de quien presta atención. Pero ¿atención a qué, si no hay ninguna razón aparente?

Una observadora en un búnker
Desde un búnker escondido, la investigadora Caitlin O’Connell-Rodwell observaba la escena, según relata un comunicado de Stanford Medicine de 2007. Nueve años después de aquella escena, en un comunicado de la Universidad de Stanford de 2001, ella describió esa conducta sin adornos: elefantes que se congelan «sin razón aparente».
Su propia historia le daba una pista. Durante su maestría en entomología había pasado horas grabando los «cantos de amor sísmicos» de unos insectos diminutos de Hawái, los saltahojas, que se cortejan con vibraciones y las sienten a través de las patas. Por eso, frente a la manada inmóvil, sospechó que los elefantes también estaban escuchando. Pero no con las orejas.

Retumbos que viajan por el suelo
Los elefantes se comunican con retumbos muy graves. Según los resúmenes del estudio de O’Connell-Rodwell y colegas (2000), en el Journal of the Acoustical Society of America, y del de Bouley y colegas (2007), en el Journal of Anatomy, esos sonidos son tan potentes que también se propagan por el suelo como ondas sísmicas. Es la base de lo que los investigadores llaman comunicación sísmica. El trabajo de 2000, hecho con elefantes asiáticos, reporta para esas vocalizaciones una frecuencia predominante de unos 20 hercios (Hz). Y el comunicado de Stanford de 2001 añadía que los pisotones también generan esas ondas.
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¿Hasta dónde llegan? Aquí conviene leer con cuidado. Según los modelos del estudio de 2000, un instrumento podría detectar la vibración de un retumbo hasta a unos 16 kilómetros, y la de un pisotón hasta a 32 kilómetros. Dieciséis kilómetros equivalen a más de tres horas de caminata a 5 km/h. Pero son cálculos, no mediciones, y hablan de sensores: no está demostrado que un elefante perciba esas vibraciones a semejante distancia.

Un pie lleno de receptores
Para captar esas vibraciones, los pies del elefante están llenos de receptores. Bouley y su equipo estudiaron en patas de elefante asiático los corpúsculos de Pacini, unos receptores sensibles a la vibración, y hallaron que en la pata delantera el 52,19 % estaba en la parte de adelante del pie. Es justo la zona que el elefante apoya al inclinarse hacia adelante, en la postura de escucha que el propio estudio describe y que se vio en Etosha.
Los elefantes de Etosha, en cambio, son africanos. Aun así, la organización ElephantVoices sostiene que los elefantes tienen mecanorreceptores sensibles a la vibración en las patas y en la trompa.
Hay además una segunda vía. Según el comunicado de Stanford de 2001, la vibración puede viajar desde las uñas de las patas hasta el oído por conducción ósea, es decir, a través de los huesos. Un estudio comparativo de O’Connell-Rodwell y colegas, publicado en 2026 en Frontiers in Audiology and Otology, aporta una pista anatómica: los huesecillos del oído medio del elefante son unas nueve veces más masivos que los humanos y, por debajo de su frecuencia de resonancia, responden de tres a cuatro veces más a la conducción ósea.
Un aviso de leones: ¿quién lo manda?
Lo más asombroso vino después, y lo relata el comunicado de Stanford Medicine de 2007. O’Connell-Rodwell tomó alarmas grabadas de dos manadas: retumbos que avisan que se acercan leones. Unas eran de elefantes de Etosha, la misma zona de Namibia, que la manada conocía. Otras venían de elefantes de Kenia, a unos 3.000 kilómetros. Convirtió esas alarmas en vibraciones y las envió por el suelo hacia una manada que bebía en el bebedero.
Con la alarma de los elefantes conocidos, la manada se congelaba, se apretaba en un grupo más compacto y abandonaba el bebedero más temprano. Con la alarma de Kenia, siguió como si nada: según el comunicado, no pareció importarle en absoluto.
El artículo científico, publicado en 2007 en el Journal of the Acoustical Society of America, lo deja por escrito en su resumen: los elefantes respondieron a las alarmas conocidas, pero no a las desconocidas ni a dos estímulos de control.
Los elefantes no solo sentían la alarma: distinguían a conocidos de extraños.
Para nosotros, la sabana está en silencio. Para un elefante, el suelo que pisa está lleno de voces, y sabe cuáles son de casa. La próxima vez que veas a uno detenerse con un pie en el aire, quizá no esté distraído: quizá esté escuchando.
¿Alguna vez sentiste temblar el suelo bajo tus pies, por un tren o un camión, antes de oírlo llegar?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Stanford Medicine News Center (2007, 29 de mayo). Caller ID in the wild: African elephants communicate by ground vibration, Stanford researcher finds. Stanford Medicine. https://med.stanford.edu/news/all-news/2007/05/caller-id-in-the-wild-african-elephants-communicate-by-ground-vibration-stanford-researcher-finds.html
- O’Connell-Rodwell, C. E., Wood, J. D., Kinzley, C., Rodwell, T. C., Poole, J. H. y Puria, S. (2007). Wild African elephants (Loxodonta africana) discriminate between familiar and unfamiliar conspecific seismic alarm calls. Journal of the Acoustical Society of America, 122(2), 823-830. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17672633/
- O’Connell-Rodwell, C. E. et al. (2000). Seismic properties of Asian elephant (Elephas maximus) vocalizations and locomotion. Journal of the Acoustical Society of America. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11144599/
- Bouley, D. M., Alarcón, C. N., Hildebrandt, T. y O’Connell-Rodwell, C. E. (2007). The distribution, density and three-dimensional histomorphology of Pacinian corpuscles in the foot of the Asian elephant (Elephas maximus) and their potential role in seismic communication. Journal of Anatomy, 211(4), 428-435. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17711421/
- Stanford University (2001, 19 de marzo). Elephants Pick Up Good Vibrations — Through Their Feet. Comunicado de la universidad reproducido en ScienceDaily. https://www.sciencedaily.com/releases/2001/03/010312071729.htm
- ElephantVoices (s. f.). Elephant tactile and seismic communication. ElephantVoices. https://www.elephantvoices.org/elephant-communication/seismic-communication.html
- O’Connell-Rodwell, C. E., Berezin, J. L., Dharmarajan, A., Pignatelli, A., Chen, R., Uzal, F., Guan, X. y Puria, S. (2026). Bone-conduction hearing in elephants and humans: a middle-ear comparative study. Frontiers in Audiology and Otology. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13585076/

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