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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

En 1948, Idaho lanzó 76 castores en paracaídas sobre una región sin caminos

En 1948, Idaho sacó a los castores del lago Payette y los soltó en paracaídas sobre la cuenca Chamberlain. La historia de Elmo Heter, de un castor llamado Geronimo y de una película que pasó años extraviada.

En 1948, Idaho lanzó 76 castores en paracaídas sobre una región sin caminos

Es 1948 y un avión cruza las montañas de Idaho, en Estados Unidos. Desde el aire cae una caja de madera y, un instante después, sobre ella se abre un paracaídas.

Adentro viajan dos castores vivos, y el valle hacia el que bajan no tiene un solo camino. Para entender cómo llegaron hasta ahí hay que volver a la orilla de un lago.

Fotograma de época: una caja de madera cuelga de un paracaídas abierto mientras desciende hacia tierra en Idaho
Una caja con castores baja en paracaídas, en un fotograma de la película de la agencia de fauna de Idaho. Foto: Idaho Department of Fish and Game (fotograma, c. 1950) / Wikimedia Commons, dominio público en EE. UU.

Mudaron a los que llegaron primero

Los castores vivían en el lago Payette, cerca del pueblo de McCall, mucho antes que sus nuevos vecinos. Después de la Segunda Guerra Mundial llegaron familias que se instalaron junto al lago, con huertos y canales de riego. Según el reportaje de Wright (2015) en Boise State Public Radio y el de Sherriff (2021) en National Geographic, pronto empezaron las quejas: los castores les dañaban todo eso.

Conviene no perder de vista el orden de llegada. Cuando estalló el problema, a quienes mudaron no fue a los recién llegados. Fue a los castores.

El destino sería la cuenca Chamberlain, una región salvaje de montaña a la que no llegaba ninguna carretera, según Boise State Public Radio. Elmo W. Heter, empleado de Idaho Fish and Game —la agencia de fauna del estado— y encargado del proyecto, sostenía que allí los diques de los castores ayudarían a los peces y al resto de la fauna, como recoge The Spokesman-Review (2015).

Mulas asustadizas y paracaídas de sobra

Pero llegar era difícil. A lomo de mula, el viaje duraba días y muchos castores morían en el camino. Heter lo contó en su informe de 1950 en el Journal of Wildlife Management, cuyo resumen publica Conservation Evidence: el traslado por tierra era «arduo, prolongado, costoso» y «causaba una alta mortalidad». Según las citas del informe que reproducen National Geographic y Boise State Public Radio, las mulas se ponían «asustadizas y pendencieras» con los castores a cuestas, que se retorcían y olían fuerte.

Heter buscó otra forma: soltarlos desde el aire. Tras la guerra sobraban paracaídas de rayón, y con ellos ideó un sistema que describen el resumen de su informe y National Geographic: una caja de madera que se abría en dos mitades, como una maleta, con lugar para dos castores. Un juego de cuerdas la abría sola cuando, ya en el suelo, el paracaídas se desinflaba. Otro fotograma de la misma película muestra una de esas cajas abierta tras aterrizar.

Fotografía granulada en blanco y negro, con estilo de prensa antigua: un empleado de fauna con camisa de trabajo de lana y el rostro medio vuelto, en una pequeña pista de aterrizaje junto a un lago de montaña
Un empleado de fauna en una pista de montaña de Idaho: figura anónima que evoca el oficio, no un retrato de Elmo Heter.

Geronimo, el castor de prueba

Antes de arriesgar a los demás había que probar las cajas. Heter eligió a un macho viejo, le puso el nombre de Geronimo y lo lanzó una y otra vez, hasta que el castor se metía solo en su caja. «¡Pobre amigo! Al final se resignó…», escribió Heter, en una frase que rescata Boise State Public Radio. El Idaho Statesman contó la historia el 29 de agosto de 1948, según recuerda el News Tribune.

Leída hoy, la escena incomoda: la confianza en el método se construyó a costa de un solo animal, lanzado tantas veces que dejó de resistirse. Y Geronimo no se quedó en las pruebas: según National Geographic, que cita a Heter, viajó en el primer vuelo real, el 14 de agosto de 1948, junto con tres hembras jóvenes.

Setenta y seis castores en el aire

Después vinieron los vuelos de verdad, que el resumen del informe de Heter sitúa entre 1948 y 1949. En total cayeron 76 castores. Conservation Evidence, National Geographic y Boise State Public Radio coinciden en lo que pasó después.

Sobrevivieron 75.

El que murió no cayó dentro de su caja. Según National Geographic, que cita a Heter, y el News Tribune, salió de la caja entreabierta en pleno vuelo y «saltó o cayó» desde unos 23 metros (75 pies), la altura aproximada de un edificio de siete pisos.

Imagen de colores desvaídos, vista desde el suelo: una pequeña caja de madera cuelga de un paracaídas abierto y desciende por un cielo pálido sobre crestas empinadas cubiertas de bosque
Ilustración de un descenso visto desde tierra: bajo cada paracaídas viajaban castores rumbo a un valle que nunca habían visto.

Los demás tocaron tierra en un lugar que no conocían. Aun así, según el resumen del informe de Heter, un año después ya habían construido diques y madrigueras. Cada grupo tenía de nuevo un hogar, y una despensa para el invierno.

Una película perdida y una pregunta abierta

Idaho Fish and Game filmó el programa, pero la película se extravió. La historiadora Sharon Clark empezó a buscarla hacia 2008, y en 2014 apareció mal rotulada, según National Geographic, The Spokesman-Review y el comunicado de Idaho Fish and Game del 27 de octubre de 2015. En octubre de 2015 se publicó en YouTube con el título Fur for the Future, y todavía se puede ver cómo bajaban las cajas:

Hoy la cuenca Chamberlain forma parte del área silvestre Frank Church-River of No Return, según Boise State Public Radio. Si allí quedan descendientes de aquellos 76, nadie puede saberlo. Roger Phillips, vocero de Idaho Fish and Game, explicó en un artículo de 2023, a 75 años de los lanzamientos, que es imposible saber si algún castor actual desciende de Geronimo o de sus compañeros. Lo que sí es probable, añadió, es que haya castores donde hay prados y arroyos con sauces.

Junto al lago Payette, sus diques eran un estorbo para los recién llegados. En la montaña, son vida. El castor nunca fue el problema: solo estaba donde nosotros queríamos vivir.

¿Crees que hoy se justificaría lanzar animales en paracaídas para devolverle la vida a un ecosistema, o hay límites que no deberíamos cruzar para ayudar a la naturaleza?

Foto de la caja con castores bajando en paracaídas: Idaho Department of Fish and Game (fotograma, c. 1950), vía Wikimedia Commons, dominio público en EE. UU. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

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