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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Dos crías de zarigüeya sin su madre, con el pelo a medio crecer y una piel que no daba pistas

Llegaron sin su madre, muy pequeñas y con el pelo de la cabeza y de la parte trasera volviendo a crecer. Su piel, en cambio, se veía sana.

Dos crías de zarigüeya sin su madre, con el pelo a medio crecer y una piel que no daba pistas

Dos crías de zarigüeya recorrían una propiedad por su cuenta, con el otoño ya avanzado. Su madre no estaba con ellas, y eran demasiado pequeñas para arreglárselas solas.

Había algo más que llamaba la atención. En la cabeza y en los cuartos traseros, su pelo era apenas una capa muy corta que estaba volviendo a salir. Algo les había hecho perder el pelaje justo en esas zonas.

Quien las encontró las llevó a Humane Indiana Wildlife, un centro que atiende fauna silvestre en Indiana. Necesitaban ayuda por partida doble: por su tamaño y por el estado de su pelo.

Una piel sin pistas

El equipo las revisó de cerca, buscando qué había detrás de esas zonas de pelo corto. Lo que vio no encajaba con la imagen de dos animales enfermos.

Publicación de Facebook

«Lo interesante es que el pelo que está saliendo, y también la piel, se ven muy sanos», escribió el equipo en su publicación.

Las sospechosas habituales eran la sarna o algo externo que hubiera abierto paso a una infección por bacterias. Ninguna apareció. Todo lo que se veía estaba en orden.

Entonces, ¿por qué habían perdido el pelo justo en la cabeza y en la parte trasera?

Lo que no se ve

Que la piel luciera sana no descartaba nada. Una infección podía estar escondida, sin asomar por fuera, y hasta un hongo podía estar detrás de esa pérdida de pelo.

El equipo eligió no esperar a tener la respuesta. Les dio antibióticos a las dos y las bañó.

Mientras tanto, se ocupó de lo que comían: una dieta equilibrada, con los nutrientes que necesitaban.

Y es que, con ese tamaño, además de comer todavía tenían que tomar fórmula.

Lo que falta por crecer

Por ahora, ninguna de las dos tiene el aspecto de una zarigüeya sana. El equipo lo reconoce, y lo dice pensando en lo que viene.

«Puede que ahora se vean algo desmejoradas, pero nos entusiasma verlas crecer y llegar a ser zarigüeyas sanas, con todo el pelo, mientras estén bajo nuestro cuidado», escribió.

Ese tiempo a su cuidado no será corto. Por lo pequeñas que todavía son, las dos pasarán el invierno con el equipo.

Llegaron solas, en pleno otoño, con el pelaje a medio recuperar. La próxima primavera, cuando las suelten de nuevo en la naturaleza, la idea es que vuelvan a andar por su cuenta, esta vez con la cabeza y la parte trasera cubiertas de pelo.

Imagen principal: Humane Indiana Wildlife.

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