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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Una tortuga verde rescatada nadó hasta Wellington, dio media vuelta y se detuvo un mes

Tras su rescate, una tortuga verde volvió al mar de Nueva Zelanda con un transmisor satelital. Los científicos siguieron cada señal de un viaje de casi 3.000 kilómetros.

Una tortuga verde rescatada nadó hasta Wellington, dio media vuelta y se detuvo un mes

Una tortuga verde se alejó de la bahía de Rangaunu, en el norte de Nueva Zelanda, con un transmisor satelital a cuestas. La llamaban 3K. Atrás quedaban su rescate y su rehabilitación; adelante, el mar abierto.

En tierra, los científicos esperaban sus señales. Una red de 25 satélites les diría, día tras día, dónde estaba.

Y es que de estas tortugas se sabía muy poco. Nadie tenía claro si cada una pasa largas temporadas en un mismo lugar o si se muda seguido a otros puntos del país, según explicó Karen Middlemiss, la científica del Departamento de Conservación que dirige la investigación, en el comunicado del organismo. Lo que 3K hiciera ahora iba a contar.

Hasta Wellington y de vuelta

El rumbo fue el sur. 3K bajó por la costa oeste de la Isla Norte hasta Wellington, en el otro extremo de la isla.

Allí giró y emprendió el regreso.

En el camino de vuelta hizo una pausa larga: un mes completo en la bahía de Manukau, junto a Auckland. Después retomó el rumbo norte, hasta la misma Rangaunu de donde había salido.

Fueron cuatro meses y casi 3.000 kilómetros de nado.

Adolescentes de paso

3K no era la única con transmisor. Desde 2025, Team Turtle, un proyecto que reúne al Departamento de Conservación, el zoológico de Auckland, el acuario SEA LIFE Kelly Tarlton’s y grupos maoríes locales, ha seguido a 11 tortugas verdes rehabilitadas, cada una durante seis a doce meses.

En Nueva Zelanda, las tortugas verdes están de paso. No se reproducen allí: llegan jóvenes a las aguas más cálidas de la Isla Norte y, más adelante, parten hacia sus playas de anidación en el Pacífico. «Somos una especie de servicio de niñeras para adolescentes», resumió Middlemiss.

Otra de ellas, liberada en la bahía de Taupō, también en el norte, bajó por la costa este hasta la península de Coromandel y volvió para quedarse en Rangaunu.

Pero el mar que recorren no es tranquilo. Al zoológico de Auckland llegan tortugas heridas por anzuelos, líneas de pesca y choques con embarcaciones, y otras con neumonía o infecciones intestinales, sobre todo entre agosto y diciembre, explicó en el mismo comunicado James Chatterton, jefe de servicios veterinarios del zoológico. Y su objetivo va más allá de curarlas: «La meta a largo plazo es mejorar su entorno marino para que más de ellas prosperen en libertad».

Praderas bajo el agua

Mientras tanto, las señales fueron mostrando un patrón. Las tortugas que pasaban más tiempo en Rangaunu aparecían, la mayoría de las veces, sobre praderas de pastos marinos y en los canales de la bahía.

Con esos datos, el equipo identificó los lugares donde concentrar el trabajo: Rangaunu, Pārengarenga, Murimotu, Whangārei y la bahía de las Islas, en el norte, y Manukau, en Auckland. Es la misma bahía donde 3K se detuvo un mes.

«Lo que sigue es transformar esta información en acciones de conservación», dijo Middlemiss. El equipo quiere trabajar con los consejos regionales para que las tortugas figuren en los planes de manejo costero, y espera sumar transmisores hasta seguir a 20 tortugas.

Para Nina Raharuhi, monitora cultural de Ngāti Kahu, las honu, como se llama a las tortugas en maorí, son tesoros del mar. A quienes navegan y pescan en Rangaunu les pide «ata haere, kia tūpato»: con calma y con cuidado.

Las señales que los científicos esperaban en tierra siguen ahí: Wellington, el regreso, aquel mes en Manukau. Juntas ya no cuentan solo el viaje de una tortuga. Marcan las aguas que ahora hay que cuidar.

Imagen principal: Department of Conservation (NZ).

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