Es mayo en Laguna, al sur de Brasil, y las lisas están en plena migración. En la orilla de un canal, un pescador espera con la red lista. Mira el agua turbia, atento. No espera a los peces: espera a un delfín.
Cuando el delfín aparece, lo que el pescador haga en los segundos siguientes dependerá de lo que haga ese animal. Esa parte se conoce desde hace generaciones. Lo que nadie había medido con cuidado es qué gana el delfín con esa costumbre.
Un lomo, unos ocho segundos y la red
La escena se repite desde hace más de un siglo, según el estudio de Cantor y colegas publicado en 2023 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). La nota de la Universidad Estatal de Oregón (Oregon State University, 2023) sobre esa investigación habla de más de 140 años. El delfín arrea un cardumen de lisas hacia el borde del canal, donde esperan los pescadores. De pronto hace una zambullida profunda y repentina que deja ver el lomo. Esa es la señal.
Los investigadores cronometraron la respuesta: en promedio, los pescadores lanzan la red unos 8 segundos después de la zambullida (7,80 segundos, con mucha variación de un lance a otro). Para medirlo, el equipo trabajó durante el pico de la migración de la lisa, entre mayo y junio, a lo largo de 44 días de muestreo en 2018 y 2019.

Casi cuatro lisas por cada una
El estudio, cuyo texto completo puede leerse en PubMed Central, analizó 751 lances de red. Cuando había delfines, cada lance trajo casi cuatro lisas por cada una que habría traído sin ellos.
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La otra cifra muestra cuánto importa actuar a tiempo. De las 4.955 lisas capturadas, 86 de cada 100 llegaron en interacciones sincrónicas, cuando delfín y pescador actuaron a la vez. Y de las 433 interacciones que terminaron con captura, el 74 % fueron sincrónicas. El sonar ayudó a entender por qué: en esas interacciones detectó más lisas junto al borde del canal, cosa que no ocurría cuando cada uno iba por su lado.

¿Y el delfín? Los pescadores cuentan que también se lleva su parte. A veces sienten un tirón en la red y es un delfín que les saca una o dos lisas: el 61 % de los pescadores consultados en el estudio dice notarlo.

Caroba, Scooby y Figueiredo
No todos los delfines participan. De los 65 identificados en el estudio, 23 cooperan con los pescadores y otros 21 lo hacen a veces. Los 21 restantes pescan solos, recorriendo toda la laguna.
Los pescadores dicen reconocer a los delfines con los que cooperan, sobre todo por las marcas naturales de la aleta dorsal, y les ponen nombre: Caroba, Scooby, Figueiredo. Pero ese reconocimiento no es unánime. Cuando da Rosa y colegas (2020) estudiaron esa habilidad en un trabajo publicado en Journal of Ethnobiology and Ethnomedicine, encontraron poco consenso entre los pescadores, con un índice de concordancia de 0,41.
La ventaja de quedarse junto al canal
Lo más asombroso está en quién sobrevive. Los delfines que cooperan, aunque sea a veces, tienen una ventaja anual de supervivencia de cerca de 13 % sobre los que pescan solos, según el estudio de Cantor y colegas (2023), que la mide como supervivencia anual aparente.
La explicación que proponen los autores tiene que ver con dónde pasa su tiempo cada delfín. Los que pescan solos recorren toda la laguna, y por toda la laguna hay redes ilegales de otros pescadores, como las de enmalle. Esos delfines tienen, en promedio, 3,3 veces más probabilidades de quedar atrapados en ellas que los que cooperan. El riesgo es concreto: de 12 delfines hallados muertos y varados entre 2016 y 2018, 6 estaban enredados en redes de enmalle.
Los que cooperan, en cambio, pasan más tiempo junto al canal, y eso parece mantenerlos lejos de esas redes. Los autores lo describen como una vía indirecta: la ventaja no vendría de la cooperación en sí, sino del lugar donde se queda el delfín que coopera.
Una alianza con fecha posible de cierre
Esa cercanía, que ya dura más de un siglo, podría acabarse. Según el estudio, las pesquerías artesanales e industriales de la región sobreexplotan localmente las lisas, y la frecuencia con que los delfines interactúan con los pescadores bajó durante el período de estudio.
Con esos datos, los investigadores proyectaron el futuro de esta pesca compartida. En el peor escenario de su modelo, la cooperación entre delfines y pescadores de Laguna desaparecería en 40 a 60 años. Es una proyección, no un hecho observado: el escenario más pesimista, no un final escrito.
Por más de un siglo, una zambullida y un lance de red han bastado para que delfines y pescadores se entiendan en la orilla de un canal. Esa conversación sin palabras llena las redes y, al parecer, también protege a los delfines que la sostienen desde el agua. Que siga ocurriendo en Laguna dentro de 60 años es, hoy, una pregunta abierta.
Los pescadores de Laguna les ponen nombre a los delfines: Caroba, Scooby, Figueiredo. ¿Qué nombre le pondrías tú al delfín que te avisa cuándo lanzar la red?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Cantor, M. et al. (2023). Foraging synchrony drives resilience in human–dolphin mutualism. Proceedings of the National Academy of Sciences 120(6): e2207739120. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9963516/
- da Rosa, D. S. X., Hanazaki, N., Cantor, M., Simões-Lopes, P. C. y Daura-Jorge, F. G. (2020). The ability of artisanal fishers to recognize the dolphins they cooperate with. Journal of Ethnobiology and Ethnomedicine. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7257239/
- Oregon State University (2023). Fishing in synchrony brings mutual benefits for dolphins and people in Brazil, research shows. Oregon State University News. https://news.oregonstate.edu/news/fishing-synchrony-brings-mutual-benefits-dolphins-and-people-brazil-research-shows

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