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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

La araña que vivió 43 años sin mudarse de su madriguera

En marzo de 1974, la zoóloga Barbara York Main marcó con un disco de metal la madriguera de una cría de araña de trampilla en Australia Occidental. Le tocó el número 16, y volvería a mirarla durante más de cuatro décadas.

La araña que vivió 43 años sin mudarse de su madriguera

Es marzo de 1974, en un monte nativo de Australia Occidental. Una cría de araña acaba de dejar la madriguera de su madre y de cavar la suya. Una científica marca la entrada con un disco de metal numerado. A esta le toca el 16.

Es un gesto casi administrativo, un número más en una lista que suma decenas. Pero la araña de la madriguera 16 no se mudará jamás, y la mujer que marcó su puerta volverá a mirarla durante más de cuatro décadas.

Varias docenas de puertas numeradas

La científica era Barbara York Main, nacida en 1929 y primera mujer doctorada en zoología en la Universidad de Australia Occidental, según la semblanza del Western Australian Museum. Su pregunta era sencilla: «Quería saber cuánto vivían las arañas», contó en 2013 en el programa Ockham’s Razor, de ABC Radio National. Para averiguarlo numeró «varias docenas» de madrigueras en un monte nativo que, como destaca el comunicado de Curtin University (2018), nadie taló.

El método se apoyaba en una costumbre de estas arañas: las hembras adultas no se mudan; reparan su madriguera y se quedan en ella, así que cada puerta numerada era una araña concreta. Lo explica el artículo de Leanda Mason, Grant Wardell-Johnson y la propia Barbara en Pacific Conservation Biology (2018), que precisa que la número 16 venía del primer grupo de crías que se dispersaron y fijaron madriguera en la primera temporada del estudio, en marzo de 1974. Por eso su edad se conocía desde el principio.

Era una Gaius villosus, de la familia Idiopidae, una de las varias familias que, según el Australian Museum, reciben el nombre común de arañas de trampilla.

Tapa circular de una madriguera, cerrada al ras de la tierra entre hojas secas de eucalipto, con ramitas secas dispuestas en abanico desde su borde y un pequeño disco de aluminio a un lado
Cerrada, la trampilla es apenas una costura en la tierra. Un disco metálico numerado, como los que usó Barbara, permitía volver a encontrar cada madriguera.

Una puerta con bisagra de seda

Las crías se instalan rápido: «En 24 horas ya están acomodadas, con puerta y todo», contaba Barbara. Esa puerta es una tapa a modo de tapón que gira sobre una bisagra de seda, como describió ABC News en 2025 al hablar de esta especie. En general, las arañas de trampilla hacen tapas de seda unidas por un lado y camufladas con tierra, según el Arthropod Museum de la Universidad de Arkansas. Barbara la comparaba con el tapón de una bañera: encaja en el borde y frena las inundaciones. Debajo, según ella, estas madrigueras bajan hasta 70 centímetros, casi el largo de un brazo.

Alrededor de la entrada, estas arañas tejen ramitas en forma de estrella. Como se contó en el programa de 2013, una hormiga que pasa las sigue hasta la puerta; abajo, la araña siente el movimiento, abre de golpe y la arrastra al fondo. El Australian Museum describe el mismo mecanismo: cuando una presa pisa esas ramitas, la araña salta desde la puerta. Para la hormiga, el suelo se abrió.

Araña de trampilla australiana, robusta y de color café oscuro, en la entrada de su madriguera sobre tierra arenosa con hojas secas de eucalipto
Robusta y oscura, una araña de trampilla australiana en la boca de su madriguera: no necesita alejarse de ahí para cazar.

Una vida sin prisa

¿Cómo llega una araña a las cuatro décadas? El comunicado de Curtin University apunta a su forma de vivir: quieta y con un metabolismo bajo. Los machos no corren esa suerte: según Mason y sus colegas, maduran hacia los 5 años, salen a buscar hembra y mueren esa misma temporada. Las hembras se quedan y siguen reparando su madriguera.

En 2013, con 84 años, Barbara lo resumía así en ABC Radio National: «Tengo una araña de la camada original que sigue viva». Para entonces, la número 16 llevaba casi cuatro décadas detrás de la misma puerta.

Bióloga de campo con sombrero de ala ancha y camisa de manga larga, arrodillada en un claro de eucaliptos con una libreta en la mano, inclinada sobre una pequeña trampilla junto a una estaca de madera
Un estudio así se sostiene con paciencia: volver una y otra vez al mismo punto del monte para comprobar que cada puerta sigue en uso.

Un agujero en la tapa

Seis meses antes la habían visto viva. Pero el 31 de octubre de 2016, en una nueva revisión, la tapa que la había protegido toda su vida apareció perforada. Según el artículo de 2018, el agujero lo hizo una avispa caza-arañas, de la familia Pompilidae.

Estas avispas paralizan a las arañas con su veneno y les ponen un huevo para que su larva tenga alimento, como resumen Dashevsky y Rodriguez en una revisión publicada en Toxins (2021). Por eso la conclusión del estudio es prudente: la número 16 probablemente no murió de vieja.

Tenía 43 años. Ninguna araña registrada había vivido tanto: el récord anterior era de una tarántula de 28 años, según el artículo y el comunicado de Curtin University.

Dónde ver los datos de la número 16

El hallazgo se publicó en 2018 con un título que lo dice todo: «The longest-lived spider: mygalomorphs dig deep, and persevere» («La araña más longeva: las migalomorfas cavan hondo y perseveran»). Puedes leer el artículo completo en Pacific Conservation Biology, que incluye una fotografía de la tapa de la número 16 con la perforación de la avispa. Y el programa de Vicki Laurie para Ockham’s Razor recoge, en palabras de Barbara, cómo empezó todo.

Más de medio siglo después de aquellos primeros discos, en septiembre de 2025, la comunidad de Tammin, en Australia Occidental, celebró esta investigación sobre arañas de trampilla y a sus científicos ciudadanos, según ABC News.

La araña más longeva que se conoce no necesitó nada extraordinario: un monte que nadie taló, una vida sin prisa y una mujer que volvió a mirarla durante 42 años. Lo excepcional fue que las tres cosas coincidieran.

Si pudieras seguir a un solo animal silvestre durante 40 años, como hizo Barbara con la número 16, ¿cuál elegirías y qué te gustaría descubrir de él?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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