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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Nadie lo domesticó, pero este pájaro salvaje acude cuando los cazadores de miel lo llaman

El indicador grande guía a los cazadores de miel hasta las colmenas a cambio de cera, y acude cuando lo llaman. Lo que la ciencia descubrió sobre ese llamado, y sobre quién cría a este pájaro, lo vuelve todavía más asombroso.

Nadie lo domesticó, pero este pájaro salvaje acude cuando los cazadores de miel lo llaman

El sonido viaja entre los árboles del norte de Mozambique: un trino fuerte que remata en un gruñido, «brrr-hm». Lo lanza un cazador de miel. Desde las ramas, un pájaro responde con su canto y echa a volar por delante, de árbol en árbol. No es un ave amaestrada ni una mascota. Es un indicador grande (Indicator indicator), un pájaro salvaje, y está guiando a una persona hasta un nido de abejas.

Nadie domesticó a este pájaro, y ahí está lo que no cuadra. Que guíe a la gente hasta la miel ya lo había anotado un misionero hace más de cuatro siglos. Lo que la ciencia comprobó mucho después es que también acude cuando lo llaman, y que no le da igual qué llamado escucha.

Velas encendidas en Sofala

En 1588, en Sofala, en lo que hoy es Mozambique, el misionero portugués João dos Santos vio pájaros que acudían a las velas encendidas de su iglesia para comerse la cera. Así lo cuenta Rob Dunn en un fragmento de su libro publicado por Science Friday (2025). Dos Santos anotó algo todavía más extraño: esos pájaros guiaban a la gente hasta las colmenas. Según un artículo de D. H. de Swardt (2024) para el Museo Nacional de Bloemfontein, es el primer relato moderno de los indicadores y de su trato con los cazadores de miel.

Ese relato es parte de Ethiopia Oriental, el libro de dos Santos impreso en Évora en 1609, cuya edición original puede hojearse digitalizada.

Ilustración en tinta negra, al estilo de un grabado antiguo, del interior de una capilla sencilla con vigas y techo de paja, muros encalados y un altar de madera
Una capilla de misión imaginada al modo de los grabados de época. En una iglesia de Sofala, en 1588, unos pájaros acudían a la cera de las velas.

Miel para la gente, cera para el ave

Más de cuatro siglos después, el trato sigue en pie. El indicador guía a los cazadores con su canto y su vuelo, de árbol en árbol. Según el trabajo de H. A. Isack (1999) en las actas del Congreso Ornitológico Internacional de Durban, la dirección del vuelo indica dónde está la colonia de abejas, y los cambios en el canto y en el vuelo marcan el nido. Entre los boran, otro pueblo de cazadores de miel, seguir al ave reduce un 64 % el tiempo de búsqueda.

La gente se lleva la miel, y el ave, la cera, que le sirve de alimento, según el estudio de D. J. Lloyd-Jones, M. Muamedi y C. N. Spottiswoode (2025) en Ecology and Evolution. Cómo digiere esa cera todavía no se entiende bien, explica el proyecto African Honeyguides, de las universidades de Ciudad del Cabo y Cambridge. Si el ave podría llegar a ella sin ayuda humana es algo que estas fuentes no aclaran.

Nido de abejas recién abierto en el tronco hueco de un árbol, con trozos de panal de cera vacíos sobre una rama y un indicador posado justo encima, mirando la cera
Cuando la gente se lleva la miel, la cera que queda es la parte del trato que le toca al ave.

Lo que cambia un «brrr-hm»

Los cazadores de miel del pueblo yao, en el norte de Mozambique, llaman al indicador con ese trino fuerte seguido de un gruñido, según las notas que publicaron en 2023 la Universidad de Cambridge y la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

En este video de la Universidad de Cambridge puedes oír cómo llaman al ave los cazadores yao y los hadza.

Video de YouTube

En 2016, el equipo de C. N. Spottiswoode, K. S. Begg y C. M. Begg midió cuánto pesa ese llamado. Lo comparó con otros sonidos, de animales o de personas, de volumen parecido. Con el «brrr-hm», la probabilidad de que un indicador guiara a la gente fue del 66 %, frente al 33 % con los otros sonidos: el doble. La probabilidad de que la búsqueda terminara en un nido de abejas fue del 54 %, frente al 17 %: se triplicó. El artículo original, con los datos completos, está publicado en Science.

Un cazador de miel con un hacha al hombro llama con las manos alrededor de la boca, mirando hacia las copas, mientras desde una rama alta un pequeño pájaro se vuelve en su dirección
Un llamado a viva voz, hacia las copas. Con el sonido adecuado, la búsqueda tiene muchas más probabilidades de terminar en un panal.

Un silbido en Tanzania

Pero el «brrr-hm» no es el único llamado: cada pueblo tiene el suyo. Los hadza, cazadores-recolectores del norte de Tanzania, silban de un modo que suena a pájaro, y así no espantan a sus presas, explica la Universidad de Cambridge. En 2023, C. N. Spottiswoode y B. M. Wood compararon los dos llamados, el «brrr-hm» y el silbido hadza, en ambos países.

Las aves de Tanzania respondieron al silbido hadza más del triple que al «brrr-hm». Las de Mozambique respondieron casi el doble al «brrr-hm» que al silbido, según las notas de Cambridge y de la UCLA. Es decir: los indicadores distinguen los llamados y responden más al de la gente de su zona, como concluye el estudio, publicado en Science con los datos completos.

Criado por otra especie

Lo más asombroso es quién cría a este pájaro. El indicador grande es un parásito de cría: la hembra pone el huevo en el nido de otra especie, sobre todo en el del abejaruco chico, según el estudio de C. N. Spottiswoode y J. Koorevaar (2012) en Biology Letters. La cría nace ciega, en total oscuridad y con ganchos en el pico. Si después nacen las crías de sus padres adoptivos, las mata; en cerca de la mitad de los nidos, la madre ya había picado antes los huevos del hospedador. Los padres adoptivos la alimentan. Ningún indicador la cuida.

Aun así, el indicador adulto prefiere el llamado de la gente de su región. Para Spottiswoode y Wood, eso sugiere que las aves aprenden las señales humanas de su zona: todo indica que lo aprende. De quién, y cómo, es una pregunta que este artículo no puede responderte.

Y esa conversación entre un pueblo y un pájaro se está apagando en gran parte de África, advierte el proyecto African Honeyguides; las causas no las detallan las fuentes de este artículo.

Es un idioma que no figura en ningún diccionario. Donde sobrevive, lo hablan un pueblo y un pájaro salvaje que creció entre extraños, y el premio es miel para uno y cera para el otro.

¿Conoces otra alianza entre personas y animales silvestres en la que los dos salgan ganando? Cuéntanos cuál y dónde ocurre.


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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