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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Las «sirenas» que decepcionaron a Colón tenían parientes con trompa

Colón esperaba sirenas hermosas y anotó que tenían «forma de hombre en la cara». Casi con seguridad eran manatíes: parientes del elefante con un punto débil que, cinco siglos después, sigue poniéndolos en riesgo.

Las «sirenas» que decepcionaron a Colón tenían parientes con trompa

La entrada del diario lleva fecha del 9 de enero de 1493, pero lo que relata pasó el día anterior. Cristóbal Colón iba hacia el Río del Oro, frente a la costa de la actual República Dominicana, cuando vio tres «serenas», así, con e, que salieron «bien alto de la mar».

Lo que anotó después no fue asombro, sino una queja. Aquellas criaturas, escribió, «no eran tan hermosas como las pintan», porque tenían «forma de hombre en la cara». El navegante esperaba la belleza de los relatos, y los seres que asomaron del agua no se parecían a ellos.

«Forma de hombre en la cara»

El texto que hoy se cita es la copia del diario hecha por Bartolomé de las Casas, y el pasaje puede leerse al pie de la letra en «Historia Natural y Política: El nuevo mundo y los clásicos», de M. Nieto, publicado por Banrepcultural, del Banco de la República de Colombia. En la misma anotación, Colón aclara que ya había visto algunas en la costa de Guinea. Navegaba entonces a bordo de La Niña, según recuerda C. Cánovas en la revista NaturalMente del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

¿Qué vio en realidad? El blog de la Biodiversity Heritage Library (2014) no tiene dudas: eran manatíes. El texto de Banrepcultural es más prudente y habla de «probablemente un manatí». Entre ambas lecturas queda la conclusión honesta: casi con seguridad, eran manatíes.

Conviene no estirar la historia. Que los manatíes hayan dado origen a las leyendas de sirenas es una idea atractiva, pero no está probada. Lo documentado es más modesto y más concreto: un navegante que esperaba sirenas y anotó, con franqueza, que tenían cara de hombre.

Silueta de perfil de un niño con la nariz casi pegada al vidrio de una ventana submarina, frente a la cabeza enorme de un manatí en el agua azul verdosa de un manantial
Un niño y un manatí, separados por el vidrio de un observatorio submarino en un manantial de Florida. Vista de cerca, esa cabeza ayuda a entender por qué Colón habló de «forma de hombre en la cara».

Parientes con trompa

Las sirenas de Colón escondían otra sorpresa: sin saberlo, el navegante había descrito a parientes del elefante. Según la ficha del manatí del San Diego Zoo Wildlife Alliance, sus parientes vivos más cercanos son el elefante y el damán. El manatí y el elefante descienden de un mismo antepasado terrestre, y sus caminos se separaron hace más de 50 millones de años.

Por eso aquí se habla de «parientes» y no de «el pariente más cercano»: cómo se reparte exactamente el parentesco entre elefantes, sirenios (el grupo al que pertenecen los manatíes) y damanes sigue en debate.

Muelas en cinta transportadora

Manatí y elefante comparten, además, un rasgo asombroso en la boca. Según el Save the Manatee Club, las muelas del manatí nacen al fondo de la mandíbula y avanzan hacia adelante, como en una cinta transportadora, hasta que se gastan y caen. Detrás siempre viene otra: el manatí las renueva durante toda su vida, como también recoge la ficha del San Diego Zoo.

El elefante hace lo mismo, pero con un límite. La ficha del elefante del San Diego Zoo explica que sus muelas crecen desde atrás y empujan a las viejas hacia adelante, y que tiene como máximo seis juegos. El manatí no conoce ese tope. Eso sí: compartir el rasgo no significa haberlo heredado del antepasado común; en los manatíes parece haber evolucionado por separado.

Una casa grande con una sola estufa

Pero el manatí tiene un punto débil: fabrica muy poco calor. Según el Laboratorio de Ecología Fisiológica y Bioenergética de la Universidad de Central Florida, su metabolismo funciona a apenas un 25 a 30 % del ritmo esperable para un mamífero de su tamaño. Es como intentar calentar una casa grande con una sola estufa.

El problema aparece cuando el agua se enfría. De acuerdo con el estudio de D. W. Laist, C. Taylor y J. E. Reynolds III, publicado en 2013 en PLOS ONE, si el agua pasa mucho tiempo por debajo de 18 a 20 °C, el manatí puede morir de frío.

Por eso, en invierno, busca agua tibia. En Florida, su refugio natural son los manantiales tibios. Pero, como documenta la Comisión de Mamíferos Marinos de Estados Unidos (Marine Mammal Commission), muchos de esos manantiales fueron bloqueados por represas, alterados por obras o debilitados por el bombeo de agua subterránea, que les resta caudal.

Una persona con chaqueta de invierno y gorro de lana anota en una tablilla desde un bote de aluminio, en un manantial con neblina, mientras tres hocicos de manatí asoman en el agua clara
Trabajo de campo en un manantial de Florida en una mañana fría. Contar cuántos manatíes buscan estas aguas tibias es la forma de saber dónde pasan el invierno.

El calor que sobra de nuestra electricidad

Con menos manantiales a su alcance, muchos manatíes encontraron otro refugio. Según el estudio de Laist y colegas, entre 1999 y 2011 el 48,5 % de los manatíes contados en invierno, casi la mitad, estaba junto a centrales eléctricas, en el agua caliente que estas descargan.

Luego llegó enero de 2010, excepcionalmente frío. Ese mes se contó la cifra récord de 5.076 manatíes, y la proporción junto a las centrales subió al 63,2 %: casi dos de cada tres. Aun así, al menos 252 manatíes murieron de frío entre enero y febrero de ese año.

Decenas de lomos y hocicos grises de manatí apretados en la superficie de un canal de descarga, con vapor sobre el agua y dos chimeneas a rayas de una central eléctrica al fondo
Lomos y hocicos apiñados en el canal de descarga de una central eléctrica en una mañana de invierno. El vapor delata el agua caliente que buscan para no enfriarse.

Escenas así pueden verse en tiempo real: Tampa Electric transmite con cámaras en vivo el canal de descarga de su central Big Bend, que es santuario estatal y federal de manatíes.

Ese refugio, sin embargo, tiene fecha de vencimiento. La Comisión de Mamíferos Marinos señala que la vida útil prevista de las centrales que usan los manatíes no pasa de 35 a 40 años. Y Laist y colegas observaron que, tras cierres anteriores, muchos manatíes tendieron a quedarse cerca del sitio en vez de buscar refugio lejos.

Cinco siglos después, las sirenas que decepcionaron a Colón siguen aquí, con su «forma de hombre en la cara» y sus parientes con trompa. Muchas pasan el invierno pegadas al calor que sobra de nuestra electricidad. Y ninguna central eléctrica dura para siempre.

¿Alguna vez viste un manatí en libertad? Cuéntanos dónde fue y si, como Colón, por un instante te pareció ver algo más que un animal.


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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