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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Hasta 80 pelos por folículo: el pelaje de la chinchilla, un abrigo que se volvió sentencia

La chinchilla de cola larga tiene el pelaje más denso de los mamíferos terrestres. La protegía del frío, de los parásitos y de los zorros, pero no de las peleterías.

Hasta 80 pelos por folículo: el pelaje de la chinchilla, un abrigo que se volvió sentencia

En el semidesierto de Coquimbo, en lo alto de las laderas que miran al norte, vive un roedor que cabe en tus dos manos. Pesa menos de un kilo y lleva encima el abrigo más denso que existe entre los mamíferos terrestres.

Ese abrigo lo protege del frío andino, de los parásitos y de los zorros. Y, sin embargo, esta historia arranca con una pregunta incómoda: ¿puede el abrigo más perfecto de la naturaleza ser, también, una sentencia?

Pelaje denso de chinchilla
El pelaje de chinchilla: el más denso entre los mamíferos terrestres y, desde el siglo XIX, codiciado por las peleterías. Foto: Trurl66 / Wikimedia Commons, dominio público.

Hasta ochenta pelos donde tú tienes tres

Es la chinchilla de cola larga, Chinchilla lanigera, y su nombre científico ya lo advierte: en latín, laniger significa «que lleva lana, lanudo», de lana y gero, «llevar», según el diccionario latino de Lewis y Short. Las hembras pesan hasta 800 gramos y los machos alrededor de 500, según Animal Diversity Web, de la Universidad de Michigan.

En tu cabeza, de cada folículo salen 2 o 3 pelos, según la comparación de San Diego Zoo Wildlife Alliance; un estudio histopatológico del cuero cabelludo describe que el pelo humano brota en grupos de unos dos. En la chinchilla, cada folículo puede producir entre 50 y 80 pelos finos, según Guinness World Records; San Diego Zoo da de 50 a 75, y Animal Diversity Web, hasta 60.

El resultado es un récord. Guinness registra el pelaje de la chinchilla de cola larga como el más denso entre los animales terrestres, con unos 25.000 pelos por centímetro cuadrado en la grupa, donde es más tupido. Es tan cerrado que, según el mismo registro, a los parásitos les cuesta abrirse paso sin arriesgarse a asfixiarse: las pulgas casi no encuentran dónde instalarse.

Baños de polvo y un mechón de sobra

Un abrigo así pide otra forma de asearse. La chinchilla no se baña en agua: se revuelca en polvo fino, con regularidad, según San Diego Zoo. El Manual Merck de Veterinaria lo resume: las chinchillas necesitan esos baños para mantener sanos la piel y el pelaje.

El pelaje guarda, además, una salida de emergencia. Si un zorro la atrapa, puede soltar un mechón y huir. San Diego Zoo, que cuenta a zorros, pumas, serpientes, búhos y halcones entre sus depredadores, llama a esta maniobra fur slip: el atacante se queda con las manos vacías o, si es un zorro, con la boca llena de pelusa.

Chinchilla de cola larga a mitad de un salto sobre una roca clara, en una ladera seca al anochecer
Un salto entre las rocas de una ladera de Coquimbo: ante un depredador, huir es su mejor carta, aunque le cueste un mechón de pelo.

El truco tiene un costo: según el Manual Merck, el pelo perdido tarda varios meses en volver a crecer. Frente a un zorro, es un precio razonable. Pero contra otro cazador no le sirvió de nada.

Cien pieles para un solo abrigo

Ese pelaje se volvió obsesión en las peleterías de Europa y Norteamérica. Según Save the Wild Chinchillas, su explotación abastecía a esos mercados desde el siglo XIX, y el resumen del trabajo de J. E. Jiménez publicado en 1996 en Biological Conservation describe una demanda y unos precios que subían en Europa y Estados Unidos. En 1903, la revista Les Modes publicaba una estola y un manguito de chinchilla de la casa Paquin.

¿Cuántas chinchillas costó esa moda? Las cifras cambian según el periodo y la fuente, y todas son enormes. Según Iriarte (1986), citado por Save the Wild Chinchillas, entre 1828 y 1916 se exportaron de Chile 7.179.640 pieles. Según Jiménez, solo entre 1900 y 1909 salieron oficialmente más de medio millón de pieles al año. El Grupo de Especialistas en Pequeños Mamíferos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cuenta más de 3 millones de pieles entre 1895 y 1921, y algunas estimaciones elevan a más de 21 millones los animales muertos entre 1840 y 1916.

Libro de registros del siglo XIX abierto sobre una mesa de madera, con columnas de anotaciones manuscritas en tinta desvaída
Columnas de anotaciones a mano en un registro de exportaciones: en papeles así, el comercio de pieles llegó a contarse por millones.

Un solo abrigo podía costar más de cien chinchillas: Save the Wild Chinchillas habla de «cien pieles por abrigo», y FOUR PAWS International calculaba en 2024 entre 100 y 150 por prenda. Las colonias silvestres se fueron apagando, una tras otra.

Un obituario prematuro

Hacia los años 60, algunos biólogos ya daban a la chinchilla de cola larga por extinta en libertad.

No lo estaba. Unas pocas chinchillas resistían en los cerros de Coquimbo, y en 1983 Chile creó en Auco la Reserva Nacional Las Chinchillas para protegerlas. Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la reserva está en el semidesierto de la comuna de Illapel, en la Región de Coquimbo, y la especie vive en la parte alta de las laderas que miran al norte: el mismo paisaje con el que empezó esta historia.

Guardaparque visto de espaldas, agachado en una ladera rocosa y seca bajo la luz azul del anochecer
Un guardaparque en una ladera seca cerca de Auco, el paisaje que la Reserva Nacional Las Chinchillas protege desde 1983.

Esa caída la documentó Jiménez en 1996, en un trabajo que revisa la extirpación y el estado de las chinchillas silvestres de dos especies, C. lanigera y C. brevicaudata. Su resumen sigue disponible en Biological Conservation, y los datos completos están en el artículo íntegro.

Pocas, pequeñas y aisladas

Hoy la UICN clasifica a la chinchilla de cola larga como En Peligro, según la ficha de la especie de su grupo de especialistas. Sus colonias silvestres son pocas, pequeñas y aisladas.

¿Cuántas quedan exactamente? Las fuentes de este artículo no dan una cifra. Lo que sí está claro es dónde resisten: en los cerros secos de Coquimbo, protegidas por una reserva creada para que no sigan el camino de las colonias que ya no están.

Millones de años de evolución le dieron a la chinchilla defensas contra el frío andino, los parásitos y los zorros. Ninguna la preparó para que alguien le pusiera precio a su piel.

¿Conocías la historia de la chinchilla en libertad? ¿Qué otro animal crees que pagó demasiado caro por su belleza?


Foto del pelaje de chinchilla: Trurl66 / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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