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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

El flamenco en una pata: lo midieron al milímetro y el resultado salió al revés

El flamenco pasa largos ratos dormido sobre una sola pata finísima. En 2017, dos investigadores de Atlanta midieron al milímetro cómo lo logra.

El flamenco en una pata: lo midieron al milímetro y el resultado salió al revés

En la orilla de una laguna poco profunda, un flamenco dobla una pata y la esconde entre las plumas. Cierra los ojos. Su cuerpo, grande, redondo y rosado, queda en lo alto, apoyado sobre una sola pata larga y fina que parece a punto de ceder. Pasan los minutos y no cede.

Para ti o para mí, dormir apoyados en un solo pie sería imposible. Para el flamenco es costumbre: estas aves a menudo se paran y duermen sobre una pata durante largos periodos. Lo raro no es que lo hagan. Lo raro es cómo lo aguantan.

Una pata escondida entre las plumas

La explicación más repetida era sencilla: el flamenco levanta una pata y la esconde entre las plumas para no perder calor. Hay otra hipótesis, recogida en la nota de Phys.org sobre el estudio (2017): que la postura le ahorra fatiga muscular. Pero ninguna de las dos resolvía la pregunta incómoda: ¿cómo se sostiene tanto tiempo, incluso dormido, un cuerpo así sobre una pata tan fina?

¿Cuánto tiempo, exactamente? El estudio que protagoniza esta historia no da una cifra en horas; habla de «largos periodos». Lo que sí hicieron sus autores fue medir otra cosa, mucho más fina: cuánto se mueve el ave mientras descansa así.

Ocho flamencos jóvenes, uno por uno

En 2017, dos investigadores de Atlanta decidieron medirlo. Young-Hui Chang, profesor de la Escuela de Ciencias Biológicas del Instituto de Tecnología de Georgia (Georgia Tech), estudia la locomoción desde la neurología y la biomecánica. Lena Ting es profesora del Departamento de Ingeniería Biomédica Wallace H. Coulter, que comparten la Universidad Emory y Georgia Tech, según la nota de Georgia Tech (2017).

Trabajaron con ocho flamencos chilenos (Phoenicopterus chilensis) juveniles del Zoo Atlanta, que pesaban entre 0,25 y 1,40 kilos, según el artículo de Chang y Ting (2017) en Biology Letters.

Persona con ropa de trabajo agachada junto a una plataforma metálica gris, con una laptop sobre la rodilla, observando a un flamenco joven de plumaje rosa pálido en un recinto con arena y un estanque poco profundo.
Ocho flamencos jóvenes, una plataforma baja y una pregunta: cuánto se mece un ave que descansa sobre una pata.

El instrumento fue una plataforma de fuerza, un modelo AMTI HE6X6 que tomaba 200 lecturas por segundo. Mide la fuerza de reacción del suelo, la que el piso devuelve al peso del ave, y el centro de presión, el punto donde se concentra el apoyo. Si el flamenco se mece, aunque sea unos milímetros, ese punto se desplaza y la plataforma lo capta. Uno a uno, los flamencos se pararon encima.

Plataforma de fuerza metálica, gris y cuadrada, sobre un piso de concreto, conectada por un cable negro a una laptop apoyada en una caja de plástico, dentro de un edificio de cuidado animal de un zoológico.
Una placa plana, un cable y una computadora: con un equipo así, un balanceo de milímetros deja de ser invisible.

Más quietos con los ojos cerrados

Lo intuitivo sería que un ave adormilada sobre una pata se tambaleara más que una despierta, atenta a cada desequilibrio. Lo que encontraron fue al revés.

En reposo, con los ojos cerrados, el centro de presión de los flamencos se movía dentro de un círculo de apenas 3,2 milímetros de radio (± 0,5). Despiertos, ese radio crecía a 5,1 milímetros (± 0,4), y la velocidad máxima del balanceo pasaba de 40 a 79 milímetros por segundo: prácticamente el doble.

Flamenco chileno adulto dormido de pie en un estanque poco profundo, fotografiado desde abajo, casi al nivel del agua, con su cuerpo rosa pálido ocupando la mayor parte del cuadro.
Desde el nivel del agua, el flamenco dormido parece un cojín de plumas en equilibrio precario. Las mediciones dicen otra cosa.

En reposo eran más estables. Y eso abría otra pregunta: si el flamenco se mecía menos justo cuando menos atento estaba, ¿qué lo estaba sosteniendo?

Una rodilla que no es rodilla

La respuesta empieza bajo las plumas. Esa «rodilla» que parece doblarse hacia atrás a mitad de la pata es en realidad el tobillo, explica Georgia Tech; en la mayoría de las aves, la rodilla y la cadera ni siquiera están a la vista. La verdadera rodilla del flamenco queda oculta junto al cuerpo.

Con aves vivas solo podían medir el balanceo. Para poner a prueba las articulaciones, Chang y Ting recurrieron a los cuerpos de dos flamencos del Caribe adultos (Phoenicopterus ruber) que ya habían muerto, llegados del Birmingham Zoo y no del zoológico de Atlanta.

En la postura de una pata, el flamenco mete el pie hacia dentro, justo debajo del cuerpo, y el punto de apoyo queda bajo la articulación del pie. Como su centro de masa queda por delante de la rodilla, el propio peso empuja las articulaciones hasta trabarlas, como un pestillo que encaja. Al manipularla, la rodilla resistía que la estiraran, pero no que la doblaran. Los autores lo describen como un «aparato de sostén gravitacional» (gravitational stay apparatus).

La página que Zoo Atlanta dedicó al estudio habla incluso de horas de equilibrio sobre una sola pata, aunque referidas a un flamenco muerto, no a uno vivo.

El esqueleto hace el trabajo; los músculos casi descansan. Ese «casi» es honesto: con datos de conducta, los autores no pueden descartar cierta activación muscular sostenida, y la prueba de que el sostén es pasivo sale de los cuerpos, no de las aves vivas.

Sobre dos patas, el pestillo se suelta

Chang y Ting lo publicaron el 24 de mayo de 2017 en Biology Letters, bajo un título que resume su tesis: «Evidencia mecánica de que los flamencos pueden sostener su cuerpo sobre una pata con poca fuerza muscular activa». Pero el artículo traía un giro más.

Cuando acomodaron uno de los cuerpos en una postura parecida a la de dos patas, las articulaciones se volvieron inestables enseguida y dejaron de sostener el peso. El pestillo no encajaba. De ahí los autores deducen que, sobre dos patas, el flamenco necesita activar sus músculos para mantenerse en pie; sobre una, casi no. La postura que a nosotros nos parece la más difícil es, para él, la que menos esfuerzo le pide.

Si quieres revisar los métodos, las tablas y cada medición, el artículo completo de Chang y Ting está disponible en PubMed Central (Biology Letters 13(5): 20160948).

La bailarina rosada de las lagunas, la que parece vivir al borde de la caída, está más firme en reposo que despierta. Recoge una pata y se entrega a la columna que arma con su propio peso: lo que a nosotros nos haría caer, a ella la sostiene.

¿Cuál es la postura más increíble en la que has visto descansar a un animal?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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