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El panda rojo come bambú con un pulgar que no es un dedo, y la clave de su origen estaba en Madrid

El panda rojo y el panda gigante sujetan el bambú con un falso pulgar, pero no son parientes cercanos. Unos fósiles de 9 millones de años hallados al sur de Madrid cuentan de dónde salió esa pinza.

El panda rojo come bambú con un pulgar que no es un dedo, y la clave de su origen estaba en Madrid

El panda rojo (Ailurus fulgens) sujeta el bambú con un pulgar que no es un dedo. Es un hueso de la muñeca, el sesamoideo radial, que creció hasta hacer pinza con los dedos.

¿Un hueso de la muñeca haciendo de pulgar, hoja tras hoja? Parece una pieza hecha a la medida del bambú. Pero la pista más reveladora sobre su origen no apareció en un bosque de bambú, sino en unas cuevas al sur de Madrid.

Veinte mil hojas y un intestino de carnívoro

Esa pinza aparece descrita en el trabajo de Salesa y colegas (2006) y en el análisis de la mano y el antebrazo del panda rojo que publicaron Antón y colegas (2006). Con ella, explica San Diego Zoo Wildlife Alliance, sostiene los tallos de bambú mientras come.

Y come muchísimo. Según el Zoológico Nacional del Smithsonian, se ha calculado que una hembra puede comer unas 20.000 hojas de bambú en un solo día. Necesita tantas porque tiene el intestino corto de un carnívoro: de acuerdo con la ficha de alimentación de San Diego Zoo Wildlife Alliance, digiere apenas un 24 % del bambú que come. Esa digestión pobre ya la habían documentado Wei y colegas (1999).

Dos pandas que no son primos

El panda gigante tiene el mismo recurso: otro hueso de la muñeca agrandado, otra pinza para el bambú, como describen Hu y colegas (2017) y una nota de Nature News del mismo año. ¿Primos, entonces? No. El gigante es un oso. El rojo es el único sobreviviente de su propia familia, Ailuridae, y, como explica el Smithsonian, está más cerca de las mofetas y las comadrejas que de cualquier oso.

Sus linajes se separaron hace más de 40 millones de años: Hu y colegas estiman unos 47,5 millones, con un intervalo de confianza de 39,5 a 54,4 millones. Desde ancestros carnívoros, cada uno llegó por su cuenta al bambú y al pulgar.

Aun así, el gigante le debe el nombre al rojo. La palabra «panda» fue primero del rojo: el zoólogo francés F. Cuvier lo describió en 1825, como consta en GBIF y recuerda National Geographic. El gigante llegó a los libros de ciencia décadas después y, según esa misma página del Smithsonian, lo llamaron panda por rasgos compartidos con el rojo: el gusto por el bambú y ese falso pulgar.

Pistas escritas en dos genomas

¿Cómo terminan dos animales tan lejanos con la misma herramienta? Sus genomas guardan pistas. Al compararlos, Hu y colegas encontraron que los dos comparten cambios idénticos en dos genes que moldean las extremidades, DYNC2H1 y PCNT. Cuando esos genes fallan en ratones o en personas, señala Nature News, pueden aparecer dedos de más.

Son sospechosos, no culpables: el estudio los presenta como genes candidatos y nadie ha demostrado todavía que esos cambios construyan el pulgar. Hay otra coincidencia. En los dos pandas se apagó el gen TAS1R1, el del receptor del umami, el sabor que hace sabrosa la carne. Y se apagó en cada uno por su lado, con mutaciones distintas.

Todo parece cuadrar: dos pandas, una dieta de bambú, el mismo pulgar. Pero en España hay unos fósiles que complican esa historia tan redonda.

Trampas de nueve millones de años al sur de Madrid

El Cerro de los Batallones está en Torrejón de Velasco, al sur de Madrid. Según la Comunidad de Madrid, sus cuevas funcionaron como trampas naturales hace unos 9 millones de años.

Persona con camisa de trabajo azul desteñida y sombrero, de rodillas en un pozo de excavación poco profundo abierto en arcilla blanquecina, en una colina seca
Excavar un yacimiento es trabajo lento y de rodillas: los fósiles salen hueso a hueso, y la historia de un linaje puede depender de uno solo.

Una de ellas, Batallones-1, es famosa, cuenta la Agencia SINC, por sus felinos dientes de sable. Allí aparecieron también los esqueletos de dos ejemplares de Simocyon batalleri, que Salesa y colegas estudiaron en PNAS: un pariente del panda rojo del tamaño de un puma, con una dieta moderadamente hipercarnívora. Comía sobre todo carne.

Y tenía falso pulgar.

¿Para qué quiere un pulgar un carnívoro? Sus huesos dicen que para trepar. Con esa pinza, explica la Agencia SINC, Simocyon podía subir rápido hasta las ramas más finas, adonde no llegaban los dientes de sable, y ponerse a salvo.

Huesos fósiles de la pata delantera de un carnívoro extinto, con dedos finos terminados en garras curvas, dispuestos sobre espuma gris en un cajón de madera de una colección de museo
Dedos finos terminados en garras curvas, en orden anatómico dentro de un cajón de museo: en una mano fósil así, el falso pulgar se delata por un hueso de la muñeca agrandado.

Una herramienta que llegó antes que el bambú

El hallazgo aclaró la evolución de los pandas. El panda rojo probablemente heredó esa pinza de antepasados trepadores que todavía no comían bambú, según Salesa y colegas y Antón y colegas. Cuando su linaje pasó a las plantas, la herramienta ya estaba ahí: una exaptación, es decir, un rasgo que surge con una función y después se aprovecha para otra. La Agencia SINC lo resumió en un titular: «El origen del falso pulgar del panda se relaciona con la locomoción».

La del panda gigante, en cambio, sí parece haber surgido con el bambú. El falso pulgar de panda gigante más antiguo que se conoce, el de Ailurarctos, de entre 6 y 7 millones de años, aparece ya asociado a una dieta de bambú, según Wang y colegas (2022).

Todavía hoy, el panda rojo vive casi siempre en los árboles, según el Smithsonian y San Diego Zoo Wildlife Alliance. Allá arriba se equilibra con una cola casi tan larga como su cuerpo, se envuelve en ella como en una manta que le tapa los ojos y la nariz cuando hace frío y, si tiene que huir, trepa.

Lo que parece hecho a la medida del bambú tiene una historia más larga: el panda rojo sujeta cada tallo con un hueso que, antes de servir para comer, sirvió para escapar.

¿Qué otra parte del cuerpo de un animal te parece hecha a la medida de su vida… y te has preguntado alguna vez si empezó sirviendo para otra cosa?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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