A mediados de los años noventa, en el norte de India, empezaron a aparecer buitres muertos bajo los árboles donde antes dormían por decenas. No era una mala temporada: era una mortandad que se repetía año tras año y que, para cuando alguien se puso a contar en serio, ya había reducido a un puñado lo que había sido una de las aves más comunes del subcontinente. El buitre dorsiblanco bengalí (Gyps bengalensis) había sido, hasta entonces, la rapaz grande más abundante del planeta, con poblaciones que se contaban por millones apenas una década antes, según la ficha de la especie de BirdLife International. Nadie tenía todavía una explicación de por qué estaba desapareciendo tan rápido.
Riñones deshechos y una costra blanca
La primera pista sólida no salió de India sino de Pakistán, donde el veterinario J. Lindsay Oaks, de la Universidad Estatal de Washington, pasó temporadas enteras haciendo necropsias buscando el virus que —se suponía— tenía que estar detrás de una mortandad de esa escala. Encontró siempre el mismo cuadro: los riñones deshechos y una costra blanca de ácido úrico cubriendo el corazón, el hígado y los intestinos. Es lo que en veterinaria se llama gota visceral, y no es la firma de un contagio sino de una intoxicación, según describió el propio equipo en el artículo publicado en Nature (Oaks et al., 2004), disponible también en el archivo de investigación de The Peregrine Fund, la organización que coordinó buena parte del trabajo de campo y que relata cómo se llegó a esa conclusión en su propio archivo institucional.

Un frasco de farmacia veterinaria
El veneno resultó ser un antiinflamatorio corriente: el diclofenaco. Cuando venció su patente, el fármaco se volvió genérico, se abarató y llegó a cualquier dispensario rural, según reconstruyen Eyal Frank y Anant Sudarshan (2024) en su investigación sobre el caso. Se lo inyectaban a la vaca coja o a la que ya no daba leche, para que aguantara unos días más de trabajo. El problema llegaba después: si el animal moría con el residuo todavía en el cuerpo y los buitres lo abrían para alimentarse, sus riñones empezaban a fallar en cuestión de días. Bastaba con muy poco: según el cálculo de Green y colegas (2004), con que apenas entre 1 de cada 760 y 1 de cada 130 reses muertas llevara el residuo alcanzaba para explicar el ritmo de declive que se observaba en el terreno.

La confirmación llegó después y fue incómoda: en pruebas controladas, los buitres alimentados con restos de ganado tratado con diclofenaco desarrollaron exactamente la misma gota visceral que Oaks había visto en el campo, mientras que las aves muertas por otras causas nunca mostraban ese residuo en el cuerpo, según el mismo estudio de Oaks et al. (2004). Poco después, muestreos en distintos puntos de India confirmaron que el mismo residuo aparecía en buitres muertos a lo largo de todo el subcontinente, no solo en Pakistán, según documentaron Shultz y colegas (2004).
El 0,1% de lo que fueron
Para cuando se tuvo la explicación, el daño ya estaba hecho. Las primeras estimaciones de campo, publicadas por Prakash y colegas (2003), ya hablaban de un colapso catastrófico en las poblaciones del buitre dorsiblanco y del buitre picofino indio. Hacia 2007, según el seguimiento poblacional publicado por Prakash y colegas (2012), el buitre dorsiblanco bengalí había quedado reducido al 0,1% de lo que era apenas quince años antes. No es una cifra retórica: significa que, de cada mil aves que sobrevolaban India a comienzos de los noventa, quedaba una.
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Los perros que llenaron el vacío
Las reses siguieron muriendo igual que siempre. Lo que cambió fue quién limpiaba los cadáveres. Sin buitres que devoraran una canal en cuestión de horas, la carroña empezó a acumularse a la intemperie, y los perros asilvestrados ocuparon ese espacio vacío. Según el resumen del Energy Policy Institute de la Universidad de Chicago sobre el trabajo de Frank y Sudarshan, las ventas de vacuna antirrábica subieron más de un 20% en los distritos donde los buitres habían desaparecido, y la contaminación fecal del agua se disparó allí donde antes los cadáveres se resolvían en una tarde.
La factura humana
Dos décadas después del colapso, Frank y Sudarshan se sentaron a cruzar algo que nadie había cruzado todavía: los registros de mortalidad humana, distrito por distrito, contra el mapa de dónde había habido buitres y dónde no. El resultado, publicado en 2024 en la American Economic Review —texto completo disponible en la web de los propios autores—, fue que la mortalidad humana por todas las causas subió un 4,7% en los distritos que antes tenían buitres, frente a los que nunca los tuvieron. Traducido a personas: más de cien mil muertes adicionales cada año entre 2000 y 2005 —104.386, según el cálculo puntual de los autores—, atribuibles a la pérdida de un ave que casi nadie extrañaba mientras vivía. La propia American Economic Association publicó un gráfico que resume esa brecha de mortalidad entre distritos con y sin buitres.
India prohibió el uso veterinario del diclofenaco en 2006. Desde entonces, el declive de las poblaciones de buitres se ha frenado, aunque no revertido del todo, según el seguimiento de Prakash y colegas (2012); la coalición SAVE (Saving Asia’s Vultures from Extinction) sigue documentando esa recuperación lenta en sus informes de situación.
Nadie diseñó al buitre para sostener la salud pública de medio subcontinente: lo hacía gratis, todos los días, con un trabajo que solo se nota el día que falta.
¿Qué animal poco querido de tu zona crees que está sosteniendo algo que solo notaríamos el día que falte?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Oaks, J.L., Gilbert, M., Virani, M.Z. et al. (2004). Diclofenac residues as the cause of vulture population decline in Pakistan. Nature 427: 630-633. https://www.nature.com/articles/nature02317
- Green, R.E., Newton, I., Shultz, S. et al. (2004). Diclofenac poisoning as a cause of vulture population declines across the Indian subcontinent. Journal of Applied Ecology 41(5): 793-800. https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.0021-8901.2004.00954.x
- Shultz, S., Baral, H.S., Charman, S. et al. (2004). Diclofenac poisoning is widespread in declining vulture populations across the Indian subcontinent. Proceedings of the Royal Society B 271(Suppl. 6): S458-S460. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15801603/
- Prakash, V., Bishwakarma, M.C., Chaudhary, A. et al. (2012). The population decline of Gyps vultures in India and Nepal has slowed since veterinary use of diclofenac was banned. PLoS ONE 7(11): e49118. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371%2Fjournal.pone.0049118
- Prakash, V., Pain, D.J., Cunningham, A.A. et al. (2003). Catastrophic collapse of Indian white-backed Gyps bengalensis and long-billed Gyps indicus vulture populations. Biological Conservation 109: 381-390. https://save-vultures.org/wp-content/uploads/2019/10/2003-Prakash-et-al-Catastrophic-declines-Biol-Con.pdf
- Frank, E. & Sudarshan, A. (2024). The Social Costs of Keystone Species Collapse: Evidence from the Decline of Vultures in India. American Economic Review 114(10): 3007-3040. https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257%2Faer.20230016
- Energy Policy Institute at the University of Chicago (2024). Resumen institucional del estudio de Frank y Sudarshan sobre el coste social del colapso de los buitres en India. https://epic.uchicago.edu/insights/the-social-costs-of-keystone-species-collapse-evidence-from-the-decline-of-vultures-in-india/
- BirdLife International / IUCN Red List. Species factsheet: Gyps bengalensis (White-rumped Vulture). https://datazone.birdlife.org/species/factsheet/white-rumped-vulture-gyps-bengalensis
- The Peregrine Fund. Cómo el equipo de campo identificó la causa de la mortandad de buitres asiáticos. https://peregrinefund.org/news-release/chapter-new-ecotoxicology-book-details-story-how-peregrine-fund-experts-found-cause

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