Saltar al contenido
Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Delfines que cazan con una esponja en el hocico: de 11 hijas, 10 aprendieron el truco

En 1984 aparecieron en Shark Bay, Australia, delfines con una esponja de mar en el hocico. Décadas siguiéndolos revelaron una tradición que pasa, sobre todo, de madre a hija.

Delfines que cazan con una esponja en el hocico: de 11 hijas, 10 aprendieron el truco

Un delfín no tiene manos. No puede cerrar los dedos sobre una piedra ni sujetar una rama. Por eso no cuadraba con lo que se esperaba de los delfines nariz de botella (Tursiops sp.) la escena que empezaron a ver en 1984 quienes los estudiaban en Shark Bay, al oeste de Australia: algunos llevaban una esponja de mar encajada en el hocico, como quien se pone un guante.

No era un juego. Era una forma de buscar comida. Pero entender para qué servía exactamente, quiénes la usaban y desde cuándo iba a llevar décadas de observación y, al final, el ADN.

Una pregunta en el título de 1997

Según recordaba en 2012 un comunicado de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), aquellos primeros delfines con esponja se vieron en 1984. Ese relato no dice cuál fue el primer delfín ni cómo fue exactamente aquella escena.

Trece años después, en 1997, Rachel Smolker y sus colegas describieron el comportamiento en la revista Ethology. El título del artículo terminaba con un signo de interrogación: «Sponge carrying by dolphins (Delphinidae, Tursiops sp.): a foraging specialization involving tool use?». En español: ¿una especialización para buscar alimento que implica el uso de herramientas? Las cinco esponjeras habituales que describieron eran todas hembras.

Así lo resume el trabajo posterior de Janet Mann y sus colegas (2008): las delfinas arrancan esponjas cónicas del fondo y las llevan puestas mientras rastrean la arena de los canales profundos de la bahía.

Dos delfines nariz de botella nadan juntos con el hocico apuntando hacia el fondo arenoso de un canal; el más cercano lleva una esponja cónica encajada en el hocico.
Hocico abajo y esponja puesta: así rastrean las esponjeras de Shark Bay la arena de los canales profundos.

Una herramienta. Bajo el agua. En un animal sin manos. Faltaba responder la pregunta más sencilla: ¿para qué?

Peces que el sonar no encuentra

La respuesta llegó por partes. En 2008, el equipo de Mann publicó un estudio cuyo título ya era la pregunta: «Why do dolphins carry sponges?» (¿Por qué los delfines llevan esponjas?). Allí comprobaron que la esponja se usa para buscar peces que viven en el fondo. El artículo es de acceso abierto y se puede leer completo en PLoS ONE, con figuras de los delfines esponjeros de Shark Bay.

En 2011, Patterson y Mann describieron el terreno: esos canales profundos están cubiertos de rocas, conchas y coral roto. También revisaron qué presas salían de ahí. El 78 % de las que los delfines obtenían con esponja no tiene vejiga natatoria, y eso las hace difíciles de detectar por ecolocalización, el sonar de los delfines. Son peces escondidos entre restos y rocas que el sonar apenas detecta. Ese artículo, también de acceso abierto, reúne los datos completos.

Esponja marina cónica de color naranja pardo y superficie porosa en el fondo de un canal, rodeada de conchas rotas.
Una esponja cónica entre conchas rotas: el tipo de esponja que las delfinas arrancan y el tipo de suelo donde buscan sus presas.

¿Y la esponja como escudo? La idea de que protege el hocico al hurgar entre bordes duros ya aparecía en el artículo de Smolker de 1997, entre cuyos autores figuraba Mann. Sigue siendo una suposición razonable, no un hecho demostrado. El comunicado de la UNSW lo dice con cautela: «se cree» que la esponja ayuda a proteger su sensible hocico. Armar la respuesta completa, de 1984 a 2011, tomó décadas.

Diez de once hijas

La revelación más grande no salió del fondo del mar. Salió de seguir durante décadas a las mismas familias de delfines, sabiendo qué cría era de qué madre.

Persona con sombrero y gafas de sol sostiene una tablilla impermeable con hojas de datos en un pequeño bote de aluminio sobre aguas turquesa y tranquilas.
Trabajo de campo en Shark Bay: décadas siguiendo a las mismas familias para saber qué cría aprende de qué madre.

Según el análisis de Krützen y sus colegas (2005), el truco no parece venir escrito en los genes: se aprende. Las crías pasan años pegadas a sus madres, observándolas. En un comunicado de la Universidad de Georgetown de 2025 sobre un estudio de Jacobs, Wei, Erbe y Mann en Royal Society Open Science, Mann lo resumía así: «Una cría está expuesta a miles de horas de su madre buscando comida con esponja, y así aprende a cazar con eficacia».

Las cifras del seguimiento publicado en 2008 son difíciles de ignorar: de 11 hijas de esponjeras, 10 usaban esponja. De 8 hijos, solo 2. Por qué la costumbre prende tanto más en las hijas es una pregunta que esas cifras, por sí solas, no responden.

Conviene precisar qué significa aquí «aprender». Lo documentado es aprendizaje social de madre a cría: crías que observan. Que las madres enseñen de forma activa no está demostrado.

La madre de casi todas

La otra pieza llegó del ADN. El estudio de Krützen y sus colegas, publicado en 2005 en PNAS con el título «Cultural transmission of tool use in bottlenose dolphins» (Transmisión cultural del uso de herramientas en delfines nariz de botella), mostró que casi todas las esponjeras comparten el mismo linaje materno. El artículo completo es de acceso abierto.

Esas delfinas probablemente descienden de una sola hembra. Algunos la llaman «Eva esponjera»: una madre lejana detrás de casi todas las esponjeras de la bahía.

Es, además, una tradición rara y frágil. En 2012, según la UNSW, menos del 5 % de los delfines de la bahía buscaba comida con esponja. Y pasa, sobre todo, de madre a hija.

Quedaba saber cuándo empezó. Ese mismo comunicado, que resume el trabajo de Kopps y Sherwin en la revista Animal Behaviour, situaba en 2012 el origen de la costumbre al menos 180 años atrás. Es decir, cuando alguien la vio por primera vez, en 1984, ya llevaba más de siglo y medio pasando de generación en generación.

Llamamos cultura a lo que una generación le transmite a la siguiente sin escribirlo en ningún lado. En Shark Bay, esa cultura tiene forma de esponja, y ya pasaba de madre a hija mucho antes de que alguien la viera.

¿Qué truco o costumbre aprendiste de tu madre o de tu abuela y todavía usas hoy?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

Referencias

Sigue leyendo

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa