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Historias emotivas

Buscaron un delfín en 3.500 kilómetros de río y no encontraron ninguno

En noviembre de 2006, treinta científicos recorrieron 3.500 kilómetros del río Yangtsé buscando al baiji. La expedición no halló un solo ejemplar, y desde entonces nadie ha confirmado ver otro con vida.

Buscaron un delfín en 3.500 kilómetros de río y no encontraron ninguno

En noviembre de 2006, dos barcos remontaron el río Yangtsé cargados con hidrófonos, telescopios y treinta pares de ojos entrenados para distinguir un lomo curvo entre el oleaje marrón del cauce. Durante seis semanas recorrieron los mismos 3.500 kilómetros de río navegable, primero río arriba y después río abajo, sin dejar de vigilar un solo tramo de la orilla.

Al final del recorrido, la cuenta de avistamientos era esta: cero. No fue una temporada mala ni un descuido de los observadores. Fue la confirmación de algo que ningún zoólogo quería firmar con su nombre.

Treinta científicos, cero delfines

La expedición estuvo encabezada por Samuel Turvey, zoólogo de la Sociedad Zoológica de Londres, con Wang Ding, del Instituto de Hidrobiología de Wuhan, entre los coautores del informe final. Según el estudio de Turvey y colegas (2007), publicado en Biology Letters, el equipo combinó vigilancia visual continua desde ambas orillas con grabaciones acústicas bajo el agua, buscando tanto la silueta de un lomo como el clic de un sonar biológico. Ningún hidrófono captó un eco, y ningún observador registró un solo avistamiento confiable en las seis semanas de recorrido.

El río Yangtsé, ancho y de aguas marrones, al atardecer, con un bote pesquero pequeño en la distancia y orillas industriales
El tramo del Yangtsé que la expedición recorrió durante seis semanas en 2006, sin registrar un solo baiji.

El propio título del estudio lo planteó como pregunta, no como sentencia: «¿la primera extinción de un cetáceo causada por el ser humano?». Ningún mamífero marino —ni delfín, ni marsopa, ni ballena— había desaparecido antes por acción directa del ser humano en toda la historia registrada de la zoología moderna. El baiji estaba a punto de ser el primero, o al menos eso temían quienes firmaron el informe.

Qi Qi, veintidós años sin compañía

Turvey nunca vio un baiji con vida. El único que conoció de cerca ya estaba muerto. Se llamaba Qi Qi, capturado por pescadores en 1980 cuando tenía apenas unos dos años, herido y desorientado en una red. Según el Grupo de Especialistas en Cetáceos de la UICN, los investigadores del Instituto de Hidrobiología de Wuhan lo trasladaron a una piscina propia y lo mantuvieron con vida durante veintidós años, sin que ningún otro baiji le hiciera compañía jamás. Murió el 14 de julio de 2002.

Como recuerda el Museo de Historia Natural de Londres, Qi Qi terminó siendo el animal individual más estudiado y fotografiado de toda su especie, y también el símbolo de lo poco que el mundo alcanzó a documentar sobre los baijis salvajes antes de que dejaran de aparecer.

Primer plano del hocico alargado y la pequeña aleta dorsal de un delfín de río asomando en aguas turbias al atardecer
Así se distingue un baiji entre el oleaje: un hocico estrecho y una aleta apenas visible. Nadie ha confirmado ver uno así desde hace casi dos décadas.

Posiblemente extinto: la etiqueta que nadie ha retirado

Y sin embargo, casi veinte años después de aquella expedición, ningún organismo internacional se atreve a tachar al baiji con un extinto definitivo. Según la evaluación de Smith y colegas (2017) para la Lista Roja de la UICN, Lipotes vexillifer figura como En Peligro Crítico, con la anotación «posiblemente extinto», y esa ficha no ha sido actualizada desde entonces.

La razón es tan simple como incómoda para la ciencia: es imposible demostrar un negativo. Ningún equipo puede vigilar a la vez cada afluente y cada recodo turbio de un río tan extenso como el Yangtsé. Mientras exista esa duda razonable, por mínima que sea, la UICN prefiere la cautela de «posiblemente extinto» antes que cerrar el caso con un «extinto» que después alguien pudiera desmentir con una sola fotografía.

Casi veinte millones de años que no vuelven

El baiji no era una especie más entre los delfines de río: era la única especie viva de la familia Lipotidae, sin parientes cercanos en ningún otro curso de agua ni océano del planeta. Perderlo no es perder una población local, sino cerrar una rama entera del árbol evolutivo de los cetáceos, una que llevaba nadando en el Yangtsé casi veinte millones de años antes de que existiera cualquier civilización capaz de amenazarla. El Museo de Historia Natural de Londres insiste en que el caso del baiji sigue siendo relevante precisamente por eso: no como una anécdota cerrada, sino como advertencia sobre lo que todavía está en juego para otras especies de río en peligro.

Quizás, en algún afluente estrecho que ningún barco ha llegado a recorrer, siga nadando todavía un último baiji, en absoluto silencio, sin saber que ya no queda nadie más de su especie con quien encontrarse.

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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