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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Una pluma en el sombrero de un futuro rey ayudó a borrar del mundo a un ave

En 1901, el futuro rey Jorge V lució en Rotorua una pluma de huia en el sombrero y la moda cruzó a Inglaterra. Esta es la historia del ave que la llevaba, tan singular que sus machos y hembras parecían dos especies.

Una pluma en el sombrero de un futuro rey ayudó a borrar del mundo a un ave

Rotorua, Nueva Zelanda, 1901. En plena bienvenida oficial maorí al duque de York, el hombre que años después sería el rey Jorge V, una guía se quita del pelo una pluma larga y negra, con la punta blanca, y la coloca en la cinta del sombrero del visitante. Es una muestra de respeto.

Es solo una pluma de la cola de un ave del bosque. Pero con ella empieza una historia que deja una pregunta incómoda: ¿puede una pluma, prendida en un sombrero, ayudar a borrar del mundo a toda una especie?

Fotografía histórica tomada por Alfred Burton
Imagen histórica del fotógrafo Alfred Burton. Foto: Alfred Burton / Wikimedia Commons, dominio público.

Una pluma en la cinta del sombrero

Así recuerda la escena el Predator Free NZ Trust. El Whanganui Regional Museum la cuenta con un matiz: según el museo, el duque recibió la pluma como regalo de un rangatira, un jefe maorí, y se la puso él mismo. En lo esencial, las dos versiones coinciden: durante su visita a Rotorua, el futuro rey lució una pluma de huia.

Lo que pasó después lo resume New Zealand Birds Online: al duque lo fotografiaron con la pluma puesta, y las plumas de la cola del huia se pusieron de moda en Gran Bretaña. Según el museo de Whanganui, muchos aristócratas ingleses querían una.

En Inglaterra era un adorno. En Nueva Zelanda nunca lo había sido.

Un nombre que imita un silbido

Los maoríes llamaron huia a esta ave por su fuerte grito de alarma, un silbido limpio que se transcribe como «uia, uia, uia», explica New Zealand Birds Online. Las largas plumas negras de su cola terminaban en una punta blanca de 2 a 3 centímetros, que formaba una banda muy visible.

Acuarela de estilo naturalista con tres huias posados en ramas retorcidas, sobre un fondo de follaje difuminado en tonos verde oliva y ocre
Tres huias en ramas retorcidas, al modo de las láminas naturalistas del siglo XIX: el ave que los maoríes nombraron por su propio silbido.

Esas plumas eran un signo de rango. Según el Auckland War Memorial Museum, distinguían a jefes y a personas de gran mana, es decir, de autoridad y poder, y se guardaban como un tesoro en cajas talladas llamadas waka huia.

Dos picos que confundieron a un naturalista

Y el ave que las llevaba era asombrosa. Según New Zealand Birds Online, el macho tenía un pico corto y robusto, de 54 a 60 milímetros, que usaba como pico de minero para cavar en la madera en descomposición. La hembra lo tenía largo, fino y curvado, de 85 a 104 milímetros, para hurgar más hondo y sacar larvas de madera más firme.

Fotografía en blanco y negro de aspecto antiguo de un tronco caído cubierto de musgo, podrido y abierto, lleno de agujeros y galerías de larvas, en un bosque nativo
Un tronco podrido y lleno de galerías de larvas: la despensa que el macho abría con su pico y en la que la hembra hurgaba a fondo.

Eran tan distintos que, en 1837, el naturalista John Gould los describió como dos especies separadas: al macho lo llamó Neomorpha crassirostris y a la hembra, Neomorpha acutirostris. Hoy la especie se llama Heteralocha acutirostris, como recoge el estudio de B. M. Tomotani y colegas publicado en 2022 en la revista Oecologia.

Ese trabajo, en el que participó el museo Te Papa, va más lejos que cualquier comparación: es la diferencia de pico entre sexos más extrema de todas las aves modernas. ¿Comían lo mismo? Al comparar la huella química que la dieta deja en el cuerpo de machos y hembras, el equipo halló nichos isotópicos distintos pero superpuestos y posiciones tróficas similares: no comían exactamente lo mismo, pero sí en un nivel parecido de la cadena alimentaria. Los datos completos están en el artículo original, de lectura libre.

Tres aves en la cordillera Tararua

Pero el huia ya estaba en apuros antes de que el duque llegara a Rotorua: sufría la tala de sus bosques, los depredadores llegados en barco y la codicia de los coleccionistas. Para Tomotani y colegas, la destrucción del hábitat, la presión de la caza y la depredación de mamíferos introducidos llevaron rápidamente a la especie a la extinción.

La moda fue un golpe más: según el Whanganui Regional Museum, la caza de un ave que ya escaseaba aumentó para cubrir la demanda. Pero sería inexacto culpar solo al sombrero del duque. New Zealand Birds Online señala como causa probable de la extinción la depredación por mamíferos introducidos y, en menor medida, la caza humana. El Auckland War Memorial Museum coincide: lo más probable es que la especie fuera rematada por armiños, comadrejas, hurones, gatos y ratas llegados en barco.

El 28 de diciembre de 1907, seis años después de aquella bienvenida, llegó el último avistamiento confirmado, en la cordillera Tararua, según Forest & Bird. De acuerdo con el Predator Free NZ Trust, ese día W. W. Smith vio tres aves: dos machos y una hembra.

Después hubo solo rumores. Según la misma organización, durante décadas llegaron informes sin confirmar, algunos desde Te Urewera en 1961 y 1963. Y luego, silencio.

Lo que hoy vale una pluma

En 2010, una sola pluma de huia se subastó en Auckland por 8.400 dólares neozelandeses. Lo registra Webb’s, la casa que la vendió, en una nota publicada en mayo de 2024.

Una pluma de cola de huia, negra y brillante con la punta blanca, sola sobre terciopelo oscuro dentro de una vitrina de vidrio con marco de madera
Una pluma de huia, sola tras el vidrio de una vitrina: de signo de rango maorí a pieza de colección.

Esa es la paradoja que deja el huia: hoy se pagan fortunas por lo que queda de un ave que antes llenaba el bosque con su canto, sin costarle nada a nadie. Lo que en Rotorua fue una muestra de respeto, y en Inglaterra una moda, terminó en una sala de subastas.

Pero la noticia de esa nota es otra. En mayo de 2024, la misma casa vendió otra pluma de huia por 46.521,50 dólares neozelandeses, más de cinco veces lo pagado catorce años antes, y la presentó con un titular de récord mundial: la pluma más cara de la historia.

El huia no desapareció por una sola pluma ni por un solo sombrero. Pero dejó una lección escrita: a veces una tendencia ayuda a apagar millones de años de evolución. Y cuando ya es tarde, lo único que sube es el precio de lo que queda.

¿Conoces alguna especie que hoy esté en peligro por una moda o un capricho humano? ¿Qué crees que podríamos hacer para que no corra la misma suerte que el huia?

Foto de época: Alfred Burton / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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