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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Todos los hámsters dorados de laboratorio vienen de un solo nido excavado en Siria en 1930

En 1930, bajo un trigal cerca de Alepo, apareció un nido con una madre y once crías de hámster dorado. Lo que pasó con esa camada todavía se lee en los genes de los hámsters de laboratorio.

Todos los hámsters dorados de laboratorio vienen de un solo nido excavado en Siria en 1930

Primavera de 1930. En un pueblo a unos 30 kilómetros de Alepo, en Siria, unos hombres llevan horas cavando bajo un trigal. El pozo es cada vez más hondo y los animales que buscan todavía no aparecen.

Con ellos está el zoólogo Israel Aharoni. Busca hámsters dorados vivos, y encontrarlos es apenas la mitad del problema: hasta ese momento, ninguna hembra de hámster ha parido en cautiverio.

Dos metros y medio bajo el trigo

La búsqueda era un encargo. Saul Adler, colega de Aharoni, quería el hámster dorado (Mesocricetus auratus) como animal de laboratorio para estudiar la leishmaniasis, según cuenta Rob Dunn en un artículo para Smithsonian (2011). Su nombre árabe, añade Dunn, se traduce más o menos como «señor alforjas».

Fotografía en blanco y negro de Israel Aharoni durante una clase en la Universidad Hebrea de Jerusalén
Israel Aharoni durante una clase en la Universidad Hebrea de Jerusalén, antes de 1947. Foto: Tim Gidal / Wikimedia Commons, dominio público.

La expedición se guio por las pistas de los agricultores de la zona hasta dar con una camada en un trigal, según un reportaje de NPR (2011). Aharoni contó el resto en primera persona en sus memorias, escritas en los años cuarenta; el capítulo «El hámster dorado» se puede leer completo en hebreo.

Hombre con chaleco, camisa arremangada y sombrero de ala ancha, agachado al borde de un pozo excavado en un trigal
Un zoólogo al borde de un pozo en un trigal, en una escena imaginada. Dar con la camada de 1930 llevó horas de pala.

Tras varias horas de cavar, a 2,5 metros de profundidad, apareció un nido entero, bien acolchado. Dentro había una madre y once crías del tamaño de una moneda grande: casi 2,5 centímetros cada una. Por sus dientes, Aharoni le calculó a la madre unos dos años.

Nido de hámster expuesto en una pared de tierra con marcas de herramientas, visto desde el fondo de un pozo
Así pudo verse un nido como aquel, abierto en la pared de tierra. El de 1930 estaba a 2,5 metros bajo el trigal.

Encerrada en una caja, la madre mató a la cría que tenía más cerca. Ella tampoco sobrevivió: la sacrificaron ese mismo día en un frasco con cianuro de potasio. Aharoni y su esposa criaron a mano a las diez restantes.

La medianoche de las migas

Una medianoche, la esposa de Aharoni abrió la jaula para echarles migas y no la cerró bien. Los diez escaparon. Ella alcanzó a atrapar a cuatro con sus propias manos.

Dos manos adultas juntas en forma de cuenco a la altura del pecho, fotografiadas de noche con flash
Manos en cuenco, de noche y bajo el flash. Así, sin más ayuda, se atrapó a cuatro de los diez hámsters fugados.

Los otros seis royeron una franja de yeso y se perdieron bajo el piso de madera. De su destino, las fuentes no dicen nada.

Entre los cuatro que quedaban había una sola hembra.

La juntaron con un macho, su propio hermano, en una jaula con piso de hierro, y después retiraron al macho. Lo que estaba en juego lo explica el propio Aharoni: pese a todos los esfuerzos de los especialistas, escribe, ninguna hembra de las distintas especies de hámster había concebido ni parido en cautiverio. Ella parió ocho crías sanas. Aharoni lo llamó «milagro».

Miles de jaulas, una sola familia

Con gestaciones de solo 16 días, la familia se multiplicó deprisa. Se estableció una colonia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y, según la Encyclopaedia Judaica, miles de hámsters descendientes del animal original de Aharoni se repartieron a laboratorios de todo el mundo. En 1948, Adler escribía en una carta a la revista Nature que la especie ya se criaba en instituciones científicas de Europa y América, y que investigadores de distintos países le preguntaban de dónde había salido.

La respuesta no ha cambiado en 96 años. Como recuerdan Gattermann y colegas en Biology Letters (2008), los hámsters dorados de laboratorio descienden de una pareja de hermanos apareada en 1930. Varias fuentes apuntan a que casi todos los de mascota también: según el reportaje de NPR, los de las tiendas son muy probablemente descendientes de aquella camada.

El precio escrito en los genes

Según la teoría, una población que arranca de dos hermanos debería hundirse por la consanguinidad, el cruce entre parientes. Los hámsters dorados parecen desmentirlo: en las colonias de cría habituales no muestran signos obvios de deterioro, según el estudio de Fritzsche y colegas en Behavioral Ecology and Sociobiology (2006). Por fuera, no se nota.

Por dentro, sí. Ese equipo midió la heterocigosidad, un indicador de diversidad genética: 0,712 (± 0,062) en hámsters salvajes frente a 0,007 (± 0,007) en la colonia de laboratorio que estudiaron, unas cien veces menos. Casi todos llevan la misma herencia.

Luego vino una prueba de paternidad. Cuando una hembra se apareaba con un macho de laboratorio y con uno salvaje, el 87 % de las crías resultó ser del salvaje: casi 9 de cada 10. Al comparar el esperma de ambos (movilidad, velocidad, densidad) y el tejido de sus testículos, los investigadores no hallaron diferencias. El número de animales y el diseño completo están en el artículo original. La consanguinidad no se ve, pero sigue cobrando.

Los que siguen cavando

Mientras tanto, sus parientes libres siguen cavando en Siria y Turquía. En 1997 y 1999, Gattermann y colegas capturaron 13 hámsters salvajes cerca de Alepo, 6 hembras y 7 machos, y no encontraron ninguna madriguera habitada con más de un adulto, según su trabajo en el Journal of Zoology (2001). Diecinueve hámsters viajaron a Alemania y, con otros 3 de la Universidad de Alepo, pasaron a formar un nuevo plantel de cría.

Tampoco viven a la misma hora. En laboratorio, más del 80 % de la actividad del hámster dorado es nocturna; en cambio, 12 hembras salvajes seguidas en 2005 y 2006 en el sur de Turquía salían casi solo de día, entre las 6 y las 8 y entre las 16 y las 19:30, según el estudio de Gattermann y colegas (2008). Los autores proponen que así evitan a los depredadores nocturnos (en egagrópilas de lechuza común y de mochuelo aparecieron dientes de hámster) y el calor del mediodía. La especie está En Peligro.

Noventa y seis años después, los hámsters dorados de las jaulas siguen cargando con aquel nido bajo el trigo. Lo que un hombre llamó milagro fue, para ellos, una familia reducida a dos hermanos.

¿Sabías que el hámster dorado venía de un nido excavado en Siria? Si has convivido con uno, ¿qué es lo que más te sorprendió de su forma de ser?

Foto de Israel Aharoni: Tim Gidal / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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