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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

En una sabana de Senegal hay chimpancés que afilan lanzas con los dientes para cazar

En Fongoli, una sabana de Senegal, hay chimpancés que convierten ramas en lanzas a mordiscos para cazar gálagos. Quiénes cazan así, y qué pasa después con la presa, cuenta otra historia sobre el origen de las armas.

En una sabana de Senegal hay chimpancés que afilan lanzas con los dientes para cazar

Una chimpancé arranca una rama en la sabana. Le quita las hojas, después las ramitas, y se lleva la punta a la boca. La muerde, la recorta con los dientes, vuelve a morderla. Cuando por fin la aparta de la boca, ya no sostiene una rama: sostiene una lanza.

Con ella camina hasta un árbol hueco. Adentro duerme un gálago.

Una lanza hecha a mordiscos

Esa escena está documentada y tiene un lugar: Fongoli, una sabana del sureste de Senegal donde viven chimpancés de la subespecie Pan troglodytes verus. Los primatólogos Jill Pruetz y Paco Bertolani la describieron en un artículo publicado en Current Biology en 2007. Según su resumen, fabricar la herramienta puede llevar hasta cinco pasos y termina con la punta recortada hasta quedar aguzada. Primero arrancan las hojas y las ramitas; después muerden la punta para afilarla, como contaron ese mismo año Nature News y ABC Science.

Primer plano de una chimpancé adulta sentada en el suelo rojizo de la sabana, mordiendo la punta de una rama sin hojas
Una chimpancé muerde la punta de una rama ya pelada. Ese gesto, repetido hasta dejarla aguzada, es el que convierte una vara en un arma de caza.

Después viene la caza. El gálago es un primate nocturno pequeño, de unos 200 gramos, más o menos lo que pesa una manzana grande, según Nature News. Quien caza clava la herramienta en el hueco con fuerza, varias veces seguidas, y al retirarla huele o lame la punta, de acuerdo con la nota de prensa de la Universidad Estatal de Iowa (2007).

Veintidós cacerías, diez cazadores

Entre marzo de 2005 y julio de 2006, Pruetz y Bertolani vieron cazar así a diez chimpancés, en 22 ocasiones, según esa misma nota. Su artículo lo presentó como el primer registro de un animal no humano que usa herramientas de forma habitual para cazar vertebrados.

Lo extraño estaba en quiénes cazaban. En los chimpancés, la caza suele ser cosa de machos adultos, y el resumen de 2007 subraya que en Fongoli lo hacían con herramientas, sobre todo, individuos de edades y sexos que normalmente no cazan mucho. De los diez, solo uno era macho adulto. Los otros nueve eran una hembra adulta, tres hembras adolescentes, dos machos adolescentes, una hembra juvenil, un macho juvenil y una cría macho.

Y la técnica estaba lejos de ser infalible: en esos 22 intentos, solo una vez sacaron un gálago con la lanza, según Nature News. Lo consiguió una hembra adolescente, de acuerdo con el relato de Bertolani a ABC Science.

Rama sin hojas ni ramitas, con la corteza a medio arrancar y la punta deshilachada, sobre tierra rojiza al pie de un árbol hueco
Una rama pelada al pie de un árbol hueco, con la punta deshilachada por los mordiscos: el rastro que puede dejar una cacería con lanza.

Diez años, más de 300 cacerías

Pruetz siguió a esta comunidad durante una década. En el estudio que publicó con sus colegas en Royal Society Open Science en 2015 sumó 308 cacerías con herramientas entre 2005 y 2014: las hembras cazaron así 175 veces y los machos, 130. La Universidad Estatal de Iowa lo resumió en el titular de su nota de prensa de 2015: las hembras eran más propensas a usar herramientas al cazar. El mismo estudio describe a Fongoli como la única población no humana conocida que caza vertebrados con herramientas de forma sistemática, y hasta hoy no se ha documentado otra.

Los machos también usan la lanza: entre los casos del estudio figura un macho adulto que caza un gálago con una rama de punta modificada mientras su hermano adolescente lo observa. Y entre los adultos, el acierto casi se iguala: las hembras lo lograban el 20 % de las veces y los machos, el 22 %. Más o menos, una de cada cinco.

Investigadora de campo con gorra y camisa caqui, agachada entre la hierba seca de la sabana, observando con binoculares
Escena ilustrativa del trabajo de campo: horas de espera entre la hierba seca, binoculares en mano. Así se reúnen, una cacería tras otra, cifras como las de Fongoli.

El trabajo de 2015 aporta más contexto: casi todas estas cacerías ocurren en la temporada de lluvias, y los gálagos son más de la mitad de los vertebrados capturados. También pone las cosas en su sitio: con herramienta o sin ella, los machos hacen el 70 % de todas las capturas de vertebrados. La caza sigue siendo, sobre todo, de ellos. La lanza abre otra vía.

Donde nadie te roba la presa

Pero lo más asombroso de Fongoli no es la lanza, sino lo que ocurre después de la caza. En otros sitios donde se estudia a los chimpancés, cerca del 25 % de las presas, una de cada cuatro, termina robada por otro chimpancé. En Fongoli, según el estudio de 2015, eso le pasa a menos del 5 %: menos de una de cada veinte.

Para Pruetz y sus colegas, esa tolerancia social, sumada a la caza con herramientas, es lo que permite que individuos que no son machos adultos capturen una presa y la conserven. Allí, quien caza se queda con lo que cazó, aunque no sea un macho adulto.

La fuerza que no hizo falta

Los autores llevan la idea un paso más allá. La herramienta, escriben, permite comer presas valiosas a individuos que difícilmente perseguirían presas grandes, y eso pudo ser importante para los primeros homininos, porque reduce la necesidad de tamaño y fuerza. Ya en 2007, Pruetz había relacionado el hallazgo, en declaraciones a Nature News, con la hipótesis de que las mujeres pudieron ser las primeras en fabricar herramientas. Es una hipótesis, no una conclusión cerrada.

Solemos imaginar la primera lanza en manos del más fuerte. En Fongoli, la lanza alimenta a quienes difícilmente perseguirían una presa grande. Quizá, entre nuestros ancestros, la primera arma tampoco nació de la fuerza, sino de la falta de ella.

¿Qué te sorprende más: que una chimpancé afile su lanza con los dientes o que en su grupo casi nadie le robe la presa?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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