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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Una hurona de patas negras murió sin crías en 1988 y, 37 años después, tuvo nietos

Willa murió en 1988 sin dejar crías. Sus células, congeladas en el Frozen Zoo de San Diego, guardaban la variedad genética que al hurón de patas negras le faltaba.

Una hurona de patas negras murió sin crías en 1988 y, 37 años después, tuvo nietos

Es el 10 de diciembre de 2020. En el Centro Nacional de Conservación del Hurón de Patas Negras (National Black-footed Ferret Conservation Center), en el norte de Colorado, acaba de nacer una hurona de patas negras (Mustela nigripes). Le ponen el nombre de Elizabeth Ann.

No es una cría como las demás. Como anunciaría el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS) en febrero de 2021, Elizabeth Ann es la copia genética de una hembra que murió 32 años antes. Para entender cómo llegó hasta aquí, y lo que vendría después, hay que volver a la pradera.

Antonia, hurona de patas negras clonada, junto a sus crías
Antonia, otra copia genética de aquella hembra, con sus crías. Foto: Roshan Patel/Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute, dominio público.

De cada 50 perritos de la pradera, quedó uno

Desde finales del siglo XIX, granjeros y ganaderos envenenaron a los perritos de la pradera y araron sus pastizales. Según el Servicio de Parques Nacionales (NPS), cerca del 98 % de la población de esos roedores desapareció por el veneno o porque su pradera se volvió tierra de cultivo: de cada 50, quedó uno.

El hurón cayó con ellos. La ficha del Zoológico Nacional e Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian (NZCBI) señala a los perritos de la pradera como su presa principal, y el NPS indica que forman el 90 % de su dieta. Según la ficha de especie del USFWS, a finales de los años cincuenta ya se le creía extinto, y en 1979 murió en cautiverio el que se consideraba el último.

Pero en 1981 apareció una pequeña colonia de hurones de patas negras cerca de Meeteetse, en Wyoming. La pista la dio un perro de rancho llamado Shep, que llevó a casa a uno de ellos, según el Smithsonian y el NPS. Para salvar la especie, entre 1985 y 1987 se capturó a los últimos 18, como detalla el NZCBI en su recuento de hitos de la especie. Hasta que llegaron los clones, todos los hurones nacidos después descendían de solo siete de ellos, de acuerdo con el USFWS: menos que un equipo de fútbol.

Willa, la hurona que no dejó crías

Una de las capturadas se llamaba Willa, y nunca tuvo crías. Cuando murió, en 1988, su tejido fue criopreservado, según el proyecto de Revive & Restore. Las muestras viajaron al Frozen Zoo de San Diego Zoo Wildlife Alliance (SDZWA), un banco de células vivas congeladas, donde se logró un cultivo celular viable, de acuerdo con el comunicado de SDZWA (2021).

Esos genes guardaban lo que a su especie le faltaba: variedad. Según el USFWS (2024) y SDZWA, Willa tenía tres veces más variantes genéticas únicas (versiones de genes que los demás no tienen) que el hurón de patas negras promedio de hoy. En una especie que desciende de siete antepasados, esa diferencia no es un detalle.

Mano enguantada que levanta una gradilla de viales escarchados desde un tanque de nitrógeno líquido abierto, entre vapor blanco, con hileras de tanques de acero al fondo
Viales de células congeladas salen de un tanque entre vapor blanco. En un banco así se conservó el tejido de Willa desde 1988.

Una copia que no pudo ser madre

De esas células nació Elizabeth Ann, la hurona con la que empieza esta historia. Según el USFWS (2021), fue el primer clon de una especie en peligro de Estados Unidos. Puedes verla a los 48 días de vida en una foto oficial; el álbum oficial del USFWS reúne ocho fotos y tres videos suyos.

Pero Elizabeth Ann nunca pudo tener crías. En abril de 2024, el USFWS explicó que tenía hidrometra, una afección del útero, y que uno de sus cuernos uterinos no se había desarrollado por completo. No es un problema raro en otros hurones de patas negras, y no se cree que tenga relación con la clonación.

Hurona de patas negras adulta enroscada en forma de C sobre un lecho de pequeñas bolitas blancas, con la nariz rosada y la cabeza apoyada
Una hurona de patas negras adulta descansa enroscada en su recinto. Problemas de útero como el de Elizabeth Ann aparecen también en hurones que no son clones.

Treinta y siete años después

Elizabeth Ann no fue la única copia. En 2023 nacieron otras dos, Noreen y Antonia, según el Smithsonian (2025). Antonia aparece en una foto del Smithsonian de abril de 2024, asomada por un tubo de su recinto. Ella sí iba a ser madre.

En junio de 2024, Antonia parió tres crías; el padre fue un macho llamado Urchin. Según el USFWS (noviembre de 2024), una murió poco después de nacer y las otras dos, un macho y una hembra, estaban sanas. Pasaron a llamarse Sibert y Red Cloud, de acuerdo con Revive & Restore y el Smithsonian.

Dos manos con guantes azules de nitrilo sostienen una cría de hurón de patas negras de pocas semanas, de pelaje crema claro, antifaz oscuro y patas oscuras
Una cría de pocas semanas, sostenida con guantes; ya se le dibuja el antifaz oscuro. En una especie con tan pocos antepasados, cada camada cuenta.

En 2025 murieron Elizabeth Ann y Noreen. Ese mismo año, según el Smithsonian, Sibert y Red Cloud tuvieron sus propias camadas.

Ahora haz la cuenta. Antonia no es hija de Willa: es una copia genética de ella. Por eso Sibert y Red Cloud son, en términos genéticos, hijos de Willa, y las crías que tuvieron en 2025, sus nietos. Así, 37 años después de morir sin descendencia, Willa tenía nietos.

La octava fundadora

Hoy Willa es la octava fundadora de su especie, según Revive & Restore, que lo explica en la página de su proyecto y en su artículo «Five Years Later». Fundadores son los animales de los que desciende una población: durante décadas, los hurones de patas negras tuvieron siete. A esos siete se sumó ella. Según la misma organización, 15 hurones reproductores llevan ya sus genes.

Willa murió en 1988 sin dejar crías, y su linaje pudo haber terminado con ella. Cuando quedan tan pocos, ninguno sobra, ni siquiera la que parecía no haber dejado nada.

¿Qué piensas: guardar células de animales en peligro para usarlas décadas después es una buena forma de ayudar a salvar una especie, o te genera dudas? Te leemos.


Foto de Antonia y sus crías: Roshan Patel/Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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