El 8 de septiembre de 2017, el ojo del huracán Irma, de categoría 5, pasó directamente sobre Pine Cay y Water Cay, dos islotes casi deshabitados de Turcas y Caicos. Cuatro días antes, el biólogo Colin Donihue y su equipo se habían ido de allí con las medidas de las lagartijas que vivían en ellos.
Nadie había planeado esa coincidencia. Pero dejó en manos del equipo un retrato minucioso de una población, tomado días antes de un desastre natural: un «antes» que nadie habría podido programar. Lo que faltaba era el «después».
Lo que el equipo midió antes de Irma
Donihue y su equipo de la Universidad de Harvard habían medido a las lagartijas anolis de los dos islotes, de la especie Anolis scriptus. Según el resumen de su artículo en la revista Nature (2018), registraron el tamaño del cuerpo, el largo relativo de las patas y el tamaño de las almohadillas de los dedos, unas almohadillas adhesivas con las que estas lagartijas se sujetan a las ramas.
Con esas medidas podían responder una pregunta que nadie había resuelto con datos: si un huracán elige qué lagartijas sobreviven. Según el mismo resumen, la selección natural provocada por un huracán no se había demostrado antes.

Dos huracanes en dos semanas
Irma no fue el único golpe. Dos semanas después, el 22 de septiembre, llegó el huracán María, como relata el propio Donihue en un artículo para The Conversation. En su página, el investigador reunió fotos de campo de las lagartijas de Pine Cay y una imagen satelital de la NOAA con Irma sobre Turcas y Caicos.
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Seis semanas después de la primera visita, y tras los dos huracanes, el equipo volvió a los islotes para medir a las lagartijas que quedaban. La comparación, descrita por Donihue y por la revista Smithsonian, mostró que las sobrevivientes tenían, en promedio, almohadillas más grandes y patas delanteras (los brazos) más largas que las lagartijas medidas antes de Irma.
El equipo publicó después esas medidas de antes y después en una base de datos abierta en Dryad (2019).

Unos muslos que atrapaban el viento
Pero una de las medidas iba en sentido contrario: las patas traseras de las sobrevivientes eran, en promedio, más cortas.
El equipo entendió por qué al observar a las lagartijas aferradas a una rama bajo viento fuerte, en una prueba de la que todas salieron ilesas, según el relato de Donihue y de la revista Smithsonian. Frente al viento, las anolis pegaban los brazos al cuerpo. Los muslos, en cambio, quedaban abiertos y atrapaban el aire como una vela, hasta despegar de la rama la parte de atrás del cuerpo.
Ahí estaba la clave. Unas patas traseras más cortas atrapan menos viento y dejan las cuatro patas sujetas a la rama. En plena tormenta, esa diferencia podía separar a las lagartijas que resistían en su rama de las que el viento arrancaba.
La generación que nació después
Aun así, quedaba una pregunta. Para que un cambio así perdure, tiene que pasar a la siguiente generación. ¿Las crías de las sobrevivientes tendrían también almohadillas grandes? En The Conversation, Donihue contaba que el equipo esperaba volver para comprobarlo.
Más de un año después, volvieron y encontraron que la nueva generación también tenía almohadillas más grandes, como las sobrevivientes. En un comentario publicado en PNAS en 2020, los investigadores R. B. Huey y P. R. Grant lo valoraron así: pese a la falta de datos genéticos, es una fuerte evidencia de un cambio evolutivo abrupto causado por la selección. El resumen del estudio de Donihue y colegas en PNAS (2020) habla de un efecto transgeneracional.

188 especies y 70 años de huracanes
Pero lo más asombroso apareció lejos de Turcas y Caicos. En ese mismo estudio de PNAS, el equipo comparó 188 especies de anolis de todo el trópico americano con 70 años de registros de huracanes. Donde habían pasado más huracanes, las almohadillas tendían a ser más grandes.
Es una correlación, no un experimento como el de los islotes. Pero apunta en la misma dirección, y Huey y Grant lo condensaron en el título de su comentario: «el fantasma de los huracanes pasados».
Solemos imaginar la evolución como un proceso lento, que ocurre donde nadie mira. Esta vez alguien miraba, por pura casualidad de fechas. Y descubrió que un huracán no solo derriba árboles: también deja su marca en los dedos de las lagartijas que nacen después.
¿Habías imaginado que la evolución podía verse en solo seis semanas? ¿Qué otro animal crees que las tormentas y los extremos del clima podrían estar moldeando sin que nos demos cuenta?
Foto del macho de Anolis scriptus: Rian Castillo / Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Donihue, C. M., Herrel, A., Fabre, A.-C., Kamath, A., Geneva, A. J., Schoener, T. W., Kolbe, J. J. y Losos, J. B. (2018). Hurricane-induced selection on the morphology of an island lizard. Nature 560: 88–91. doi:10.1038/s41586-018-0352-3 (resumen oficial en el repositorio de la Universidad de Rhode Island). https://digitalcommons.uri.edu/bio_facpubs/411/
- Donihue, C. M. (2018). Natural selection in action: Hurricanes Irma and Maria affected island lizards. The Conversation. https://theconversation.com/natural-selection-in-action-hurricanes-irma-and-maria-affected-island-lizards-100371
- Smithsonian Magazine (2018). Lizards With Bigger Toes and Smaller Hind Legs Survive Hurricanes. Smithsonian Magazine. https://www.smithsonianmag.com/science-nature/lizards-with-bigger-toes-smaller-hind-legs-survive-hurricanes-180969749/
- Huey, R. B. y Grant, P. R. (2020). Lizards, toepads, and the ghost of hurricanes past. PNAS (comentario). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7260964/
- Donihue, C. M. et al. (2020). Hurricane effects on Neotropical lizards span geographic and phylogenetic scales. PNAS. doi:10.1073/pnas.2000801117 (resumen en el repositorio público de la NSF). https://par.nsf.gov/biblio/10201968-hurricane-effects-neotropical-lizards-span-geographic-phylogenetic-scales
- Donihue, C. M. et al. (2019). Data from: Hurricane-induced selection on the morphology of an island lizard. Dryad. https://datadryad.org/dataset/doi:10.5061/dryad.2t41r64

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